El trágico destino de Romy Schneider, la emperatriz del cine

Era increíblemente bella y seductora, pero como otras actrices que destilaron glamur y gloria en la gran pantalla, su vida personal se vio sumida en la desgracia demasiado pronto y ya no supo salir del túnel. “Soy una mujer rota y tan solo tengo 43 años”, aseguró Romy Schneider poco antes de morir. En efecto, era una mujer rota. Sumida en una profunda depresión tras la trágica muerte de su hijo David cuando éste tenía solo 14 años, la actriz que dio vida a la alegre emperatriz Sissi no pudo más y su corazón dijo basta el 29 de mayo de 1982. Hoy se cumplen 35 años de ese fatídico día.

Rosemarie Magdalena Albach nació el 23 de septiembre de 1938 en Viena en el seno de una importante familia de actores. Wolf Albach-Rhetty era un actor austriaco de teatro y Magda Schneider una conocida intérprete alemana con la que Romy actuó en varias ocasiones. De pequeña, ya soñaba con ser una estrella como sus padres.

Hija de actores, debutó en el cine con 15 años y siempre será recordada por su personaje de Sissi

Su infancia no fue muy feliz debido al divorcio de sus progenitores y al hecho de que pasara cinco largos años internada en un colegio de monjas. A los 15 años debutó en el cine con Lilas blancas, de Hans Deppe, una película protagonizada por su madre, donde tenía un pequeño papel y cantaba el tema musical. Su frescura y su dulce sonrisa contagiosa no pasaron inadvertidas y le empezaron a llover ofertas.

El director alemán Ernst Marischka vio en ella el rostro perfecto para encarnar a la realeza europea. Así, interpretó a la reina Victoria de Inglaterra y a Isabel de Baviera, más conocida como Sissi, en tres filmes. Sissi (1955), Sissi Emperatriz (1956) y El destino de Sissi (1957), donde trabajó junto a su madre, la catapultaron a la fama internacional cuando era solo una adolescente. Había nacido el mito Romy Schneider.

Romy Schneider en 'Sissi' (1955) Romy Schneider en ‘Sissi’ (1955) (Erma Film)

Y es que, de alguna manera, era una artista predestinada a interpretar a esa princesa culta y rebelde que se avanzó a su tiempo. Su abuela paterna, una actriz de nombre Rosa Retty, había sido nombrada actriz de la corte a principios del siglo XX por el emperador de Austria Francisco José I, cuya esposa fue precisamente Isabel de Baviera.

Hasta los 20 años su carrera estuvo dominada por su madre, una mujer que mantuvo amistad (y se rumorea que algo más) con Hitler y Goebbles. Se dedicó a hacer papeles de corte romántico hasta que a finales de la década de los cincuenta optó por un cine más maduro, alejado del célebre personaje de la emperatriz austriaca. Quiso cambiar de registro y se fue a rodar a Francia ‘Amoríos’ con Alain Delon en 1958.

Alain Delon y Romy Schneider en 1959 Alain Delon y Romy Schneider en 1959 (AFP)

Al apuesto actor francés lo conoció en el aeropuerto de Orly, cuando él acudió a recogerla con un ramo de rosas rojas para darle la bienvenida. Ella no hablaba francés ni Delon inglés, pero no hacían falta palabras para darse cuenta de que entre ellos surgió inmediatamente un flechazo. Fueron cinco años de pasión de una ‘pareja perfecta’ que nunca contó con el beneplácito de la madre de la actriz, que siempre aseguró que el apuesto seductor solo le arruinaría la vida.

Romy se fue afianzando como una de las actrices más importantes y sólidas del cine europeo trabajando a las órdenes de directores de la talla de Luchino Visconti, Claude Chabrol o Claude Sautet. Se fue a Estados Unidos cuando Orson Welles la reclamó para rodar El Proceso (1962). En Hollywood filmó otras cintas como Los Vencedores (1963), El cardenal (1963) y Préstame tu marido (1964), con Jack Lemmon. La meca del cine le hacía los honores, pero ella jamás tuvo la intención de establecerse en EE.UU. Para ella París era lo más. ”En París soy la mujer más feliz del mundo. No existe otra ciudad como esta para vivir la vida”, decía.

Alain Delon y Romy Schneider antes de empezar a rodar 'La piscina' Alain Delon y Romy Schneider antes de empezar a rodar ‘La piscina’ (GAMMA-RAPHO)

De regreso a la capital del amor, Schneider se encontró con una sorpresa inesperada. Delon dio por zanjada su relación con flores y una carta de despedida. La dejó por la actriz Nathalie Barthelemy. Fue en ese momento cuando el cuento de hadas empezó a hacerse añicos. “Siempre me lo juego todo, llevo las cosas hasta las últimas consecuencias. Me entrego y amo con todo mi corazón”, decía la intérprete vienesa. Con Delon mantuvo luego una relación cordial y ambos intervinieron en La piscina (1969). Años después, el galán confesó a en una entrevista que fue la mujer de su vida y que lamentó no haberse casado con ella.

