Eduard Fernández: En este país ya se puede ser famoso sin saber hacer nada

Eduard Fernández disfruta estos días del éxito de Perfectos desconocidos, incisiva comedia de Álex de la Iglesia en la que comparte cartel con Ernesto Alterio, Belén Rueda, Eduardo Noriega, Juana Acosta, Pepón Nieto y Dafne Fernández. Mayor protagonismo tiene en la serie La zona, de Movistar+, donde ejerce de policía competente y algo amargado. Otro año triunfal para un actor de trayectoria ampliamente reconocida. ¿O no? Él, que es hombre sincero donde los haya, reconoce que tiene una espina clavada con los Goya. Pero tampoco es que le obsesione: lo importante en su vida es actuar. A ser posible sin que aquellos que sólo buscan la fama le dejen trabajar en paz.

En Perfectos desconocidos interpreta a un cirujano plástico con secretos de pareja y como padre. Todo bastante convencional de entrada. ¿Le va este tipo de papel o los prefiere más épicos?

Todos tienen su cosa. Lo que a mí me ocurre es que, si tengo algún prejuicio con un personaje o me da pereza, en cuanto me pongo a interpretarlo empiezo a entretenerme y se me pasa. Me digo: ‘Ostras, a lo mejor lo que le ocurre a este es tal cosa y entonces piensa esto o lo otro’… Y lo paso bien, ya sea el tipo más así o más asá. Meto las manos en la harina y lo disfruto. ¡Es que me gusta mi oficio!

Francamente, me gustaría llevarme otro Goya: hace 14 años que me dieron el segundo y último”

Se va animando a medida que se pone en la piel del personaje y lo va construyendo.

Bueno, también imagino e invento. De entrada, un personaje no es más que una serie de líneas, negro sobre blanco en un papel. Si por ejemplo él le dice a ella ‘Te quiero’, puede hacerlo llorando y con media sonrisa (hace el gesto), llorando amargamente (cambia la cara por completo), o bien rutinariamente (pone voz de aburrimiento y me da un golpecito en la pierna)…. Puedes decirlo como quieras. Y así con cada frase. Todo es susceptible de significar una cosa u otra. Los actores trabajamos con el subtexto, con lo que va por debajo y lleva a un tono u otro. Así construimos un personaje; transmitimos qué hace aquí, qué le pasa y por qué. Lo que decimos es casi lo de menos; la diferencia está en lo que sugerimos.

Perfectos desconocidos es una historia coral pero con muchos duelos. En estos casos, los críticos suelen hablar de competencia entre actores. ¿Ha pensado usted alguna vez ‘Yo a este me lo como’ o ‘Esta quiere robarme plano’?

Bueno, alguna vez me he encontrado con un actor o actriz que chupaba plano. Me parece algo muy bajo. No hay que hacerlo. Es feo. Cada uno tiene que hacer su trabajo. Yo soy un tío de equipo. Tengo claro que cuando me contratan para actuar en una película mi función es ayudar al director a contar lo que le apetece. Para eso necesita de mí, como actor. Y de paso yo contaré un poco de mí mismo; es inevitable. Pero no quiero competir con otro porque no va de eso. De vez en cuando me acerco al director y le preguntó; ‘Oye, ya conozco el guión, pero ¿qué contamos?’ Necesito tener claro hacia dónde vamos, eso sí.

La ventaja de que se haya instaurado el oficio de famoso es que así esta gente no se inmiscuyen en el trabajo de los demás”

¿Y la cooperación no es a ratos difícil en un mundo tan inclinado hacia lo individual?

Es que en cine tienes que contar con todos los demás. Si el que lleva iluminación te da una cierta luz, a lo mejor ya expresa mucho de lo que tú necesitas expresar en ese plano. Con el sonido, igual. Y con todo. Resulta realmente bonito. Es lo que me emociona del cine: gente de distintos oficios que sabe mucho de lo suyo y trabaja en común para lograr una misma cosa. Lo encuentro precioso.

Así que lo de chupar plano es excepcional. Por cierto, ¿cómo se hace?

Con técnica. Por ejemplo, poniendo de espalda al otro. Moviéndose para forzar la perspectiva y dejar al que tienes al lado o enfrente en una posición mala, sobre todo si el director ha dicho que será un solo plano, sin contraplano (se levanta y lo escenifica).

Entre los actores es muy común acudir al psicólogo: trabajas con material humano, es decir con material sensible”

¿La gente joven y con hambre de triunfo tiende a ese tipo de disputa con los consagrados?

