El trato personalizado, la mejor apuesta de los hoteles de la Costa Amalfitana

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Actualizado 14/09/2018 13:37:19 CET

   MADRID, 14 Sep. (CHANCE) –

   Sí, es caro, no nos vamos a engañar, pero el encanto que recoge el conjunto de los pueblos de la Costa Amalfitana no tiene precio. Montaña y playa, pueblos de calles estrechas con mucho encanto, colores blancos pintando las paredes, cerámica y limones decorando cada rincón y carreteras costeras para recorrer con la ventanilla bajada e ir a 30 kilómetros por hora y poder hacer fotos mentales de cada rincón.

   Relajación y felicidad. Esto es lo primero que le viene a la cabeza a cualquier persona que haya hecho el recorrido típico de Sorrento, Positano, Ravello, Vietri, Atrani, Praiano y demás pueblecitos que se ven en no mucho más de un día. Lugares con encanto en los que relajarse en pareja o familia, comer en restaurantes de ensueño con vistas de las que te dejan sin aliento, hacer una excursión a la isla de Capri, tomarte unas copas en el típico garito de italianos y terminar el día descansando en buenos hoteles.

LA IMPORTANCIA DE ELEGIR UN BUEN HOTEL PARA LAS VACACIONES

   Sin referirnos a la Costa Amalfitana en concreto, lo difícil no es encontrar un hotel que tenga un buen colchón donde poder descansar sin levantarse con dolor de espalda. Lo difícil suele ser encontrar un hotel en el que consigan hacerte sentir alguien importante y no sentirse como un simple número de habitación con cara de tarjeta de crédito.

   Pero muchas veces tenemos la mentalidad de que para obtener este trato tan esperado en cualquier hotel tenemos que estar dispuestos a pagar precios desorbitados, pero la verdad del asunto, es que no tiene ningún tipo de correlación. En la mayoría de los casos depende de la existencia, o no, de un Guest Experience manager.

EJEMPLO DE RESORT EN POSITANO CON PRESENCIA DE GUEST EXPERIENCE

   Como experiencia personal, durante un viaje por la Costa Amalfitana decidimos recorrérnosla entera y no pasar más de una noche en ninguno de los pueblos. Esto quiere decir que cada noche dormíamos en un hotel diferente.

   Sin lugar a dudas, nuestra mejor experiencia fue en el resort que elegimos para pasar la noche en Positano. Estaba a unos dos kilómetros del centro, lo que significa unas maravillosas vistas del pueblo y la playa en medio de la naturaleza.

   Un día antes de la llegada al resort, una chica llamada Belén, nos mandó un correo para concretar la hora del check in y facilitarnos información sobre la ubicación del parking y de la entrada al mismo. (Si habéis visitado algunos pueblos de la costa amalfitana sabréis que está todo en una ladera, por lo que las escaleras, cuestas, y entradas a establecimientos poco visibles están a la orden del día).

   Al llegar y nada más dejar el coche, un hombre nos cogió las maletas y nos las subió hasta la recepción del hotel en un montacargas, ya que para conseguir las vistas privilegiadas hay que subir unas cuantas escaleras.

   Una vez arriba esperaba Belén, con una sonrisa enorme deseosa de enseñarnos la habitación que habíamos cogido para aquella noche. De hecho nos cayó tan bien que nos tomamos nuestro Welcome Drink con ella.

   De una forma muy sutil se interesó por nuestro plan para aquella noche y cuando bajamos un poco agobiados por donde cenar a aquellas horas (eran las 22:30, hora razonable para cualquier español) nos había reservado mesa en un restaurante precioso en el centro de Positano y llamado a un taxi para que nos llevase hasta allí. Un auténtico lujo.

   Terminamos de cenar y tras un agradable paseo fuimos a tomar algo a un garito que nos recomendó llamado Music on the Rocks, en primera línea de playa, buena música, ambiente y más vistas espectaculares.

   La noche se hizo larga y nuestro despertar coincidía con el horario de comidas de otras personas, pero aun así y habiendo concretado el día anterior que la hora del desayuno terminaba a las 10.30 de la mañana, Belén nos preparó un desayuno bufet para nosotros, en lo más alto del Resort con unas vistas espectaculares que nos ayudó a recomponer fuerzas después de aquella noche de fiesta.

   Siguiendo con nuestra perfecta estancia, pudimos hacer un late check out sin ningún tipo de problema y aprovechar para darnos un chapuzón en la piscina y terminar de despejarnos.

   A modo personal, después de la confianza que nos brindó Belén y de contarle la ruta que nos quedaba por delante, nos hizo una pequeña guía con lugares, playas y restaurantes que no podíamos dejar pasar.

   Diría que el trato que nos brindó esta persona, fue de lo más agradecido que nos encontramos en el viaje, sin despreciar ni mucho menos a los demás lugares donde nos hospedamos, pero la presencia de Belén como Guest Manager, sin duda me hace que destaquemos la estancia en este resort y no en otro.