Hugh Laurie: El cerebro humano es el último continente que nos falta descubrir

En enero de este año ganó su tercer Globo de Oro por su espectacular labor en El infiltrado, que acompaña a los otros dos que se llevó gracias al doctor Gregory House. Y es que, aunque Hugh Laurie lleva más de 30 años trabajando en el cine, nunca ha tenido la misma repercusión que cada vez que le han llamado de la televisión. En su nueva serie, Chance, el actor británico, que hoy cumple 58 años, encarna a otro médico que no podría ser más diferente que su personaje más famoso, un neuropsiquiatra que transita un territorio demasiado cercano a la locura.

¿Resultó muy complicado lograr que este personaje no se pareciera en nada al doctor House?

No fue tan complicado, pero era algo a lo que tenía que prestarle atención sin hacerle demasiado caso. Si hubiera sido muy consciente tratando de evitarlo, se habría convertido en un problema. Pensar en eso y a la vez no hacerlo no fue simple. Lo cierto es que leí la novela antes que el guión y me pareció irresistible. Apenas la terminé de leer me di cuenta de que probablemente nunca iba a poder interpretar a Eldon Chance porque en definitiva era otra historia de médicos. Sentí que no iba a ser apropiado y me olvidé del tema. Pero a la vez, mi sensación era que se trataba de un mundo completamente distinto al de House. Me parecía que no podía ser algo más diferente, por más que estuviera en el mismo mundo terapéutico. En cualquier caso, una vez que el proyecto se concretó, intenté concentrarme en Chance y busqué que la audiencia no se distrajera al encontrar similitudes, algo que yo creo que no abundan, pero son los espectadores los que tienen que decidir si es así o no.

¿Durante la grabación de Chance descubrió cosas que le distanciaron más del doctor House?

Por supuesto. Siempre sentí que el doctor House era un personaje muy cauteloso, que sabe cuál es el efecto que puede tener en los demás y que sabe cómo manipularles usando esa capacidad. Tiene un gran escudo personal en su sarcasmo, su humor y hasta a veces puede ser cruel. Es un personaje poderoso. Chance, por el contrario, es un hombre muy vulnerable, que se siente protegido por su profesión, su talento para tratar pacientes, y aún así eso no le ha servido para estar completamente a salvo de los insultos y las heridas que le provocan habitar este mundo. Él siente el dolor de la existencia, el de sus pacientes y eso le ha llevado a perder sus últimas defensas. No es un hombre duro, y por encima de todo, es una buena persona. No trae nada del equipamiento típico de los héroes en el cine y la televisión. No es un superhéroe.

¿De qué manera se preparó para el papel?

Hablé con un neuropsiquiatra en Londres. Me pasé todo un día con él. Era un hombre que tendría mi edad y que sabe mucho. Mi padre también era médico, aunque no tenía ninguna especialidad. Cuando se acercaba la Navidad le llegaban montones de tarjetas, algunas botellas de vino y no faltaba alguien que le tejiera un par de medias. Los pacientes siempre estaban muy agradecidos por lo que él había hecho por ellos. Tal vez porque les había curado o había traído un bebé al mundo. Le pregunté a este hombre si alguien le demostraba su agradecimiento cuando llegaban las fiestas y él me dijo que no, porque para cada uno de ellos encontrarse con él había sido un momento sombrío. El neuropsiquiatra no cura a la gente. Los que llegan a él están dañados de manera tan irreparable que lo único que puede hacer él es ayudarles a controlar su condición. Nadie sale de su quirófano diciéndole “gracias doctor, estoy curado”. Por eso tuve que contemplar cómo debe de ser vivir en un mundo en el que no puedes solucionar nada. Sólo puedes ayudar. Yo no podría tener ese trabajo. Me sentiría terriblemente desmotivado sabiendo que no puedo curar. Cuando nosotros nos encontramos con Chance, él ha llegado a la conclusión de que, aunque ha empezado con las mejores intenciones, no puede llegar a la gente, no puede resolver nada y entra en una crisis terrible. Creo que algo que todos los seres humanos desean es ser capaces de provocar un cambio, en lo profesional, en lo emocional o en lo social. Darse cuenta de que él nunca será capaz de lograrlo es durísimo para Chance.

Pero a la vez, la de su personaje es una especialidad muy cautivadora…

Es cierto. Estoy verdaderamente fascinado. La neurociencia me parece algo verdaderamente asombroso. Soy simplemente un actor, pero es un tema que siempre me ha llamado mucho la atención, sobre todo porque falta mucho para descubrir. Dentro de 20 años habrá un Starbucks en Marte. Hemos escalado montañas y hemos descubierto lo que está en el fondo de los mares, pero aún no terminamos de entender qué es lo que hay entre nuestras orejas. El cerebro humano es el último continente que nos falta descubrir para poder entender qué es la conciencia y qué es la identidad. Además soy muy consciente de que aún no hemos podido resolver como sociedad el tema de la salud mental. La tasa de suicidios es el doble que la de asesinatos. La gente vive aterrorizada de lo que les puede pasar, y es mucho más probable que nos matemos nosotros mismos a que lo haga otra persona. Eso habla del increíble dolor y sufrimiento que provocan las enfermedades mentales, y ese es un tema que me fascina. Creo que esa fue la razón por la que me interesé por este proyecto de entrada.

Este año se ganó su tercer Globo de Oro por El infiltrado. ¿Cómo consigue encontrar tan buenos proyectos en televisión?

No lo sé. Me gustaría decir que es parte de un plan cuidadosamente estructurado. En realidad no tengo un plan y nunca lo tuve. Ni siquiera sé si puedo decir que tenga una carrera. Todo se ha dado de una forma completamente aleatoria. Me llega un guión, lo leo, lo entiendo y me gusta, eso es todo. Jamás me he dicho a mí mismo que es hora de hacer un western o una comedia romántica. Nunca he seguido ninguna de las teorías que dicen cómo debe de hacerse una carrera. Yo creo que las cosas se dividen en dos grupos, lo que es bueno y lo que es malo. Después, si es en televisión o en cine, es realmente lo de menos. Yo me siento atraído por cierto material porque creo que puede quedar muy bien, eso es todo. Y luego, uno trabaja tan duro como puede en ese proyecto para lograr que quede bien.

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