El día más feliz de Messi y Antonella

La boda del siglo, al menos para el Barça y para Rosario, ya es historia. Leo Messi y Antonela Roccuzzo se casaron y contentaron a todo el mundo: a los invitados, a los periodistas y a los rosarinos. El enlace se celebró en la madrugada de ayer (hora española) en un hotel de la ciudad natal de la pareja y combinó la anunciada discreción y sencillez del evento, con dosis de glamur y emoción.

Aunque parezca un tópico, el momento más emotivo se produjo cuando los novios se dieron el sí, en una ceremonia civil organizada en uno de los salones del hotel y oficiada por el director del registro civil de la provincia de Santa Fe. El sí de Antonela llegó con sorpresa. La novia no sabía que Leo había pedido a uno de los cantantes favoritos de ella, Abel Pintos, que apareciera por un lateral entonando “Sin principio ni final”, uno de sus temas más conocidos.

Después de los novios era la pareja más esperada pero Shakira y Piqué no se acercaron a la alfombra roja. Además, apenas trascendieron un par de fotos de la cantante, tuiteadas por invitados, y ninguna del blaugrana, lo que no significa que haya otras

“Te voy a amar y me amarás. Te amo sin principio ni final. Te amo y es mi única verdad. Y es nuestro gran amor, mi ángel de la eternidad”, reza el estribillo de la canción de este popular artista argentino. En un vídeo subido a internet por una de las invitadas se observa como Antonela se emociona al oír la letra y acto seguido su ya marido, oficialmente, la besa.

Después los novios salen por un pasillo flanqueado de flores, acompañados de su hijo mayor, Thiago, entre los aplausos de los 260 invitados, la mitad de los cuales eran estrellas del fútbol con sus parejas –compañeros y excompañeros de la Pulga en el Barça y en la selección- y la otra mitad familiares y amigos.

Núria Cunillera, Xavi Hernández, Daniella Semaan, Francesc Fabregas, Vanesa Lorenzo y Carles Puyol. Núria Cunillera, Xavi Hernández, Daniella Semaan, Francesc Fabregas, Vanesa Lorenzo y Carles Puyol. (David Fernández / EFE)

La ceremonia civil se retrasó, lo que favoreció que algunos futbolistas posaran antes del enlace en una alfombra roja dispuesta en la entrada del hotel solo para periodistas y camarógrafos, ya que todos los invitados ingresaron en vehículos por un párking privado, la mayoría varias horas antes de la boda, contando que muchos ya se habían alojado en el lugar la noche del jueves.

Los primeros en salir fueron Eto’o y su mujer. Poco después, otros tres exblaugranas con sus esposas: Cesc Fàbregas y Daniella Seeman, Xavi Hernández y Núria Cunillera, y Carles Puyol y Vanesa Lorenzo. Primero por separado, y luego todos juntos y de muy buen humor.

Tampoco Neymar o Alves saludaron a la prensa. O los hermanos de Messi, aunque sí sus padres y su hermana Sol. Con un peinado y vestido discretos, una de las explicaciones es que la mundialmente famosa Shakira no quiso restar protagonismo a los novios

Tras el enlace, aparecieron tres barcelonistas en activo: Suárez, Jordi Alba y Busquets. Los fotógrafos ya estaban contentos porque los organizadores habían insistido en la privacidad del evento –se montó un gran dispositivo de seguridad- y habían aclarado que, además de algunas imágenes oficiales difundidas en la web de Messi, la posibilidad de tomar otras fotos dependería de la volunta de cada asistente. Ni siquiera se garantizaba la presencia de los novios en la alfombra roja.

Sin embargo, después de la ceremonia civil y antes de asistir a la fiesta llegó el momento más esperado. Leo y Antonella pisaron radiantes la alfombra roja. La novia, con un vestido corte de sirena de Rosa Clarà y el novio, de Armani. Llegaron con timidez, obedeciendo las consignas de los camarógrafos, primero a un lado, luego al otro.

En cada giro, la Pulga miraba al suelo extrañado porque por primera vez en un momento culminante no encontraba un balón sino el vestido de su esposa, que intentaba no pisar. Enseñaron la libreta roja de matrimonio argentina y, primero ruborizados, se dieron un corto beso a petición de la prensa. Segundos después, ante la insistencia, llegó el beso apasionado.

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