‘Football Leaks’. ¿Cómo eluden impuestos los futbolistas?

El sueldo de los jugadores en su contrato está compuesto de dos conceptos. Por un lado, una ficha federativa, que suele suponer el 85% del salario del jugador. Por otro, una cesión de parte de los derechos de imagen del futbolista a favor del club, que no puede representar más del 15% de su retribución. Es necesario diferenciarlo de lo que pagan los anunciantes al futbolista, que es una relación particular de éste. Los jugadores, a su vez, ceden parte de sus derechos de imagen a una sociedad que los gestiona. Hacienda suele poner algunos límites: lo normal es que obligue a tener una sede social y trabajadores para maximizar la imagen del futbolista.

La ficha federativa se tributa por el IRPF, según la comunidad autónoma donde tenga establecida su residencia. El tipo marginal máximo estatal (para el que tiene ingresos por encima de un millón de euros anual) era hasta el año pasado del 52% pero varía en alguna otra autonomía. Por ejemplo, en la Comunidad Valenciana es del 54% y en Extremadura del 55%, mientras que asciende al 56% en Cataluña, Asturias y Andalucía, las comunidades con el IRPF más alto. Ahora, tras la reforma fiscal del Gobierno en 2015, el tipo estatal máximo es del 45%.

Por su parte, los derechos de imagen tributan en el Impuesto de Sociedades, cuyo tipo general en la actualidad es del 30% si supera los diez millones de euros en ingresos. Si la facturación es menor a esa cifra, el tipo es del 25%.

En el caso de los futbolistas extranjeros, si llega a España en un momento en el que va a permanecer menos de la mitad del año fiscal (menos de 183 días), el futbolista tributa por el impuesto personal del país donde haya residido más de la mitad del año. Es ahí donde va a estar su residencial fiscal. A partir de la siguiente temporada, si continúa en España, su residencia fiscal debe ser ya trasladada a la autonomía donde desarrolla su actividad.

Desde 2015, el Gobierno estableció que los deportistas profesionales no podrán seguir beneficiándose de la ‘Ley Beckham’, por la que los futbolistas extranjeros recién fichados podían tributar su sueldo a la mitad, al 24%. Aunque esta ley no entró en vigor por los futbolistas -pues se trataba de atraer talento de todos los sectores-, fue el mundo del balón el que más se benefició, lo que hizo que el Ejecutivo de Mariano Rajoy sacara a los deportistas de esta norma en su reforma fiscal del año pasado y eliminó el tope salarial de 600.000 euros para el resto de impatriados.

El club aplica las retenciones como cualquier otra empresa. Lo que ocurre es que tradicionalmente los jugadores negocian su sueldo en neto, teniendo en cuenta que la suma de las retenciones, el sueldo y otros aspectos va a constituir el bruto. Esto es lo que ha causado parte de la deuda de los clubes con Hacienda. Han ido aplazando el pago de las retenciones que han practicado pero no ingresado a los futbolistas

Otra de las implicaciones es que los equipos han instado modificaciones legislativas para poder fichar a deportistas. Una de las cuestiones que históricamente han planteado los deportistas es que haya una tributación más blanda dada su corta carrera profesional.

Resulta extraño que jugadores de alto nivel como Cristiano Ronaldo, Messi o Sergio  Ramos, que cuentan con un asesoramiento experto de grandes de firmas del estilo de KPMG, Ernst&Young o Cuatrecasas, cometan fallos en sus declaraciones.

La Agencia Tributaria considera que el importe X que las sociedades pagan a los futbolistas por la gestión de sus derechos de imagen no se ajusta al precio de mercado, aunque sea difícil valorarlo en este caso. La imagen de un futbolista es única. De esa manera, estarían pagando menos IRPF del que deberían, mientras que la mayor parte de los beneficios de la explotación de los derechos se queda en la sociedad, que tributa mucho más bajo (30%).

Se considera delito fiscal cuando la cuota defraudada está por encima de los 120.000 euros al año, además de que haya ánimo de defraudar. Puede que el volumen defraudado supere esa cantidad, pero no es posible demostrar que haya una clara voluntad de saltarse las reglas fiscales. Significa, en este caso, que las declaraciones del Impuesto de Sociedades son veraces, correctas y coinciden con la contabilidad. Lo que hay es diferencias de interpretación entre los futbolistas y Hacienda. En la mayor parte de las ocasiones, suele llegarse a un acuerdo entre ambas partes para hacer un ajuste en esas cifras y que el futbolista pague más en el IRPF.

Actualmente, los futbolistas tributan a un tipo del 47% por los rendimientos del trabajo derivados de sus contratos. No obstante, el Ministerio de Hacienda establece que siempre y cuando el 85% de sus ingresos proceda de su contrato -y no de los derechos de imagen-, pueden tributar el 15% restante por el Impuesto de Sociedades a un tipo del 28%.

Es decir, si un futbolista ingresa 10 millones y 8,5 proceden de su contrato de trabajo, los 1,5 millones restantes pueden tributar a un 28%. Los 8,5 que le paga su club deben pagar un 47%, casi la mitad. Por ello, muchos intentan pasar por rentas empresariales lo que son rentas del trabajo, pues de pagar un 47% a un 28% hay una diferencia considerable.

Esta salvedad se introdujo en 1996 para evitar, precisamente, la evasión fiscal, pues muchos futbolistas hacían pasar la mayor parte de sus ingresos como derechos de imagen para evitarse ese 47%. No obstante, parece que el remedio se vuelve en contra de Hacienda 20 años después, pues ese incentivo está sirviendo a algunos para pagar menos de lo que les corresponde.

El año pasado, los futbolistas vieron además cómo su Impuesto sobre la Renta descendió del 52% al 47% con la reforma fiscal de 2015. Este es el tipo marginal máximo para los que ganan más de 300.000 euros al año -la mayor parte de estas figuras-. Así, los futbolistas ven cómo casi la mitad de su sueldo va a parar a manos de Hacienda cada mes. Pero esto no es exclusivo de ellos, pues toda persona que esté por encima del umbral de los 300.000 euros paga lo mismo.

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