«Mónica presidenta»

Por primera vez en tres años, los españoles no gozaremos en 2017, salvo sorpresa mayúscula, de la saludable posibilidad de votar a nuestros representantes. La fiesta de la Democracia da un respiro este ejercicio a los partidos políticos, que afrontan la tarea de reorganizarse, renovar o apuntalar liderazgos y diseñar nuevas propuestas para ofrecer a los ciudadanos. Todo ello, con vistas a los siguientes comicios. Así es el ciclo democrático.

Parafraseando a Mónica Oltra, el pacto en la Generalitat entre PSPV, Compromís y Podemos está «a prueba de cualquier bomba». Yo añado que para los dos próximos años. A los tres les interesa. El arranque de 2019 ya será otra historia. Ahí empezarán a competir. El argumento resulta igualmente válido para los acuerdos de gobierno en las Diputaciones y los principales ayuntamientos.

La pelota está en el tejado del PP y, en menor medida, Ciudadanos. En 2019 se dirimirá entre un Gobierno continuistas de izquierdas o un cambio por otro Ejecutivo de centro derecha. Isabel Bonig está llamada a encabezar la vía del cambio frente a Mónica Oltra. Entre ambas líderes va a estar la pugna en la segunda mitad de la legislatura. Aislado de la crisis de Podemos, Compromís se frota la manos ante la debacle socialista y, si logra un solo voto más que el PSPV y resulta factible reeditar el «Acuerdo del Botánico», Oltra comparecerá la noche del 26 de mayo de 2019 ante la pancarta de «Mónica presidenta» y Ximo Puig prepará las maletas rumbo al Senado.

En ese largo camino hacia las urnas, la ciudad de Valencia jugará un papel clave y los partidos ya van tomando posiciones. Joan Ribó quiere un mandato de ocho años y no halla de momento un «delfín» del agrado de Oltra. En las filas del PSPV-PSOE Sandra Gómez apunta alto. En Ciudadanos nadie podrá evitar que Fernando Giner lo intente de nuevo. Se lo está ganando a pulso.

Mientras, Podemos, ni está en la Casa Grande ni se le espera, y el PP debe tomar una decisión trascendental en 2017. La gestora debe dar paso a una dirección fuerte con un candidato solvente al que empiecen a conocer los valencianos. De lo contrario, el regreso al Palau de la Generalitat le resultará imposible.

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