¿Qué leían los piratas? Trozos de papel recuperados del cañón de Barbanegra lo revelan

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Los piratas de los viejos tiempos son típicamente representados como matones estúpidos que solo tenían interés en robar de los barcos que capturaban y obligar a personas a caminar por el tablón. No obstante, un reciente descubrimiento de papel con texto legible encontrado en el cañón del buque insignia del pirata Barbanegra muestra un lado diferente de estos marineros incomprendidos.

Los investigadores encontraron 16 fragmentos pequeños de papel en una masa de residuos mojados dentro de una cámara de retrocarga de un cañón (foto)

Los investigadores encontraron 16 fragmentos pequeños de papel en una masa de residuos mojados dentro de una cámara de retrocarga de un cañón (foto)

Un proyecto liderado por conservacionistas del Departamento de Recursos Naturales y Recursos Culturales de Carolina del Norte demuestra que a Barbanegra y su tripulación les encantaba leer «narrativas de viaje», una forma de literatura popular a finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII que describía historias reales de expediciones marítimas. En concreto, Barbanegra tenía una copia de A Voyage to the South Sea, and Round the World, Perform’d in the Years 1708, 1709, 1710 and 1711, de Edward Cooke, que hablaba de la participación de los oficiales navales británicos en una expedición global en los barcos Duke y Dutchess.

Los conservacionistas encontraron los restos del libro mientras analizaban artefactos que se habían sacado del buque insignia de Barbanegra, el Venganza de la Reina Ana, que se hundió cerca de la Cala Beaufort en Carolina del Norte en 1718. Barbanegra le robó el barco a los franceses en 1717 cuando se utilizaba para transportar esclavos. Los franceses, por otro lado, le habían robado el barco mercantil de los británicos en 1711 (fecha en la cual se llamaba el Concord). El pirata le dio un nuevo nombre, añadió 40 armas y lo convirtió en su buque insignia. Las ruinas del barco fueron redescubiertas en 1996, y la mayoría de los 27 cañones conocidos del barco han sido recuperados.

Barbanegra.

Se reportó en la ‘Historia General de los Piratas’ que Barbanegra ordenaba que le pusieran hachís y cerillas encendidas en su enorme barba negra durante las batallas. Así se «parecía al diablo» con su cara temible y la nube de humo alrededor de su cabeza. No obstante, la imagen que mostraba a sus víctimas era todo lo contrario a su reputación. El pirata era inteligente, calculador y sorprendentemente misericordioso.

Los investigadores encontraron 16 fragmentos pequeños de papel en una masa de residuos mojados dentro de una cámara de retrocarga de un cañón (cómo llegó ahí es un misterio). El trozo más grande era el tamaño de una moneda. Sin embargo, es excepcionalmente raro encontrar papel en las ruinas de un barco sumergido, particularmente uno que tiene 300 años. El papel suele deteriorarse rápidamente en el agua.

El grupo de investigadores colaboró con conservacionistas y científicos de la división de Registros y Archivos del departamento, junto con el programa de Conservación del Arte de la Universidad de Delaware y el Museo Wintethur, para preservar y estudiar los fragmentos. Mientras progresó el trabajo, resultó evidente que algunos de los trozos de papel todavía tenían rastros de texto legible. Después de meses de investigación, investigadores conectaron los trozos de papel a la primera edición del libro de Cooke, publicado en 1712.

Lo que llevó a los investigadores a concluir que se trataba del libro de Edward Cooke es la mención en el texto del sitio «Hilo», en Perú.

Como se ha señalado anteriormente, las narrativas de viajes fueron un género popular en aquel entonces. A menudo inspiraban viajes reales y ficciosos. El libro de Cooke describe el rescate de Alexander Selkirk, un náufrago que vivió en una isla durante cuatro años. La historia inspiró la novela Robinson Crusoe de Daniel Defoe en 1719.

El descubrimiento proporciona evidencia de los tipos de libros que se llevaban en todos los barcos (hasta los barcos de piratas) a principios del siglo XVIII. También nos dice un poco más sobre Barbanegra y su tripulación. El hallazgo se considera la primera evidencia arqueológica de la presencia de un libro específico a bordo del Venganza de la Reina Ana. Por supuesto, no sabemos si Barbanegra, cuyo nombre real era Edward Teach, en realidad leyó el libro.

Fuente: Live Science. Edición: George Dvorsky.