Crece la admiración por Melania ante los supuestos desplantes públicos a Trump

El color de la piel del presidente Barack Obama fue uno de los motores para calentar la oposición, el Tea Party. Su sucesor, pese a su cutis anaranjado, carece de ese problema epidérmico. Los supremacistas blancos le adoran desde que lideró la maquinación que puso en duda el origen americano de Obama, “el africano”.

En el caso de Donald Trump, sin embargo, son su gestualidad, el lenguaje de su cuerpo y, en especial, el de su mujer, Melania, los que animan a las fuerzas críticas, al “estado profundo” como denominan sus asesores a todo aquel que no es complaciente con las “gracias habituales” del actual inquilino de la Casa Blanca.

Los progresistas también tienen sus teorías conspirativas. Algunos parecen convencidos de que el rechazo a Trump arranca en su hogar. “Melania es cada vez más audaz en su empeño por telegrafiar su desdén hacia Donald”, sugiere Erin Gloria Ryan en The Daily Beast. “Lo ha hecho de manera que todo el mundo lo pueda ver, no le preocupa si él se siente avergonzado”, añade.

El gesto de Trump de dejar atrás a su mujer al ser recibidos por los Obama

Desde la jornada uno de su mandato, el 20 de enero del 2017, la primera dama ha captado la atención de los que detestan a su marido, que son muchos. Los estudiosos del trumpismo observaron una serie de detalles que empezaron a pergeñar un paisaje familiar no muy modélico.

El gesto de Trump de dejar atrás a su mujer al ser recibidos por los Obama –Barack, tan caballero, acudió al rescate de la invitada–, el beso en el que ella ni tocó la mejilla del marido tras el juramento o la mirada de desprecio –a partir de estos analistas poco trumpeteros– que la esposa le dedicó alentaron el lema Free Melania.

Las redes sociales se llenaron con este hashtag sobre la liberación de la primera dama, que se convirtió en grito de guerra al día siguiente, en las masivas manifestaciones de protesta convocadas por las mujeres a lo largo de toda la geografía de Estados Unidos. El hecho de que Melania decidiera residir en Nueva York hasta que su hijo Barron, de 11 años, acabe el curso el próximo junio también marcó distancias y alentó la rumorología de la discordia.

Ella ha estado poco presente en la vida política durante estos meses.Pero ha tenido momentos en que esa sospecha de insatisfacción matrimonial ha ido alimentando la leyenda. Uno de los puntos álgidos se alcanzó a principios de mayo, cuando un tuit del blogero político Andy Ostroy –“el único muro que construye Donald Trump es entre él y Flotus (designación de primera dama)”– recibió un “me gusta” de la misma Melania. Aunque tal vez resultó ser fruto de un accidente, el detalle se hizo viral.

El “Free Melania” ha recobrado toda su fuerza esta semana durante el primer viaje internacional de Trump en el cargo. Además de comportarse como un usurero frente a sus socios en pleno velatorio por el atentado de Manchester, el presidente ha experimentado una reiteración de gestos poco amigables de su pareja, detalles que han originado un incremento de la admiración hacia la primera dama.

Al llegar a Tel Aviv (Israel), Melania rechazó la mano de Donald, que decidió alisarse la corbata. De este apunte, Freud sacaría una teoría. Y, unas pocas horas después, repitió su negativa al descender del avión en el aeropuerto italiano de Roma.

Redoblaron los tambores de la gran conspiración. El doble gesto se ha transformado en uno de los elementos más difundidos y comentados. Pete Souza, el que fue fotógrafo del anterior presidente, lanzó un misil contra Trump al colgar una foto en la que los Obama se cogían afectuosamente de la mano en un acto en Selma (Alabama).

Michael D’Antonio, uno de los biógrafos de Trump menos complacientes, dijo en la CNN que este doble rechazo “muestra que el presidente y la primera dama están encerrados en una guerra de señales y símbolos”. Ni héroe ni santa, subrayó Ryan en su artículo. Ella aceptó casarse y muchas mujeres sufren por culpa de su marido. “Pero el gesto de Melania –remarcó– expone otra mentira de Trump: por estrella que seas, no lo puedes tener todo”. Por si acaso, al descender del avión en Sicilia, última etapa del trayecto, los asesores se cuidaron de que los Trump bajaran del avión cogidos de la mano.

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