Yo no distinguiría entre jóvenes y mayores, sino entre los que quieren hacer de actor o actriz y aquellos otros que van más a por cosas aledañas, como buscar la fama y trabajarse el photocall. Es verdad que ahora hay mucho de eso, no sólo en lo mío sino en todo. Pero tenemos la ventaja de que ya se ha instaurado el correspondiente oficio específico: ser famoso. Hablo de personas que salen en la tele porque son famosas; no por nada más, oye. De hecho, pueden no saber hacer nada. Y me parece estupendo. Son famosos porque son famosos, y ya está. Fantástico.

Doy por supuesto que lo dice con ironía.

Me parece fantástico que esté diferenciado el oficio de los famosos para que no se inmiscuyan en mi trabajo, claro.

Empiezo a creer que la comedia es el género más profundo y completo. Te permite dar un paso atrás y ver la humanidad con un poco de distancia”

Usted suele mostrarse sincero. Alguna vez ha destacado que le han nominado diez veces a los Goya pero sólo le han dado dos. Sinceramente, ¿se considera justamente tratado?

Me hubiera apetecido ganar algún Goya más, por alguna película. A ver. A mí me gusta que la gente haga bien lo suyo. Y a veces pienso: ‘Creo que aquí lo hice bien’. Y hay por ahí un par de películas en las que lo hice bien. Pero luego reconozco que hay otros compañeros que también lo han hecho muy bien. Entonces es un poco relativo. Ya digo que hay un Goya que a lo mejor me hubiera gustado llevarme, concretamente uno que no voy a decirle.

¿Quiere decir que consideraba justo que se lo hubieran dado?

Sí, pero también es verdad que igual se lo dieron a un compañero al que no se lo habían dado el año anterior aunque se lo merecía y entonces le compensaban de esa manera. Eso ocurre mucho en los premios.

Empiezo a creer que la comedia es el género más profundo y completo. Te permite dar un paso atrás y ver la humanidad con un poco de distancia”

¿Y qué le parece?

Pues una tontería, pero la vida es así. A veces pasan esas cosas. Pero sí, francamente me gustaría llevarme algún Goya más. Hace mucho que no gano uno (en 2003 le dieron el segundo y último por la película En la ciudad).

Y tendrá que esperar un poco más, porque este año…

No tengo película, sólo la serie La zona.

¿En las galas hay que actuar mucho cuando le enfocan a uno, antes y después de cantarse el premio?

Sí. Antes de que lo canten, algo menos. Porque estás pendiente de lo que dicen. Y si lo ganas, no: te sueltas. Pero si no lo ganas… Muchas veces, lo que ocurre entonces es que la cámara se queda contigo y, a los dos o tres segundos, esa presencia empieza a hacerse un poco incómoda. Cuando insisten con ello, ya se hace obsceno. Y te puedes confundir tú mismo. Porque es como que te están diciendo: ‘No has ganado, no has ganado, no has ganado’. Uno piensa: ‘Oye, que ya sé que no he ganado, así que ¿no puedes quitar la cámara de ahí?’

Ha faltado una actitud dialogante del Gobierno central y ha sobrado lo de meter gente en la cárcel preventivamente”

¿La capacidad de interpretar le resulta útil en la vida?

No tengo esa sensación. Cuando estuve yendo al psicólogo, que estuve un tiempo, ella, porque era psicóloga, me decía que los actores somos complicados porque mentimos muy bien, incluso a nosotros mismos. Eso lo hace todo el mundo porque es muy humano…, pero quizá un actor lo hace mejor y hasta se puede confundir con su propio invento. El oficio tiene su inconveniente en ese sentido. ¿Y en general los actores mentimos mejor? Igual sí. Pero al final, con la edad, comprendes que hay una tabla rasa que nos iguala a todos y que para ser más feliz debes ser menos mentiroso, más limpio, más claro; ir a lo esencial de la vida.

Me llama la atención que me diga lo del psicólogo.

Porque me parece muy natural. Y entre los actores es muy común. Trabajas con material humano, con material sensible.

Me parece muy cerdo aprovecharse de una posición de poder para obtener un favor sexual a cambio de un papel en una película”

¿Fue por trabajo?

