Pelé (**): Olor a cartón quemado

No se hacen buenas películas de fútbol. Es algo ancestral. Ni siquiera la celebrada «Evasión o victoria», la que más se acercó porque tenía futbolistas de verdad sobre el campo, era realmente creíble (Stallone casi se carga la película él solito). Traer a colación ahora la vida de Pelé no tenía excesivo sentido, y es algo que se nota a lo largo de todo el metraje.

Resumirlo todo a que la disyuntiva que separaba el triunfo del fracaso era simplemente ser un individualista o un jugador de equipo es simplificar el problema de forma casi grotesca. Si a algo se pueden agarrar los Zimbalist es a los primeros años del jugador, las dudas, la presión, la tentación de dejarlo. El drama que supone para un chaval dejar la casa e irse solo en busca de la gloria. A partir de ahí, el camino triunfal y demás laureles huelen a cartón quemado.

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