Gemma Cuervo, matriarca de las tablas

El teatro rupturista que floreció en los sesenta y los setenta, en España lo dieron a conocer nombres propios como el de Gemma Cuervo. La actriz interpretó en teatro y televisión obras de autores esenciales: Pinter, Camus, Sartre, Albee, Dürrenmatt, Miller, Ionesco, Pirandello, Coward… El quid de las relaciones humanas. El ­matrimonio con Fernando Guillén, fallecido en el 2013, significó además una alianza profesional con frutos artísticos: sus hijos, también actores, Fernando y Cayetana Guillén Cuervo. “Entonces a Fernando y a mi nos llamaban los Burton españoles”, confiesa en referencia al matrimonio entre Richard Burton y Liz Taylor. “Ya de pequeña no veía otro mundo que no fuera el arte, en forma de ballet, teatro o cine”.

A Gemma no se le ha olvidado el catalán de su Barcelona natal, en donde vino al mundo en 1934, aunque no quiere revivir aquella ciudad negra de la infancia que aún le reporta dolor por la muerte de su padre, un joven militar de 36 años que fue asesinado en julio de 1936 en Reus, cuando ella tenía dos años. Fue alumna del colegio de monjas Lestonnac en la Via Laietana y del instituto Montserrat en la calle Copèrnic. “Íbamos con uniforme y sombrerito, pero nunca fui buena estudiante, porque yo entendía las cosas rápido, pero me aburría rápido también”. Vivió en Barcelona hasta los veinte años. Los primeros pasos, literalmente, los dio a los nueve años cuando tenía que cruzar la escena transportando un gran libro. “Era en El gran teatro del mundo de Calderón y el libro se me cayó al suelo”. Los estudios de peritaje mercantil y comercial en la academia Condal se interrumpieron pronto para integrarse en el Teatro Español Universitario (TEU). “La formación recibida allí era muy seria; también fui alumna del Instituto del Teatro donde Joan Magriñà daba clases de ballet”. Estudió canto y educación de la voz con Luigi Canalda. Actuó en el teatro Candilejas de Barcelona pero obtuvo el bautizo profesional en Madrid junto a José Tamayo y Adolfo Marsillach, “un compañero educado y elegante con el que nunca hubo discordia”. Intervino después en una docena larga de piezas dramáticas en el espacio Estudio 1 de TVE. “Eran grandes obras de teatro; en los repartos siempre estábamos Elisa Ramírez, ¿qué habrá sido de ella?, y yo”.

Cuervo en la gala de los premios Goya de 2015
Cuervo en la gala de los premios Goya de 2015
(Fotonoticias / Getty)

A la larga lista de autores extranjeros estrenados hay que añadir los clásicos –Esquilo, Shakespeare, Lope, Molière…– y los contemporáneos –García Lorca, Buero Vallejo, Jardiel Poncela, Jaime Salom, Alejandro Casona, Benet i Jornet…–. Calzar el guante de tantos personajes da fe de una variedad de estilos y registros que pocas actrices pueden exhibir hoy en día. La última ocasión en que la actriz subió al escenario fue con La Celestina en el 2012. “Fue un poco cansado pero me gustó, y ahora lo que me apetece es hacer lo que mi mente y mis fuerzas me permitan”.

La carrera de Cuervo en el cine y en las series de televisión ha sido también importante. La película que nunca olvidará es El mundo sigue de Fernando Fernán Gómez, felizmente recuperada el año pasado. En la pequeña pantalla actuó en episodios ya lejanos como Historias para no dormir y en entregas más recientes como Médico de familia, Aquí no hay quien viva y La que se avecina. En su familia no hay demasiados precedentes teatrales pero sí que descubrió por una carta que su padre formó parte del cuadro artístico de Ávila y que como actor no lo hacía nada mal. Después tan sólo recuerda a una hermana de su madre que estudió Bellas Artes y era pintora.

Gemma Cuervo en la atalaya de los años aún es una mujer con un temperamento inmediato. Nunca ha entendido por qué la creatividad, de la que se siente partícipe, es tan rápida y, en cambio, el mundo va con lentitud. Se siente activa aunque profesionalmente está en un compás de espera. “Me encuentro bien pero la edad limita y debo cuidarme”. Se reconoce tan luchadora como vulnerable por cualquier cosa que le dé pena, “debe ser por la herida de mi padre”. Esta matriarca de las tablas ha visto proyectada su carrera en dos de sus tres hijos. “Es un deleite y una maravilla compartir sus alegrías, con las presencias y con las ausencias”. Como abuela disfruta de seis nietos. Alguno ya está en camino de perpetuar el oficio familiar. Su hija mayor, abogada, es la única que no es actriz y tiene cuatro hijos. “Natalia es tímida, pero muy guapa e inteligente”. Fernando tiene un hijo, guionista de cine, y Cayetana, un crío revoltoso que la sigue por todas partes. Ahora, aunque ha puesto un poco de freno a aquella rapidez, ella sigue con los ojos igual de abiertos, feliz y expectante.

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