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¿Qué país es más seguro si se inicia una guerra nuclear mañana mismo?

Una guerra nuclear entre Rusia y Estados Unidos desencadenaría una hambruna que acabaría con casi dos tercios de la población mundial. Esa es la conclusión a la que ha llegado un nuevo estudio que, además, nombra algunos países donde las oportunidades de sobrevivir al apocalipsis son más altas.

El mapeo de escenarios y el cálculo de la devastación de un invierno nuclear no son nada nuevo, ya que se remontan a una época en la que la Guerra Fría era noticia de todos los días. Décadas después, sabemos mucho más sobre los efectos más sublimes de las partículas en la atmósfera en nuestra agricultura. Y las cifras siguen siendo tan sombrías como siempre.

Utilizando los datos más recientes sobre el rendimiento de los cultivos y los recursos pesqueros, un grupo de científicos de todo el mundo ha propuesto seis escenarios que se aproximan a lo que podríamos esperar de los suministros de alimentos después de un conflicto nuclear en rápida escalada entre estados en guerra.

Dejando a un lado las bajas inmediatas en los ataques, que podrían ser de cientos de millones, la tasa de mortalidad de una crisis de escasez de calorías por sí sola podría acabar con la mayor parte de la población mundial.

Los investigadores utilizaron el Modelo del Sistema Terrestre Comunitario del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica para predecir cómo podrían cambiar los patrones climáticos con la adición de hollín y polvo producido por las explosiones nucleares. Luego, esto se usó para informar las estimaciones sobre cómo reaccionarían los rendimientos de los cultivos y las reservas marinas a los cambios en la temperatura de la superficie, la luz directa y difusa y la precipitación.

El modelo arroja nueva luz sobre lo que sucedería en seis escenarios de guerra: cinco conflictos más pequeños entre India y Pakistán y una gran guerra entre Estados Unidos y Rusia.

Los resultados son escalofriantes. Si hablamos de un bombardeo nuclear relativamente menor que involucre alrededor de 100 detonaciones, como uno que podríamos anticipar si las tensiones entre India y Pakistán estallan, se arrojarían a la atmósfera 5 millones de toneladas métricas de partículas. A modo de comparación, los incendios forestales catastróficos en California en 2017 y los de Australia a fines de 2019 emitieron hasta 1 millón de toneladas métricas cada uno.

Las consecuencias significarían que la mayoría de nosotros tendría acceso a un 8 por ciento menos de calorías, con hasta 255 millones de personas sucumbiendo a la hambruna en los años siguientes. Irónicamente, los ajustes en la forma en que nos alimentamos podrían incluso llevar a algunas comunidades a acumular más en sus platos, aumentando su consumo hasta en un 5 por ciento.

A medida que aumenta el hollín en el aire con un mayor número de bombas nucleares, será cada vez más difícil encontrar formas de dosificar los recursos alimentarios, incluso para aquellos que deseen aprovechar el caos.

Por otra parte, en el peor de los casos, que implica una guerra total entre Estados Unidos y Rusia, agregaría 150 millones de toneladas métricas de arena y polvo a la atmósfera de nuestro planeta, privando al mundo de las tres cuartas partes de sus calorías.

Mezclar las existencias de alimentos para animales en suministros de emergencia y comer lo que ahora desperdiciamos solo nos ayudaría hasta cierto punto: sería una hambruna lenta para 5 mil millones de personas en todo el mundo mientras luchan por obtener suficiente comida para sobrevivir durante los próximos dos años.

El fácil acceso a un suministro de alimentos dependería del lugar donde vive la población. En un escenario donde 250 explosiones nucleares arrojan 27 millones de toneladas métricas de material al aire, las latitudes altas en el hemisferio norte verían una caída de más del 50 por ciento en las calorías cosechadas y alrededor del 20 al 30 por ciento de disminución en las reservas de pesca.

Para las naciones más cercanas al ecuador, la reducción promedio de calorías sería inferior al 10 por ciento.

Los países más seguros ante la guerra nuclear

Si bien ante un conflicto nuclear no puede decirse que un país en especial será cien por ciento «seguro», el presente estudio propone algunos donde seguramente tendrías más posibilidades de sobrevivir —y posteriormente tratar de reiniciar la civilización humana—.

Por ejemplo, sin un comercio internacional que complemente su dieta, la población de Australia aún podría obtener al menos la mitad de sus calorías del trigo de primavera. Las simulaciones realizadas por los investigadores encontraron que este cultivo experimentaría una caída mínima en el rendimiento, o tal vez incluso una ligera ganancia.

Si bien los australianos aún tendrían que apretarse el cinturón, se podría evitar el mismo nivel de bajas. Asimismo, el suministro de alimentos de Nueva Zelanda podría enfrentar un impacto menor que el de las naciones que dependen de cultivos como el arroz.

Si bien el estudio avanza predicciones pasadas con datos más precisos, todavía hay muchas incógnitas en lo que respecta a las formas en que la humanidad lucharía después de una guerra nuclear. Crédito: Hasan Almasi.

Estudios anteriores, también habían puesto a Australia y Nueva Zelanda entre los primeros puestos de lugares más seguros para sobrevivir a un conflicto nuclear.

Australia por ser una nación insular vasta y mayormente vacía con pocos centros de población importantes. Sería muy difícil para un enemigo apuntar a toda Australia en un ataque nuclear, e incluso si lo hiciera, la escasa población significa que habría relativamente pocas bajas.

Nueva Zelanda, por su lado, está gran distancia de los principales objetivos nucleares, tiene una pequeña población y no tiene una infraestructura militar que signifique una amenaza para alguien.

Sin embargo, como señalan los investigadores, la agitación sociopolítica que inevitablemente seguiría convierte las predicciones relativamente sencillas sobre la economía alimentaria en un caos.

«Si este escenario realmente tuviera lugar, Australia y Nueva Zelanda probablemente verían una afluencia de refugiados de Asia y otros países que experimentan inseguridad alimentaria», señalan los autores de la nueva investigación publicada en Nature Food.

Fuente: DM/SciAl. Edición: MP.

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