Carlota Corredera: “Me sigo sintiendo una obrera de la tele”

Fulgurante. Podría adjetivarse así aunque no sería justo del todo. A Carlota Corredera eso de que se encabece cualquier noticia con su nombre y el adjetivo categórico sobre su ascenso a la fama le suena a ciencia ficción. Para ella todo ha sido una evolución natural, de tanto trabajar detrás de las cámaras acabó por saltar delante, pero si lo piensa a fondo, descubre que todo, incluso la muerte de su padre, engordar decenas de kilos, vivir entre focos y cables 26 horas al día si es que las tuviera, era como un ensayo general para llegar a se la mujer que es hoy, la gran obra. ¿Su secreto? Saber lo que no quiere. Incluso para llegar a su flamante talla 42.

Carlota, qué año… Se ha convertido en toda una estrella.

Pero yo me sigo sintiendo una obrera de la tele. Ni me siento estrella ni me tratan como si lo fuera. Cuando hablan de estrellismo me parece que están hablando de otra persona.

P orque todo esto le ha llegado ya con una experiencia, la cabeza amueblada…

La cabeza bien amueblada la traía de serie, pero tengo un entorno que me cuida mucho y me ayuda. Siempre he sido una niña muy sensata, muy responsable, muy madura y repolluda… pero te voy a decir algo que no he dicho a nadie, tengo la sensación de que todo esto tan como un tsunami que me está pasando es fruto de todo lo anterior que he vivido ¿sabes? Como si todo en mi vida hubiera sido un ensayo general para vivir hoy. El ensayo general para la gran obra.

Y lo racionaliza.

Para mí la madurez es tener muy claro lo que no quieres. Saber lo que no quieres es más importante que saber lo que sí. Sé en lo que no me quiero convertir

¿Cómo se puede separar lo profesional de lo personal de lo que se vive en Sálvame?

A mi me afecta en lo personal, ya me gustaría a mi que me afectase menos… Dirigiendo el programa me llevaba muchas cosas a casa… pero fíjate que me cambió la vida con la llegada de Carlos, mi marido, porque los colaboradores comenzaron a cortarse, a no llamarme por las noches… Porque el programa, aunque se apagara el foco, proseguía en los teléfonos después…

Metatelevisión en toda regla

Es que es imposible desconectar. Yo estoy aprendiendo ahora a poner distancia emocional. Por mi evolución personal también. Yo llegué soltera al programa, sin pareja, sin hijos, tenía… 35 años. La Carlota que empezó no es la Carlota de ahora. Pero como a todos, el programa nos ha salvado de muchas cosas. Algunos de nosotros estábamos a la deriva y el programa nos salvó, nunca un título fue tan premonitorio… A Jorge (Javier Vázquez) también le pasó. El Jorge de entonces no es el Jorge de ahora. Hace ocho años, recuerdo, bajó las escaleras de Sálvame apocado, preocupado, inquieto… había tenido una etapa en el Tomate con muchas luces y muchas sombras y, de pronto, llegaba a un programa de madrugaba que iba después de Supervivientes… Ahora, él sí es una estrella. Una estrella que ha callado bocas y sigue callándolas. Él es la verdadera y la auténtica estrella de Telecinco.

Hombre, usted está ahí-ahí.

Qué vaaaa! Y yo no tengo ninguna gana, además. Yo no tengo ambición. Yo solo quiero que me vayan bien las cosas. Quiero, sobre todo, triunfar en lo personal.

Hablamos de su año profesional, pero en lo personal ha sido todo también muy catártico.

Ha sido un año de andar hacia adelante con un desnudo integral constante. Por escrito y en pantalla.

En su libro Tú también puedes explica sin ambages su relación tóxica con la comida y el porqué.

Me daba atracones… A mí no me hace ilusión contarlo, porque son cosas que me dolieron al escribir. Y tampoco no es cuestión de vergüenza, yo no me avergüenzo de nada, y por eso he podido escribir, pero creo que hay que perder el miedo… Yo intento vivir cada día sin miedo… porque vivir con miedo no es vivir.

Y ahora, Carlota, hasta tiene un vino con su nombre…

Eso es muy fuerte. Ya ni reparo porque no puedes entrar en tanta locura. Me troncho de risa… una hija, un libro, un vino…

Pero hablemos de los haters, de la exposición pública… Todo eso ¿cómo lo gestiona?

No es fácil. He aprendido que no se puede gustar a todo el mundo. Lo que me preocupa de verdad es lo que opine la gente que me quiere. Y sí, luego hay otras opiniones que proceden de las cloacas, de las cloacas de las redes. Hay mucha gente que vive en las cloacas porque seguramente no podría vivir en otro lugar. Mi teoría ha sido no darles el hueco que no tienen y, menos, claro, en mi vida, en mi cabeza.

Y otra cosa: ha pasado de informar de corazón a ser un personaje del corazón.

Hace unos días, abro la revista Semana y me encuentro con un ro­bado de mi hija y, mira, no me hizo feliz, pero entiendo que va en mi sueldo. Si presento un programadel corazón no puedo ir contra el negocio.

Va a tener que hacer un posado para frenar a los paparazzi…

Nunca salgo de casa pensando en eso, no soy nada consciente, no tengo ese chip… porque Ana García Obregón seguro que sí que piensa en la prensa nada más poner un pie en la calle, pero, claro, yo no soy Ana García Obregón.

Pues ahora en las vacaciones…

Hay sido iguales que las de otro verano. No voy a cambiar mi vida por miedo a que me descubran. He estado unos días en Mallorca, no se lo dije a nadie pero… sí me han pillado en la playa. No me di ni cuenta.

¿Bikini o bañador?

Bañador, no hay que tentar la suerte

Pero con cada Cámbiame, está más y más delgada… ¿Por qué talla vamos ya?

Una 42.

Porque está grabado, pero usted también debe de alucinar con su cambio…

Me ha pasado de no reconocerme, sí. Pero tampoco se me olvida de dónde venimos… Porque la lucha continúa… Todos los días renuncio a comer cosas que me gustan para poder estar como estoy. Todos los días me sacrifico… Pero también hay que saber cuál es tu techo y asumir cual es la mejor versión de ti misma..

¿Ya ha conseguido la mejor versión de sí misma?

Mi meta está ya conseguida. Se consiguió el día que llegué a un nivel de grasa visceral 6.

¿Cuántos kilos perdidos?

64, 65… Pero no es una cuestión de peso, es salud.

Pero algún helado caerá, ¿no?

Hay que darse vacaciones de todo, hasta tener fuerzas… soy consciente de que para seguir estando bien tengo que seguir renunciado a algo todos los días, pero me vale la pena. Me oigo y es como si estuviera en una sección tipo Consejos Carlota Corredera.

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