No, fui por mí. Pero insisto en que lo veo como una educación general básica. Creo que es bueno conocerse a uno mismo; conocer las trampas que uno puede tenderse para engañarse; identificar el guión de vida que tienes y te han marcado tus padres, y ver si algunas cosas se pueden revisar. Un profesional que conoce bien cómo funciona la psicología te puede ayudar a dejar de hacer algunas cosas o de cumplir parte de ese guión. Es como una parte de la cultura general.

¿Todos deberíamos ir alguna vez al psicólogo?

Pues creo que está bien. O, si no, enseñar esa psicología básica en las escuelas; mostrar cómo funcionan la psique y las relaciones humanas. Ir al psicólogo se asocia a veces con padecer una tara o con tener un problema. Y claro que uno tiene problemas. Como todo el mundo. Pero esa vergüencita que pasamos a la hora de expresar y aceptar las emociones y los sentimientos, esa hay que quitarla. Es bueno reconocer cómo funcionamos los humanos; adquirir herramientas para manejar las relaciones, que es algo donde todos tenemos tantísimo que aprender.

¿Y el humor no ayuda?

Empiezo a creer que la comedia es el género más profundo y completo. Te permite dar un paso atrás y ver la humanidad con un poco de distancia; ver con perspectiva el modo de comportarnos los hombres y las mujeres; contemplar cómo nos emocionamos, nos ofendemos, reímos lloramos; cómo nos equivocamos. Es mucho mejor y más bonito verlo así que meterte ahí dentro, en el primer plano, en medio de todo el drama.

Me gustaría dirigir, pero tengo una autoexigencia tan alta que me parece que nada puede estar al nivel que me impongo”

Le conocí en Brasil hace cinco años, en el rodaje de la miniserie sobre el padre Pere Casaldáliga (Descalzo sobre la tierra roja). Entonces me dijo que él le había marcado. ¿Suelen influirle mucho sus personajes?

Eso fue excepcional. Porque el padre Casaldáliga lo es. Y conocerlo fue un acontecimiento único en mi vida. Es que alguien que hace el bien todo el rato… Y además demuestra que se puede hacer. Me acuerdo de sus frases, de su integridad. Pere tendría mucho que decir ahora. Sobre todo en cuanto al valor de la palabra y al respeto por ella. Con él no había eslóganes. Todo lo que decía estaba pensado y tenía sentido. Por ese respeto escrupuloso por el lenguaje y desde luego por sus actos, el padre Casaldáliga es grande. Esto contrasta mucho, por ejemplo, con los políticos de ahora; no hay muchos que sean buenos… Pero me he ido a los cerros de Úbeda, ¿no?

No importa. Además, así no le tengo que sacar el tema político en seco. Dice que hay pocos políticos buenos. ¿Puede precisarlo?

Vaya, hombre (sonríe). Pues a ver. En su día, y hablando muy llanamente, se citaban políticos supuestamente buenos. Por ejemplo, Felipe González o Jordi Pujol. Y ahora, con todos los respetos, uno podría decir: ‘Vaya dos, ¿no? Mira dónde han acabado.’ Y no sé si entre los actuales hay alguno con verdadero peso moral, que sepa hablar y convenza. Unos pueden gustarte más que otros, pero no se ve a ninguno que realmente impresione.

Usted es un actor catalán pero de puente aéreo: a caballo entre Barcelona y Madrid. ¿Cómo ha vivido y vive el conflicto en torno al referéndum?

Con mucha angustia. Pero mucha. Lo he vivido en Madrid, todos estos meses. No he entendido bien determinadas cosas que, además, al estar lejos, me han sentado peor. Sentía como que tenía que estar en Barcelona. Y era raro, porque no solucionaba nada con estar allí. En fin. Es sabido que no soy independista. No soy nada nacionalista. Entiendo que a la gente le guste el lugar donde ha nacido y sienta que es el más bonito del mundo; nos pasa a todos. Pero llevar las cosas más allá…, pues no sé. Y, hombre, a mí me han dolido algunas actitudes. Me duele haber sentido que no podía ir a la fiesta nacional de mi pueblo o nación. Poco a poco, me di cuenta de que se trataba una fiesta independentista. Y al no serlo yo, al no querer que me contabilizaran como lo que no era, pues no podía ir. Es decir, llegó un momento en que iba a acudir pero, al ver aquello, me volví a casa.

¿Sintió que se habían adueñado de algo de todos?

Si. Y me parece francamente feo y me sienta mal personalmente. Además, veo una barbaridad que eso se promoviera desde el Govern. Porque hay que gobernar para todos.

