Cuando desnudarse deja de ser noticia

Soy de los que piensan que desnudarse es un arte. Hablo del proceso. Debería existir un dicho que rezara algo así; “Dime cómo te desnudas y te diré quién eres”. Quizás exista, ¿eh? No he tenido tanto tiempo de investigar como los de Columbia. Pero bueno, si existen gorras con ventilador o ralladoras de pastillas de jabón no sería extraño que la frase ya estuviera registrada. Volvamos al tema. El desnudo. ¿Por qué hago referencia a un proceso? Porque no es lo mismo seguir las evoluciones de una acción, que enfrentarte a ella en su fase final y sin previo aviso. Es como si carecieras de unos segundos celestiales de reflexión antes de la visión final. Como si te faltase ese tiempo para regatear en el último momento y evitar que tus ojos chocaran con algo que ni has pedido, ni deseas ver en aquel momento.

Porque señores y señoras, los desnudos forman parte de la intimidad de las personas, tanto para el que lo hace como para el que lo tiene que contemplar. Y tampoco es lo mismo quitarse la ropa a lo Mr.Bean, tirando las prendas de cualquier forma y cargándote la lámpara de la abuela, que hacerlo con pausa, invocando al deseo propio o, si se prefiere, al de los ojos de quien comparte contigo ese momento.

‘Celebs’ al desnudo: ¿Con qué objetivo?

Hasta aquí el estudio sociológico o antropológico del día. Vamos a la actualidad y al mundo rosa. La introducción era una metáfora de lo que os espera. Y como a mí me gusta predicar con el ejemplo he escrito una líneas previas (el proceso) para terminar con la cruda realidad y su resultado final: los desnudos. Más concretamente, la obsesión de las y los ‘celebs’ de hacernos pasar este verano por el trance de contemplar sus fotografías al desnudo. Y esto último no es ninguna metáfora.

Y es que hay quien aplica de forma excesivamente categórica aquello de que con el buen tiempo nos sobra ropa. Y peor aún, no contento con eso, decide compartirlo para que toda la humanidad sea consciente de que hace calor. Genial. Si no teníamos bastante con disfrutar gratuitamente de los torsos de los futbolistas tras los encuentros- o lo que queda de ellos porque con tanto tatuaje parecen un cuadro de Miró- o de los abdominales de Pablo Motos en pleno programa (aunque mejor eso que algunas de sus preguntas en las entrevistas), los que seguimos la prensa rosa tenemos un Instagram que se acerca más a las páginas de una revista para adultos que a una fuente de información.

Como ya deberéis saber, el club de los famosos abonados al desnudo esta temporada de sol y playa está plagado de socios y socias. Algunos, incluso, se han sacado el carné VIP para poder repetir cuando les dé la gana. Es algo así como una barra libre de lujuria habiendo depositado antes todas sus pertenencias en el guardarropía. El problema de esta especie humana es que, al final, los periodistas nos veremos obligados a cambiar nuestros titulares y nuestra percepción de lo que es realmente noticiable. Para que lo entendamos todos, incluso los que han entrado en esta noticia solo para ver las fotos. “Kim Kardashian se desnuda en Instagram”. Incorrecto. Eso ya no es noticia.

A partir de ahora solo deberíamos hacer la pieza con este titular. “Kim Kardashian sale de casa con ropa”. Correcto. La noticia radica en lo que no es habitual, eso te lo cuentan en primero de carrera cuando todavía crees que salvarás el mundo con tus escritos. Otro ejemplo. “Jorge Javier Vázquez muestra su trasero en Instagram”. Error. ¿Dónde está la noticia? Se hará el artículo solo con este titular: “Jorge Javier Vázquez va de culo, pero esta vez no lo enseña”. Así sí. Periodismo.

Si buscáis la lista de desnudos mediáticos de este verano tomároslo con calma porque es como el libro gordo de Petete, pero cambiando los dibujos infantiles por estampas para adultos. En el plano nacional sobresalen tres nombres: Laura Escanes, Cristina Pedroche y Úrsula Corberó. Blanca Suárez les sigue de cerca. La actriz decidió mostrar su cuerpo porque alguien anónimo la llamó “gorda”. Que si ella esta gorda yo tengo obesidad mórbida, pero en fin. Es el desnudo reivindicativo de la figura femenina o de cualquier otra causa. Para qué hacer una pancarta o escribir un texto. Es más práctico desnudarse para mostrarse en desacuerdo con algo. Aquí en la redacción iríamos todos desnudos cada día. Luego están aquellos que dicen, “si llego a X seguidores, me desnudo”. Y piensas, “te mereces perderlos todos de golpe, así, de una tacada, sufriendo lentamente”. Alba Carrillo también está despuntando. Entre rajada y rajada con sus ex tiene tiempo de quitarse la ropa. Lo celebramos.

Más allá del famoseo

Y el problema es que el ejemplo de las Kendall Jenner de turno o los Àngel Llàcer del siguiente turno están traspasando las fronteras mediáticas para llegar a los soldados rasos de las redes. Consultar Instagram junto a tu pareja se está convirtiendo en un ejercicio de riesgo, a no ser que sigáis a National Geographic y se os cuele algún animal entre desnudo y desnudo. Porque si el selfie en sí ya es un formato que puede ser egoísta, ya no os cuento una selfie al desnudo. Yo he vivido situaciones como esta con una amiga que volvía de vacaciones.

Ella: Mira, que te enseño una foto del viaje a las islas griegas.

Yo: Genial

Ella: Mira, ¿qué te parece? (La foto en cuestión es un primer plano de la susodicha en topless tapándose sutilmente los pechos y, de lejos, muy de lejos, se puede acertar a ver algo de playa).

Y aquí estás perdido. O lo matas con un “qué envidia” o puedes meterte en un buen lío con detector de alarma para feministas en acto de servicio. Pero la realidad es que se está poniendo de moda el destape y cada vez parecen existir menos límites al ampararse uno en una libertad de expresión cada vez más ligera de ropa. Nuestro estudiante en prácticas, Marc, sufre cada tarde que llega a la redacción preguntándose qué desnudo le tocará hacer ese día.

Y sí, pensaréis que existe la opción de no hacerlo. De dejar de publicar noticias que, en realidad, por repetitivas e intrascendentes no lo son. Una cuestión interesante que, nos guste o no, no cuenta con el respaldo de una audiencia que sí que muestra interés en este tipo de publicaciones, aunque su motor sea el morbo o el voyeurismo puro y duro. Un necesario debate que solo podemos abordar desde otro tipo de desnudo: el de los prejuicios y la voracidad del clic. Una reflexión que, ahora mismo, el mundo rosa parece no aceptar impulsado por una parte de la sociedad que denuncia contenidos…una vez ya ha accedido a ellos. Y eso también es una forma de quedar con el culo al aire.

Hay desnudos reivindicativos, comerciales, gamberros, artísticos y algunos redundantes

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