Inicio Chiiist! Alexander McQueen: un genio que siempre deseaba lo que no tenía, hasta...

Alexander McQueen: un genio que siempre deseaba lo que no tenía, hasta la propia muerte

Alexander McQueen, el Yves Saint Laurent de los 2000. Así llegaron a apodar a aquel joven británico que con su mentalidad transgresora (y como se podrá comprobar a continuación, perturbadora y perturbada) revolucionó el mundo de la moda con sus colecciones que poco tenían que ver con el glamour y sofisticación que otros diseñadores subían a sus pasarelas. Las modelos de McQueen se convertían -sin medias tintas- en mujeres violadas e incluso animales de la noche.

Pero pocos sabían que Alexander McQueen, cuyo nombre original era Lee Alexander McQueen y a quien sus seres más cercanos le llamaban Lee, era un joven cuyas ideas pertubadoras venían de una vida de complicaciones, malos tratos, inseguridades e incluso insatisfacción de vivir. Y esto se mantuvo a lo largo de su vida, ni siquiera fue a menos cuando se convirtió en todo un magnate de la moda y en un británico adinerado.

Así fue la vida de Alexander McQueen y el lado más oscuro del joven.

Testigo y víctima de maltrato

Lee vio como su vida se tornaba en oscura y turbia cuando era tan solo un niño. Con 8 años fue testigo de como su cuñado maltrataba a su hermana mayor. Estas escenas de pura violencia, como dice su propia madre en el documental sobre la vida y obra del diseñador, “le arrebató la inocencia”. Pero, sin saberlo, esto no sería lo más duro que viviría en su vida. Después de ver a su hermana ser víctima de violencia machista, pronto él mismo se convirtió en el receptor de insultos y golpes por parte del que luego sería padre de sus sobrinos. Muy a su pesar.

Una juventud sumergida en los ambientes más turbios de Londres

Desde que sufrió la violencia en sus propias carnes, Alexander McQueen ya no volvió a ser el mismo. Consiguió seguir siendo una persona -aparentemente- normal y feliz gracias a su entorno más cercano. Pronto llegó la falta de interés en los estudios y la búsqueda desesperada de empleo. Afortunadamente acabó dando sus primero pasos bajo la maestría de un sastre. Esto le llevó a viajar a Milán sin dinero y sin conocimiento de idioma local para adentrarse en el mundo de la moda.

Sorprendentemente, su inmersión en los ambientes más turbios sucedió cuando ya era un joven al uso estudiando moda en la academia de St. Martin en Londres. Fue allí cuando empezó a frecuentar locales de ambiente gay y las zonas más oscuras de la capital británica. Aquello, lejos de ser un peligro para él, eran un refugio donde todo era mucho más estrambótico que él y le permitía dejar a un lado todos aquellos ‘monstruos’ que tenía en la cabeza. Además esto era una fuente casi ilimitada de inspiración. De hecho estos ambientes sirvieron de fuente para la que sería su primera colección al mando de la casa francesa Givenchy, concretamente para la alta costura. Lo turbio de los suburbios de Londres impregnando prendas de ropa cuyo precio no bajaba de los 60.000 euros.

La fama, el dinero, las drogas y la conversión en el McQueen estrella

Si algo había enamorado a todo el mundo de McQueen no eran precisamente sus colecciones, sino su espíritu de superación y las ganas de trabajar y conseguirlo todo manteniendo siempre su esencia más incorrecta a la hora de trabajar. Aquel joven Lee había conseguido llegar a la dirección de una de las casa francesas más importantes del mundo como era Givenchy con la simple compañía del mismo grupo de amigos que le acompañaron en un piso de escasos metros cuadrados cuando lanzó su marca.

Alexander McQueen siempre reconoció sin pelos en la lengua que él trabajaba para hacer dinero. Amaba la moda, pero amaba más el dinero. Aceptó trabajar para la casa francesa no por cumplir un sueño, sino para enriquecerse él mismo y la su firma de ropa de homónima. Pero desde que el dinero empezó a ser más que suficiente para cumplir sus necesidades básicas de diseño, siempre quiso más. Aceptó contratos millonarios con importantes empresario del mundo de la moda sin importarle quien se quedaba por el camino. Aún que fuese su mejor amiga, Issie, quien consiguió hacerle un hueco en el complicado mundo de la moda.

