Brigitte Macron se abre camino

Si en un atardecer de su viaje a París usted cree ver a Brigitte Macron, a paso rápido, en animada conversación con dos treintañeros, en la rue du Faubourg Saint Honoré, tal vez acompañados por un labrador negro, es más que probable que sea ella.

“Casi todos los días, al caer la tarde, Brigitte Macron entreabre la puerta del despacho de sus colaboradores, Pierre-Olivier Costa y Tristan Bromet, pregunta: ‘¿Vamos?’. Y ahí van los tres, a veces con Némo, el perro que adoptaron los Macron”.

Lo cuenta Le Monde, que ocho meses después de la sorprendente llegada al Elíseo de la no menos curiosa pareja –hombre de 39 años, esposa de 64–, tituló en primera plana que la primera dama “labra su surco en el Elíseo”.

Con función de primera dama sin reconocimiento oficial pero sí con lo que los Macron llaman “una carta de transparencia”, una especie de contrato público, la esposa de quien se declara ni de derechas ni de izquierdas ha optado por no ser ni ama de casa (de palacio, en este caso), ni maniquí de alta costura francesa en recepciones oficiales, ni dama de beneficencia.

Sobre todo, ha decidido soslayar el aislamiento del Elíseo. De ahí sus paseos cotidianos, “para no desvincularse de la realidad”, de acuerdo con Costa. “Las primeras tardes salíamos cargados de documentos, ahora solo llevamos teléfonos. La señora nos hizo comprender que basta con alejarse para que problemas enormes se revelen fútiles”.

Este mes de enero desfilarán por palacio directores de grandes museos: Brigitte decidió, en la línea de Claude Pompidou, introducir diseño, pintura y escultura moderno franceses. Su idea: “buscaremos acuerdos que sirvan para promover cada museo y actualizar nuestras paredes”. Y un enterado sugirió el objetivo: “hacer del Elíseo un pequeño Louvre Abu Dabi”.

Desde ayer en Europa, tras compartir con su marido las tres agitadas jornadas en China, tampoco ese viaje fue solo el de una esposa. Cuando aceptó compartir con Peng Liyuan, consorte de Xi Jinping, el homólogo chino de Macron, el madrinazgo del panda nacido en el zoo francés de Beauvais, sabía que allanaba el camino hacia “la renovación de la amistad franco-china”.

Adelantada por ella en diciembre, durante el bautizo en el que recordó que esos pandas que los chinos han convertido en arma diplomática “fueron descubiertos hace 150 años por el cura vasco francés Armand David”, la amistad franco-china fue ratificada por Macron el lunes en Xian. Pero además, la profesora de letras que sedujo al alumno adolescente fascinó también al pueblo chino, que apreciaba ya la originalidad de su primera dama, ex cantante de música ligera.

“Este viaje a China podría ser el primer signo del nuevo gran papel de la primera dama y coincide con el deseo expresado en los últimos meses por ella”, se podía leer en el muy serio Les Echos, diario económico y propiedad de LVMH, cuyo presidente y primera fortuna de Francia, Bernard Arnault, es buen amigo de los Macron.

Los “jueves musicales” son la nueva tradición del Elíseo instaurada por Brigitte, organizados en torno a un solista clásico. Pero la vetusta sala de cine del palacio permanece cerrada: el matrimonio prefiere frecuentar cines y teatros de París.

Y si la respuesta a las 150 cartas diarias que recibe le sirve a Brigitte para “detectar señales de problemas de sociedad”, sus desplazamientos a hospitales y centros de minusválidos, sus viejas preocupaciones, los hace sin avisar a la prensa.

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