El arco iris de Josephine Baker

Josephine Baker fue una gran personalidad en varias facetas. Fue la primera cantante y bailarina de color que logró el éxito internacional tras hipnotizar al París de los años 20 con sus canciones y sus sensuales bailes, fue una destacada luchadora contra el nazismo apoyando la resistencia francesa y fue una gran defensora de los derechos civiles sin distinción de razas ni creencias.

En consonancia con esto último, ella ya había tenido su sueño de fraternidad universal antes que Lu­ther King hablara del suyo –ella también habló; de hecho, fue la única mujer que lo hizo, en aquella Marcha de Washington de 1963– e intentó llevarlo a cabo: entre 1954 y 1964 creó una familia multirracial, a la que llamó la Tribu Arco Iris, a base de adoptar por todo el mundo niñas –una en Argelia y otra en Marruecos– y niños –dos en Japón, uno en Finlandia, uno en Colombia, tres en Francia –uno de ellos de familia judía–, uno en Argelia, uno en Costa de Marfil y uno en Venezuela–. Doce hijos en total, ocho junto a su cuarto marido, el director de orquesta Jo Boullion, y el resto ya separada de él.

Uno de aquellos niños, Brian (originalmente Brahim, de Argelia), hoy de 61 años, ha estado en Barcelona para conocer la suite que el hotel Palace ha dedicado a su madre (actuó en más de una ocasión en lo que entonces era el Ritz) y ha hablado de aquella “tribu” y de lo que ha sido de ella tras la muerte de la artista en 1975, a los 68 años.

“Mi madre tenía una personalidad de extremos, a veces terrible, al estilo de Thatcher o Golda Meir

“Mi madre era una gran idealista, una utópica. Creía en el ideal de fraternidad universal y quiso demostrarlo con nuestra familia. Nuestra infancia fue feliz, pero también especial, porque éramos una familia diferente, claro. En la escuela nos miraban como a extraños. La diversión estaba asegurada al ser tantos hermanos, pero también sufrimos porque nuestro padre se fue cuando todos eramos muy niños y nuestra madre estaba fuera la mitad del tiempo por trabajo, aunque también viajábamos a veces con ella”.

Josephine Baker era una persona de fuerte carácter, como recuerda Brian. “Creo que la guerra la cambió y desarrolló una personalidad de extremos, a veces terrible, al estilo de Thatcher o Golda Meir. No escuchaba a nadie, hacía siempre lo que quería. Por eso mi padre, que creía que ya valía con ocho niños, se plantó y se fue. Era muy generosa y un desastre como administradora. Por eso llegó a arruinarse, aunque luego se recuperó. Con nosotros era cariñosa, pero también muy estricta. Nos castigaba, incluso con azotes, si cometíamos alguna fechoría”.

Aunque Brian Bouillon Baker habla de que la Tribu Arco Iris sigue unida, el tema es matizable. “Nos vemos en Navidad, bodas, cumpleaños, pero es difícil coincidir todos pues la mitad vivimos en París y el resto en otras ciudades de Europa y América”. Además, la mayoría de hermanos “no están interesados” en hablar de su madre y uno de ellos incluso fue expulsado por ella del núcleo familiar por ser homosexual. Lo curioso del caso es que hoy en día se da por seguro que Baker era bisexual (se le atribuyen aventuras con Simenon, Gavin o Hemingway, pero también con Louise Brooks, Colette o Frida Kalho). “Yo no lo creo. No está probado. Como tampoco creo lo que se ha dicho de que mi padre era homosexual”, afirma Brian, que recuerda que con su madre y hermanos conoció a Kennedy, Tito, el rey de Marruecos, el papa Pablo VI o Castro, “que nos dejó tirarle de la barba y nos regaló a cada uno un traje de guerrillero cubano de nuestra talla”.

Loading...