Bárbara Lennie: “Las etiquetas son un coñazo, y yo… ¡no soy una tía seria!”

Bárbara Lennie (Madrid, 1984) lleva en esto de la interpretación desde adolescente. La descubrimos, resplandeciente, en ‘Más pena que Gloria’ (Víctor García León, 2001). Y no ha parado: sin prisa, pero sin pausa, rodó con Montxo Armendáriz (‘Obaba’), con Emilio Martínez-Lázaro (‘Las 13 Rosas’), con Isaki Lacuesta (‘Los condenados’, ‘Murieron por encima de sus posibilidades’), con Jonás Trueba (‘Todas las canciones hablan de mí’), con Almodóvar (‘La piel que habito’), con Lluís Miñarro (‘Stella Cadente’) o con Daniel Monzón (‘El Niño’), hasta que llegó ‘Magical Girl’ (Carlos Vermut, 2014), el trabajo que lo cambió todo. Con él, una lluvia de premios (el Goya, el Fotogramas de Plata…) y de ofertas. “Llevo currando desde los 15 años, y es verdad que todo ese boom me ha cambiado la realidad, pero también que me ha llegado en un momento en el que puedo asumirlo con naturalidad, de forma orgánica…”, explica. Pero había algo que la inquietaba, y que tenía que ver con las etiquetas que suelen repartirse con facilidad. “Soy una intensa, es lo que tengo”, cuenta con ironía y entre carcajadas, antes de reivindicarse: “Que te etiqueten es un coñazo, porque además… ¡yo no soy una seria!”.

Así las cosas, la actriz tuvo que pelear para conseguir que la debutante Nely Reguera confiara en ella para dar vida a la protagonista de ‘María (y los demás)’, film que llega a las pantallas y que le permite a Lennie dar rienda suelta a la payasa que lleva dentro. “Me ha encantado”, afirma. “Ha sido tan liberador, tan divertido… que me dieran la oportunidad de crear un personaje así… lo había hecho en teatro, pero nunca en cine”. Su María es una treintañera desubicada, de las que se imaginaban una vida en las antípodas de la que tiene, y a la que una decisión familiar (el padre viudo, al que ella cuidaba, anuncia su próxima boda) le da de bruces con la realidad.

¿Te costó convencer a Nely de que eras la María ideal?

Mucho. No me veía en absoluto en el papel. Me hizo dos pruebas muy largas, una entrevista… me parecía comprensible, ella había escrito una historia con otra actriz en la cabeza, o con otra imagen femenina, y yo la descoloqué, nunca me había visto en este registro. Creo que es lícito tener dudas en tu primera película… y en la décima. Todo bien. Fui yo la cabezota, me apetecía mucho hacer algo que nunca había hecho, por el registro y por sostener por primera vez todo el peso de una película. Reconozco que soy bastante temeraria y me dio igual que hubiera gente que dijera que estaba loca insistiendo tanto, pero me suelo dejar guiar mucho por mi instinto.

Y eso que, en el momento en que el proyecto tomó forma, con el boom de ‘Magical Girl’, eras la actriz del momento. Quizás la mili que llevabas en la mochila hizo que no te rindieras ni te dejaras llevar por el subidón de tu nuevo estatus.

¡Joder, mili militante! Puede ser, puede ser, la verdad es que en mis selecciones nunca me he movido por los tamaños de los personajes, o por la supuesta importancia de una película, o por estar en proyectos donde todo el mundo te aconseja que tienes que estar… siempre ha tenido mucho más que ver con un viaje íntimo, con ese lugar donde yo pensaba que podía crecer, aprender, trabajar con un cineasta o un reparto que me interesara. Es verdad que a veces no ha sido tan fácil: recibes presiones y te dicen que hay saltos que supuestamente tienes que dar. Pero no me ha ido tan mal.

Bajo el retrato femenino de ‘María (y los demás)’ hay una mirada generacional bastante universal, con la que mujeres pero también hombres podemos identificarnos. Todos somos María…

Me gusta el concepto, María somos todos. Yo también creo que los tíos se pueden identificar con ella… Ese era el reto, un poco el miedo que había: un personaje femenino, escrito por una directora… que se catalogara de cine hecho para mujeres, que es algo que ni siquiera sé qué significa, es la nada. Cuando leí el guión, me remitió a cosas muy cercanas, vividas por mí misma o por amigos. Una especie de desconcierto general y generacional, de gente que estamos un poco desubicados, que vamos retrasados. Parece que a los 30 deberíamos estar en otro lugar, haber madurado de otra manera, y, sin embargo, tenemos una vida más difusa y absurda de lo que habíamos imaginado. Se supone que ya no es obligatorio tener pareja o haber fundado una familia, y eso es cojonudo pero a la vez despista mucho.

