Ryan Babel, visto y no visto

La grada le pidió que se quedase en un coro popular como pocas veces se ha escuchado en Riazor. Se lo imploró incluso cantando en una rueda de prensa Emre Çolak, que a su lado ha pilotado la reacción futbolística del Deportivo en las últimas semanas. Técnicos y compañeros intentaron hasta el final que Ryan Babel prolongase su relación con el club coruñés. No hubo manera: esta misma semana le fotografiaron en un palco del estadio del Besiktas, su nuevo destino. Incluso ya ha entrenado en el gimnasio del equipo turco, y lo ha pregonado en redes sociales, para desagrado del Deportivo, con el que tiene firmado contrato hasta el día 31 de este mes.

Ni Babel ni su representante atendieron a los requerimientos de los responsables del club gallego para sentarse a negociar su continuidad. Ya se le busca sustituto y el primero en la lista, el más deseado pero no por ello más factible, es Gerard Deulofeu, casi inédito en el Everton. Mucho más joven que Babel, su perfil es algo similar al del holandés tanto por su ubicación en el campo como futbolista de banda, con posibilidad de adaptarse a la punta del ataque, como por mantener una errática trayectoria tras prometer una temprana eclosión. De vuelta a Goodison Park hace año y medio tras una improductiva cesión en el Sevilla, el Barcelona podría recuperarlo si paga en junio 9 millones de euros. No parece probable que vaya a apostar por un jugador que a día de hoy apenas tiene minutos en la Premier League, donde solo ha jugado un partido completo en lo que va de campaña y ha estado entre el banquillo y la grada en los tres últimos. El Deportivo buscaría para incorporarlo una fórmula similar a la empleada con Joselu y el Stoke City, una cesión y el visto bueno del jugador para rebajar sus emolumentos y apostar por un destino que relance su carrera.

Eso es justo lo que ocurrió con Ryan Babel. “No era un futbolista fiable cuando llegó, pero se hizo una apuesta arriesgada y el club acertó de pleno”, detalla el entrenador deportivista Gaizka Garitano. Fue el 14 de septiembre cuando el Deportivo sorprendió al anunciar la incorporación de un futbolista, subcampeón del mundo con Holanda en 2010, con más currículum que presente. Se acababa de lesionar Joselu, que había llegado para paliar el traspaso de Lucas Pérez al Arsenal, y restaba la bala de acudir al mercado de desempleados para reforzar una precaria delantera. Richard Barral, director deportivo del club, estuvo vivo. Babel había rescindido unos días antes su contrato con el Al Ain tras apenas seis meses y ocho partidos en los Emiratos Árabes. Su carrera había caído en picado tras un inicio fulgurante. Con 17 años debutó en el Ajax y sin haber completado su formación se fue al Liverpool, que pagó veinte millones de euros por su ficha. Allí en cuatro temporadas jugó 146 partidos, pero solo completó 25. Se fue al Hoffenheim alemán y acabó pagando tres millones de euros para comprar su libertad y regresar al Ajax. Quería revalorizarse y apenas jugó 16 partidos. Aceptó entonces una oferta del Kasimpasa turco antes de acabar en el destino emiratí, una suerte de jaula de oro que le convirtió a ojos vista de los clubs europeos en un futbolista en el ocaso.

Ryan Babel, durante el partido que enfrentó al Deportivo contra el Real Madrid.

Pero Babel llegó a A Coruña con 29 años y un deseo. “Quiero trabajar duro”. Necesitaba algo más que voluntad. “Vino lejos de un estado para jugar en la Primera División española, pero puso mucho de su parte”, recuerda Garitano. Le sobraba algún kilo, pero las urgencias del equipo y su talento le pusieron casi de inmediato sobre el césped. Decidió en la última jugada el partido contra el Sporting con un magnífico chut desde la frontal. En los once partidos restantes que disputó, seis de ellos como titular, dejó cuatro goles más. Caló en el vestuario, donde era frecuente verle aconsejando a los más jóvenes en una suerte de tutelaje nacido de una mala experiencia. “Llegué a la Premier con 20 años y nadie me ayudó”, confesó en una entrevista concedida a As al poco de llegar al Deportivo. Sobre el campo acostumbró a partir volcado a la izquierda, pero con amplio radio de acción. La estela que deja en la Liga es la de los futbolistas sabios, la de quienes dominan espacios y tiempos.

“Le hemos ayudado a ponerse a punto y es una pena que se marche”, lamenta Garitano. Pero la sensación que queda en el Deportivo es la de que su representante ya tenía cerrado un acuerdo con el Besiktas cuando los turcos contaban con disputar los octavos de final de la Liga de Campeones. Fiel al vínculo no dejó de dar largas sobre la posibilidad de ampliar el contrato hasta el último partido, tampoco dejó de ofrecer un rendimiento superlativo. “Nos fastidia no habernos podido sentar ni a hablar”, deslizan desde la entidad coruñesa. No hubieran llegado al nivel económico de la oferta turca ni competir con la fiscalidad del país otomano, pero podían poner millones de afectos sobre la mesa de negociación. El futbolista ha firmado con el Besiktas por dos años y medio y antes de marcharse alegó “razones familiares” para cambiar A Coruña por Estambul. “Tomo mis decisiones y estoy satisfecho con ellas”, dijo mientras se discutía sobre su futuro en la ciudad gallega. Un año antes había dicho lo contrario en una entrevista publicada en el diario británico The Independent. Está por ver si ahora ha acertado.

Loading...