Una mujer malvive en un garaje de Mataró al estar ‘okupada’ su propiedad

Las últimas posesiones. Emilia, con todas sus pertenencias, en el local que se ha convertido en su casa (Pedro Catena) Comparte en Facebook
Las últimas posesiones. Emilia, con todas sus pertenencias, en el local que se ha convertido en su casa (Pedro Catena)
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Del garaje angosto y oscuro, apenas iluminado por dos fluorescentes, de entre muebles y cajas llenas de recuerdos de familia, surge la frágil figura de Emilia Dávila, una mujer menuda, de 63 años, viuda de Miquel Nonell, uno de los mataroneses que forjaron un imperio textil pero al que la crisis abocó a la ruina. Malvive en un trastero, angustiada, pendiente de un inminente desahucio. Emilia tiene propiedades que la sacarían del atolladero, un edificio fabril en el centro de la ciudad que no puede tocar porque se han instalado en él los okupas del ateneo popular La Trama.

Emilia tiene compradores para su finca, pero carece de fondos para el proceso de desalojo de los okupas. “Los abogados nos piden más de 6.000 euros”, asegura. Tras años de pleitos, la familia tuvo que devolver el millón y medio de euros de “paga y señal” a una constructora que quería construir pisos en la fábrica, “pero con la crisis del 2008 no se atrevieron” recuerda. Sumida en la quiebra, la familia Nonell decidió volver a poner a la venta su última propiedad, el recinto de 3.000 m2en el paseo Cabanelles de Mataró, “pero antes de darnos cuenta ya habían entrado okupas, que forzaron una ventana”.

La familia Nonell ya no tiene nada. Se han tenido que desprender de las viviendas y de sus propiedades. Los hijos viven “de prestado” en casas de amigos en espera de que se pueda desencallar la compraventa de la finca. “Pero cada vez estamos más hundidos”, solloza Emilia. “En los servicios sociales dicen que no nos pueden atender porque tenemos propiedades”, asegura la mujer, y por ello malvive de la caridad de una oenegé. Sus hijos, Susanna, Miquel y Christian, intentan ayudarla, “pero también lo hemos perdido todo”, confiesan. Además, muestran que tienen todas sus cuentas embargadas “porque no pagamos el IBI de la finca ocupada”, unos 7.500 euros al año.

Emilia malvive en el trastero, entre recuerdos que la consumen, en una angustiosa penumbra, paredes húmedas y techos desvencijados. “Podríamos estar viviendo mejor”, se lamenta, ya que el fruto de su trabajo le había garantizado réditos en los esplendorosos años sesenta, cuando Mataró era una potencia textil. “Apenas gastábamos, sólo trabajar, trabajar”, recuerda de su marido Miquel, que llegó a tener hasta cinco fábricas y más de 200 empleados.

“Han destrozado mi familia”, clama la viuda Nonell. Pide una justicia que ahora “protege a los que asaltan mi propiedad y arruinan mi vida”. En Mataró las familias de toda la vida se conocen y los Nonell explican que “los okupas son hijos de antiguos compañeros de escuela”, personas adineradas, “médicos, abogados y gente de bien, con hijos okupas que conducen coches de 30.000 euros pero que nos tienen en la miseria”.

Del Ayuntamiento aseguran “haber recibido buenas palabras”. La situación, para el concejal del PP, José Manuel López, que ha denunciado los hechos públicamente, “es intolerable”. El edil muestra una carta con membrete oficial, firmada por la concejal de Vía Pública, en la que dice “que la policía no tiene constancia de la ocupación” cuando ha tenido que actuar en tumultos y desórdenes. La familia Nonell, advierte López, “no son especuladores ni capitalistas, son víctimas”, por lo que reclama una solución urgente.

 

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