Además de Nely Reguera, has trabajado para directores noveles como Jonás Trueba o un Carlos Vermut con quien rodaste su segunda película, que fue la que realmente le dio a conocer. ¿Es algo que resulta especialmente enriquecedor?

En realidad, por mucho que sean noveles, cuando un director tiene madera tú no notas que sea alguien inexperto. Lo que sientes es una avidez por el cine, un entusiasmo por sacar esa película adelante, que probablemente no ha sido fácil de levantar o que les conecta con algo personal que quieren y necesitan contar. Es gente que se maneja muy bien, con todas las torpezas que tiene el ser novato, pero con un punto de vista claro sobre la película… todos los casos que has puesto son directores obcecados, nada difusos. He trabajado con directores mucho más experimentados que tienen muchas menos herramientas que estos… Y a Nely le veo un futuro glorioso: tiene mirada y va a ir depurando y desarrollando su estilo, que ya está en la película.

Hablábamos del cambio que supuso ‘Magical Girl’. ¿Ha sido realmente tan grande?

Sí, diría que sí, no puedo negarlo. No tanto en mí, porque sigo pudiendo ir por la calle sin que me conozca nadie, pero ahora tengo muchas más ofertas de trabajo y gente que antes no me abría la puerta ahora lo hace. De repente te ponen en el mapa. Tú creías que como llevabas en esto desde los 15 años ya estabas ahí y te das cuenta de que no era tan real. A veces es necesario hacer un click, es ridículo y absurdo, pero la industria se mueve por esas cosas. Y ha ocurrido y lo agradezco muchísimo. De todos modos, no sé qué haré en los próximos meses, porque todo está en el aire y este sigue siendo un oficio frágil, y soy superconsciente de que esto fluctúa. Igual que estás, puedes dejar de estar. Y tampoco creo que siempre sea únicamente actriz: me apetece generar cosas, porque a veces es un poco desesperante esperar, que te llamen, que te den plazos, poner tu vida al servicio de los otros es cansado. En cuanto pueda, intentaré entrar en los proyectos desde otro lugar.

¿Desde qué lugar?

Dirigir, producir, escribir… me gustaría, sí. Como ambición me gustaría. No sé si cine… a priori, me parece más accesible una pieza teatral. He estado en Buenos Aires un mes y te das cuenta de que allí hay un porcentaje muy grande de gente que hace de todo. Es cuestión de dar el paso. No digo que lo vaya a hacer bien ni que necesite un gran presupuesto, sino que me apetece afrontar lo creativo desde otros sitios, no sólo desde la interpretación. Se trata de inquietudes y ya está, no va más allá de eso. El otro día leía una entrevista a Liv Ullmann, respondiendo a por qué empezó a dirigir, y decía que se había cansado de sí misma y de ser retratada por otros, y que le apetecía ser ella la que retratara a los demás. Y pensé que es verdad. A veces me interesa más lo que veo alrededor que lo que yo puedo dar.

Quizás antes de ‘Magical Girl’ no habías dado ese salto, pero siempre has tenido muy buena prensa, y quizás eso no era paralelo a las ofertas que recibías.

Sí, es cierto, y lo he vivido con mucho agradecimiento. Pero sí es verdad que puede resultar desesperante: vas haciendo tu camino, supuestamente las cosas van yendo bien, tus trabajos generan cierta curiosidad, los medios te sacan buenos artículos, y después en el cotidiano estás en tu casa esperando, con ganas de salir a la ventana y gritar: “¡Estoy aquí!” Pero no te queda otra que colocarlo, tomar aire, y seguir trabajando, militando… Y te juntas con tres, haces una obra de teatro, la ve un director… Yo creo mucho en que unos proyectos te llevan a los otros.

Y los que están por llegar no suenan nada mal.

No, no. Está siendo un año muy heterogéneo. He hecho una película comercial con una gran cadena de televisión detrás (se refiere al thriller ‘Contratiempo’, donde comparte protagonismo con Mario Casas, y que se estrenará el 5 de enero). Y estoy en ‘Oro’, de Agustín Díaz Yanes. Pero después he tenido la suerte de que Jaime Rosales me llamara para su próxima película. Y eso es un privilegio, que creo que tiene que ver con cómo uno vive esos ciclos, y cómo asume los trabajos. No me puedo quejar.

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