La astrofísica que busca vida en otros planetas

De haber nacido hace un siglo, Sara Seager hubiera sido una intrépida exploradora y se hubiera enrolado en alguna de las expediciones a la conquista del polo Sur. Como Scott y Amundsen. Le apasiona adentrarse en lo desconocido. Y sin embargo ya no quedan mundos que descubrir en nuestro planeta. Quizás por ello esta astrofísica canadiense, profesora e investigadora en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Cambridge (Estados Unidos), se ha propuesto hallar otras tierras orbitando otros soles a cientos de años luz de nuestro planeta. Y, sobre todo, vida. Vida alienígena. O al menos, de momento, su huella.

“He tenido que rebajar mis objetivos respecto a lo que creo que descubriremos antes de que muera”, confiesa Seager desde su despacho, en la planta 17 del llamado edificio verde –que es gris– del MIT, desde donde disfruta de unas vistas inspiradoras de buena parte del skyline de Boston, más allá del río Charles. “Antes pensaba que hallaría vida. Ahora creo que http://www.magazinedigital.com/historias/reportajes/adios-los-hombrecillos-verdesencontraremos otra tierra con agua líquida. Y también que podremos leer en las atmósferas de mundos lejanos signos de posible vida extraterrestre”, remacha.

Si bien se había especulado acerca de su existencia durante tiempo, el primer exoplaneta, un mundo candidato a albergar seres vivos, se descubrió en 1995. Aquel año, poco después, se identificaron otros seis y desde entonces, y gracias en buena medida a misiones como la del telescopio espacial Kepler de la NASA, se han identificado alrededor de 4.000 mundos más a miles de años luz. De ellos poco se conoce más allá de su masa y su órbita; están demasiado lejos y la señal que llega a los científicos es demasiado débil para estudiarla en detalle.

“Con la tecnología y las técnicas actuales, si hallásemos Venus y la Tierra en una galaxia lejana, nos parecerían iguales. Seríamos incapaces de ver que uno es un planeta azul con agua, nubes, vegetación, vida, mientras que el otro es un desierto yermo”, señala Seager.

Galardonada con 625.000 dólares en 2013 por la Fundación MacArthur, que distingue a “genios” científicos, por su investigación revolucionaria sobre planetas extrasolares, Seager lidera dos misiones de la agencia espacial americana: TESS (satélite de sondeo de planetas en tránsito, por sus siglas en inglés), y Starshade, ambas con el objetivo de lograr es­tudiar esos mundos lejanos con detalle.

La primera, TESS, que está previsto que sea lanzada en primavera del 2018 y dure al menos dos años, monitorizará a más de 200.000 estrellas para identificar planetas que irán desde el tamaño de la Tierra a gigantes de gas como Júpiter, y analizar sus atmósferas para tratar de detectar moléculas de oxígeno y metano, dos gases asociados a procesos bio­lógicos.

También ha tomado las riendas del proyecto Starshade, un escudo con forma de pétalos de flor con el que pretende bloquear la luz procedente de las estrellas para ver directamente los exoplanetas. La idea surgió en los años 60 y desde entonces ha habido astrónomos cada década que han intentado recuperar el proye

“Si todo sale bien, en el futuro podremos enseñar a los niños en el colegio los detalles acerca de los sistemas planetarios cercanos. La misma historia que les contamos para el sistema solar la podremos repetir con otras 20 estrellas”

cto y ponerlo en práctica. En el 2013 la NASA le pidió a Seager intentarlo.

“Ninguna de las herramientas con las que contamos puede dar con la verdadera tierra alrededor del verdadero sol. La única forma de estudiar su atmósfera es desde el espacio, bloqueando la luz de la estrella para poder mirar”, afirma esta astrofísica, que en su despacho cuenta con una maqueta del escudo solar. “De todo lo que podemos hacer en el espacio para ver exoplanetas, yo apuesto por esta opción”, añade.

Esta misión, que por el momento carece de fecha de puesta en marcha, se centrará en las 20 estrellas más cercanas, como Alfa Centauri, y las mirarán con detalle “para averiguar todo acerca de los planetas que las orbitan”. De momento, ya han realizado algunas pruebas en el Valle de la Muerte, en Nevada (EE.UU.) y han demostrado que pueden fabricar el escudo con la elevadísima precisión que requiere y que Starshade funciona.

“Si todo sale bien, en el futuro podremos enseñar a los niños en el colegio los detalles acerca de los sistemas planetarios cercanos. La misma historia que les contamos para el sistema solar la podremos repetir con otras 20 estrellas. Ese es nuestro objetivo con Starshade, apostilla esta canadiense.

Loading...