La actriz decidió quedarse en Francia. Rodó con Otto Preminger El Cardenal (1963); L’Enfer (1964), de Henri-Georges Clouzot; Préstame tu marido (1964), de David Swift y ¿Qué tal, Pussycat? (1965), de Clive Donner, junto a Woody Allen y Peter O’Toole. En 1966 contrajo matrimonio con el actor y director teatral Harry Meyen, un hombre muy depresivo que llegó a ser torturado por la Gestapo durante la Segunda Guerra Mundial. Estuvieron 9 años casados y tuvieron un hijo, David.

Intervino en medio centenar de películas y ganó dos premios César a la mejor actriz

Las cosas no iban bien entre la pareja y a ella se le relacionó con otros hombres.Tras divorciarse de Meyen se casó con Daniel Biasini, un seductor franco-italiano 11 años más joven que ejercía de secretario personal. Romy se mostró siempre muy enamorada y le consentía todos sus lujosos caprichos. Poco después de la boda ella sufrió un aparatoso accidente de coche y perdió al niño que esperaba. La vida volvía a sonreírle cuando se quedó otra vez embarazada y dio a luz a su hija Sarah.

Sin embargo, el suicidio de Harry Meyen en 1979 sumió a Romy en una profunda depresión. Empezó a tomar alcohol y tranquilizantes. Biasini agravó aún más su difícil estado anímico cuando le pidió el divorcio tras seis años casados. Pero el acontecimiento que destrozó por completo a la ‘novia de Europa’ fue la muerte de su hijo mayor en un trágico y absurdo accidente el 5 de julio de 1981. El chico había ido solo a casa de los padres de Biasini para hacerles una visita sorpresa. Como había hecho en otras ocasiones, intentó entrar trepando las rejas. Por desgracia, resbaló y quedó atravesado por una de ellas. Falleció poco después en el hospital. “He enterrado al padre y he enterrado al hijo, pero nunca los he abandonado y ellos tampoco me han abandonado a mí”, dejó escrito en su diario.

Romy Schneider en una tierna imagen junto a su hijo David Romy Schneider en una tierna imagen junto a su hijo David (GAMMA-RAPHO)

La desolada actriz intentó recuperar algo de felicidad con el productor Laurent Pétin, su último novio y se fueron a vivir juntos. Romy solo encontraba consuelo en la bebida, el tabaco y las misivas que escribía a su primogénito fallecido. El 29 de mayo de 1982 a las 7.30 de la mañana Pétin la halló muerta en su residencia. Estaba recostada en una silla frente a su escritorio, donde había una carta inacabada de disculpa para anular una sesión de fotos y también una botella de vino vacía y frascos de medicamentos.

Oficialmente su muerte se debió a un paro cardíaco, aunque siempre se sospechó que se trataba de un suicidio, una hipótesis que su amiga Claude Petin negó con contundencia. Ella fue la última en verla con vida la noche anterior y aseguró que Romy no estaba tan mal como para quitarse la vida y que había dejado de beber. No se le hizo la autopsia por expreso deseo de su familia, así que la causa exacta de su muerte siempre estará envuelta en un halo de misterio.

No soy nada en la vida, pero todo en la pantalla

Romy Schneider

Actriz

Romy Schneider fue enterrada junto a su querido hijo el 2 de junio en el cementerio de Bossy-Sans-Avoir, en la periferia sur de París. No asistieron ni su madre ni Delon. Dos meses después su tumba fue profanada y desapareció el diario personal en el que apuntaba absolutamente todo. Hace un mes se repitió tan lamentable episodio. La lápida fue movida de su ubicación original, aunque no hubo señales de que faltara nada en su interior.

Schneider le pidió al cine arte y realidad y ella le ofreció lo mejor de sí misma. Intervino en medio centenar de películas y ganó dos premios César a la mejor actriz: Lo importante es amar (1976) y Una vida de mujer (1978). Su paso por este mundo fue breve pero intenso y puso pasión a todo lo que hizo. “No soy nada en la vida, pero todo en la pantalla”, afirmó. Su legado artístico estará siempre presente para recordar su inmenso talento y belleza.

Su primer marido, Harry Meyen, se suicidó y el hijo que tuvieron en común murió de forma trágica a los 14 años

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