5 razones por las que debes ver 'The Night Of'

Crítica TV

La serie creada por Steven Zaillian y Richard Price ha sido una de las grandes apuestas de HBO para esta temporada. Estos son cinco de los motivos que la convierten en un must (puede contener spoilers).

Gerard Alonso i Cassadó

Dos policías cachean a Naz Kahn (Riz Ahmed).
Dos policías cachean a Naz Kahn (Riz Ahmed).

POR EL AUGE DE LA FICCIÓN PROCESAL

Ya sea desde el terreno de la ficción (‘American Crime Story: The People v O.J. Simpson’) o del documental (‘Making a Murderer’, ‘The Jinx’…) es evidente que las series sobre crímenes y juicios viven un momento de esplendor en Estados Unidos. A diferencia de los ejemplos citados, ‘The Night Of‘ no se basa en ningún caso real, y sin embargo ilustra mejor que ninguna cómo se entiende la justicia en un país en el que la Estatua de la Libertad se ha vendado los ojos para no ser testigo de un disparatado sistema en el que importa menos ser inocente que parecerlo. El protagonista de ‘The Night Of‘, Naz Kahn (Riz Ahmed), es un ciudadano de origen pakistaní acusado de haber asesinado a una joven blanca. Todas las pruebas circunstanciales le señalan como el autor del crimen, por lo que demostrar su inocencia va a ser casi una misión imposible. Apellidarse Ahmed en Nueva York es un atenuante tan grave como dejar tus huellas dactilares en la empuñadura de un cuchillo ensangrentado.

PORQUE VATICINA LO QUE SERÁ LA USA DE TRUMP

Cárceles rebosantes de negros, latinos y árabes. Enfermiza islamofobia en cada esquina. El espíritu post 11-S de rencor y desconfianza hacia el forastero, más vivo que nunca. Y una justicia que no va a lamentar en exceso encerrar a un musulmán de por vida. Cuando, en el primer episodio de ‘The Night Of‘, Naz Kahn se cruza por la calle con un par de jóvenes negros, uno de ellos le suelta: “Mira, Mustafá se ha dejado hoy las bombas en casa”. No es la USA enmurallada de Trump, sino la que latía ayer en las calles de Nueva York. Su proceso judicial se convierte en un circo mediático que origina un juicio paralelo en los barrios de la gran ciudad, en el que xenófobos y neonazis decoran las paredes de edificios urbanos con su peculiar prosa del odio. El panorama es desolador porque la moral parece haber sido apuñalada en el país de las atrocidades de Guantánamo.

PORQUE NOS HACE DUDAR

Había un momento en ‘La Semilla del Diablo’ (Roman Polanski, 1968) en el que como espectadores llegábamos a dudar sobre la verdad de la protagonista interpretada por Mia Farrow. Todo el mundo la trataba como una loca paranoica y, pese a haberla acompañado durante todo el film, ya no sabíamos si pensar que la joven embarazada nos había estado tomando el pelo con su conspiración satánica. En los mejores guiones, incluso en las historias sobre falsos culpables, debe instaurarse siempre este estado de duda. ¿Y si, al final, Naz Kahn cometió el asesinato del que se le acusa? Que incluso su madre llegue a sospechar sobre su culpabilidad nos obliga a replantearnos constantemente el caso. De hecho, si fuésemos miembros del jurado que debe dictaminar sentencia, muchos negaríamos la inocencia del protagonista. ¿Qué ocurre en ‘The Night Of‘ al final?

POR EL DISEÑO DE PERSONAJES

En ‘The Night Of‘ nadie es completamente bueno ni completamente malo. Naz se ha metido en un lío él solito, al robar el taxi de su padre para ir a una fiesta universitaria, hacerse pasar por taxista para intimar con una joven, conducir borracho y drogado… pese a su cara de niño bueno, no es ningún santo (y lo será menos cuando vayamos conociendo cosas sobre su pasado). Su abogado, John Stone (John Torturro) no es más que un caradura vendedor de humo que merodea por cárceles y juzgados en busca de delincuentuchos de tres al cuarto a los que defender para ganarse unas perras. La policía, aunque tan proclive al error y a la injusticia, simplemente hace su trabajo. Que probablemente el personaje más puro de la función acabe siendo un peligroso boxeador afroamericano que jamás pisará la calle tras haber sido condenado a cadena perpetua por múltiples crímenes, dice mucho de cómo ‘The Night Of‘ construye personajes complejos y tridimensionales. Al final, adoptar a un gato condenado puede redimirte a ojos del espectador, mientras que un beso en mal momento y lugar te puede costar tu sitio en la serie.

POR JOHN TURTURRO

Muy ciegos deberían estar los miembros de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood si esta tarde se olvidan de John Turturro en sus nominaciones a los Globos de Oro. El actor firma uno de los mejores papeles de su carrera al dar vida al abogado John Stone, un pobre diablo ninguneado por sus colegas de profesión, un tipo que le debe a su agresiva patología dermatológica el ser el foco de todas las miradas de repulsión que se clavan en su nuca cuando sale a la calle. De hecho, su lucha contra el eccema corre de algún modo en paralelo a la batalla judicial que debe afrontar junto a Naz Kahn. Más comedido que de costumbre, pero igual de expresivo que siempre, Turturro es capaz de rompernos el alma sólo con su rostro en esa escena en que su cliente le notifica que ya no es su abogado defensor, y de reconstruírnosla entre lágrimas en ese maravilloso plano final que resume la delicadeza con la que ‘The Night Of‘ ha desplegado sus ocho memorables episodios. Piel, alma y un gato… no se necesita mucho más.

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