Y con el dinero llegaron otros vicios como fue la droga. Esto no hizo más que acrecentar los monstruos que vivían dentro del propio diseñador y que solo salían a la luz a través de sus colecciones. Con las substancias prohibidas esos monstruos se manifestaban a través de su mente con diferentes voces. Así lo contaba quien bien lo conocía. ‘Paranoia will be detroyer‘ (‘La paranoia va a ser destructiva’) era un juego de palabras que usaba mucho. Pronto empezó a parecer un ser perdido durante las entrevistas que realizaba. Pero seguía diseñando igual o incluso mejor que antes, y eso era lo único que importante de cara a la galería.

Solo era capaz de amar la moda

Uno de los graves problema del británico era que se había construido un caparazón a su alrededor para protegerse de cosas tan horribles como las que había vivido en su infancia. En palabras de quienes fueron sus amantes a lo largo de su vida, este solo era capaz de amar la moda, su propia moda, aquello que sabía que tenía bajo control. Todo lo que no dependía totalmente de él ya no podía ser amado. Y este era el caso de los hombres. Durante una relación se volvía desconfiado. En cuanto ‘su amor’ no estaba a su lado, rápidamente creía que le estaba siendo infiel.

A esto se le sumaba una falta de empatía desmesurada. Alenxader McQueen solo quería que quien estuviese a su alrededor, lo estuviese al 100% y lo entendiese completamente. No era consciente que quien trabajaba con él codo con codo estaba trabajando y no estaba dispuesto -al igual que él- a dar su vida por la moda. Por eso quien decidía abandonar Alexander McQueen marca, lo abandonaba a él y se convertía automáticamente en un repudiado. Daba igual el lugar que ocupase en su vida.

Liposucción y la búsqueda de McQueen deseado (por otros)

Y con la fama y la sobre exposición en los medios, el británico quiso convertirse en su mejor versión. Por momentos deseaba volver a ser un completo desconocido y le daba miedo que la gente lo reconociesen por la calle. Pero consciente de que esto no podía ocurrir si quería seguir siendo un gran magnate de la moda, se permitió al licencia de convertirse lo que esta exigía a todo el mundo. Por este mismo motivo se sometió a una liposucción para perder todos aquellos quilos demás (o al menos que le sobraban según los cánones establecidos por el mundo de la moda) y tener esa figura que muchas veces había deseado él y, lo más importante, que tantos deseaban.

Esto no hizo más que denotar el demacre que tenía encima McQueen. Esta pérdida de peso por la cirugía se acrecentó con el consumo de drogas. Tez pálida, huesos marcados, presión desmesurada por tener que diseñar hasta 14 colección anuales para su marca y para Givenchy y posteriormente para Dior en ambas como Director Creativo. Aquel hombre era cada vez más Alexander McQueen personaje y mucho menos Lee, el joven que todo el mundo conocía.

La muerte

Pero sin duda lo que más marcó la vida de Alexander McQueen era la muerte. Tanto la suya como de aquellos que le rodeaban. Primero llegó a de su mentora y amiga, Issue. Aquella joven que no dudó en ponerse los primeros diseños del británico le acompañó casi hasta el momento en el que decidió suicidarse por sufrir un cáncer terminal. Pero Lee pronto supo que su vida estaba llegando a la cima y entonces era el momento de terminar con ella. Nunca dudó en compartirlo con quien tenía a su alrededor. De hecho se plateó quitarse la vida sobre la pasarela durante el que fue, a conciencia, su último desfile en octubre de 2009.

Finalmente no lo acabó haciendo por ‘amor al arte’, por amor a la moda. Pero pocos meses después, en febrero de 2010, sufrió el golpe que su vida -o al menos la débil mente de McQueen- era capaz de soportar. Su madre fallecía después de meses en estado grave. Esto dejó totalmente destrozado al diseñador. Solo tuvo fuerzas y ánimos para realizar el que sería su último diseño, el de la lápida de su madre. Capaz de despedirse de ella, fue entonces cuando Alexander McQueen decidió quitarse la vida ahorcándose el 11 de febrero de 2010. El día antes del funeral de su madre. Un trágico genio que solo encontró la paz y el descanso cuando se quitó la vida, momento en el que dejó un hueco enorme en el mundo de la moda.