¿Y en cuanto a lo ocurrido en los últimos meses?

En todo ese proceso hacia la independencia tendrían que haber sido absolutamente impecables. Esa pulcritud faltó. En cuanto al Gobierno central, gobernar es hablar, y eso también ha faltado. Y ha sobrado lo de meter gente en la cárcel, preventivamente. No entiendo la radicalidad del independentismo y sus exageraciones al hablar de la falta de libertad. Pero, por otro lado, muchos españoles son nacionalistas y no lo saben. Algunos dicen que ya nos han dado bastante a los catalanes. ‘Pero oye –habría que decirles-, que no es tuyo; es todo de todos, lo repartimos y tú lo gestionas pero no es tuyo.

Otro asunto lamentablemente de actualidad es el escándalo Weinstein. En España ha habido algunas pocas quejas por abusos sexuales. Conociendo el sector, ¿cree que pueden ir a más?

Les tengo un absoluto respeto a las mujeres. Vivimos en una sociedad machista y eso lo tenemos instalado en el cerebro. Por ello nos puedan parecer normales algunos gestos que no lo son en absoluto. Lo pienso mucho, entre otras cosas porque tengo una hija. El otro día me contó que le había dado un tortazo a un tipo en una discoteca porque le había tocado el culo. Le dije: ¡Ole, hija mía, así me gusta! Y es que quiero estar cerca de ella para aconsejarla. En cuanto a ese escándalo: aprovecharse de una posición de poder para obtener un favor sexual, con una promesa de por medio como puede ser la de un papel en una película, eso lo encuentro realmente grave. Es muy cerdo, no se puede permitir. Y las mujeres están en inferioridad de condiciones en ese sentido y por tanto hay que defenderlas más. Y sobre lo que me pregunta, yo no lo he visto en mi entorno ni me lo han comentado, la verdad

¿Se considera feminista?

Sí. Tal vez por tener una hija. Y cuando pienso en la pederastia, tengo claro que aprovecharse de la ingenuidad máxima es el máximo pecado.

Volviendo a su trabajo, ahora podemos verle en una serie, La zona. No sé si el debate sobre si las series son o no cine está ya algo superado…

Yo creo que sí. A mí el soporte es que me da igual. Lo que quiero es contar una buena historia, y no me importa si es cine, serie o teatro. Como si son marionetas, aunque de eso sé menos. Las series, además, pueden dignificar un poco la televisión, y eso está bien.

¿Tiene algún papel favorito?

Buenos, me gustan mucho los papeles y las películas de Todas las mujeres, Ficción, Fausto 5.0… Y la de Casaldáliga, claro.

Sí que le marcó.

Sin duda. Además, a este hombre no le importaba morir por lo que pensaba; podría ser un mártir. Supongo que sólo desde esa posición se enfrenta uno al poder de ese modo y le dice la verdad a la cara sin miedo a las consecuencias.

¿Se ha planteado hacer cine fuera?

Para hacerlo en Estados Unidos tendría que mejorar el inglés. Entonces, y si me lo propusieran, quién sabe. Pero, por otro lado, veo las películas y series que hacen y pienso que está claro que no me necesitan (sonríe). Y me siento más cercano a Europa.

Algunos actores, a partir de cierta edad, se plantean pasar al otro lado de la cámara.

Sí, sí, puede ser.

A ver, a ver.

Yo estudié dirección antes que interpretación, en Barcelona. Y ya a los 15 y 16 años venía tres películas al día en la Filmoteca. Tomaba mis apuntes y hacía mis fichas. Me encantaba. Esa inquietud está ahí, y quiero contar historias. Eso sí, necesito motor; que alguien empiece y ya entonces yo continúo. Hacer un corto igual estaría bien, de entrada. Pero me cuesta arrancar.

¿Es un poco vago?

La verdad es que se trata de algo peor. Tengo una autoexigencia tan alta que nada puede estar al nivel de la gran obra que quisiera y debería hacer. Puedo empezar pero, si no es lo máximo, lo dejo.

Puede sonar a soberbia.

Suena, suena, claro que sí.

¿No podría intentar algo con un poco de humildad?

Sí, bueno, pero entonces tendría que ir a la psicóloga para que me lo dijera: ‘Haz algo aunque no sea un diez, Eduard’. En fin, bueno, sí, quizá podría hacer un corto sin más. A lo mejor lo hago. Sería bueno para mí.

Pues dicho y escrito queda.

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