La discreta heredera de la mujer más rica del mundo

El 12 de abril de 1960 el niño Eric Peugeot, hijo del presidente de la empresa automovilística, de cuatro años y medio, fue secuestrado en la guardería del Golf de Saint-Cloud. Su padre pagó el rescate y fue liberado enseguida. Se dice que aquel suceso impactó fuertemente en Liliane Bettencourt, la mujer más rica del mundo, heredera del imperio cosmético L’Oréal.

La única hija de Liliane era entonces una niña y aquel caso hizo a Liliane muy temerosa de un secuestro. Tanto más, cuando, años más tarde, se supo que los secuestradores de otro magnate industrial, el barón Edouard Empain, habían barajado secuestrar a alguien de la familia Bettencourt…

En cualquier caso, la hija única de Liliane, Françoise Bettencourt, creció entre guardaespaldas, arropada por los miedos de su madre. Ahora que Liliane ha muerto, en septiembre a los 94 años de edad, crece el interés hacia su hija y heredera, Françoise.

Se sabe poca cosa de Françoise Bettencourt, a la que la prensa ha presentado como sucesora en el título de su madre: nueva “mujer más rica del mundo”. Algunos discuten ese título, otorgado por la revista Forbes, especializada en fortunas, y la agencia Bloomberg. Hay acuerdo en que Liliane cuya fortuna se estimaba por encima de los 35.000 millones de euros, era “la mujer más rica del mundo”. Pero, ¿lo es su hija?

La fabulosa herencia del grupo L’Oréal no es nueva: la recibió de su madre hace muchos años, en 1992

Françoise ha heredado dos tercios de esa fortuna. De hecho, ese legado lo recibió hace muchos años, en 1992, cuando Liliane organizó su herencia, quedando ella como usufructuaria. El tercio restante pasó a los hijos de Françoise, Jean-Victor y Nicolas Meyers. Así que, haciendo números la fortuna de Françoise queda por debajo de la de Alice Walton (31.800 millones), heredera del imperio Walmart.

Lo que nadie niega es el título de “mujer más rica de Francia” y segunda fortuna del país, solo por detrás del ínclito Bernard Arnault (propietario del imperio LVMH), pero lo más probable es que a Françoise Bettencourt todos esos títulos que se desprenden de su macrofortuna le traigan bastante sin cuidado.

En su entorno se la describe como una mujer de familia, que pasa muchas horas en casa to­cando el piano, estudiosa, autora de varios libros sobre mitología griega y un sesudo estudio en ­cinco tomos sobre la Biblia, y ­desde luego nada amante de salir en revistas ni hacer vida de sociedad en el triste mundo de los famosos.

“Es una mujer sobria que se siente más cómoda con su piano y sus libros que en el mundo de las finanzas y los grandes negocios”, dice el periodista Tom Sancton, especialista en el caso Bettencourt, la operación de sacarle los cuartos a la anciana Liliane (hasta el partido de Nicolas Sarkozy metió cuchara en aquel pote), escándalo que Françoise atacó y ganó judicialmente.

Sus relaciones con Liliane fueron bastante tensas. Según la revista Capital, Françoise estudió en un cole caro para hijos de rico de Neully, la periferia pudiente de París, en el que las excursiones a la ciudad se hacían con guardaespaldas. Las diferencias entre madre e hija se acrecentaron con el matrimonio de Françoise con Jean-Pierre Meyers, nieto de un rabino muerto en Auschwitz. Liliane intentaba que su hija alternara con otros chicos más de su gusto, pero Jean-Pierre ganó. Los dos hijos del matrimonio fueron educados en la religión judaica, lo que tampoco gustaba a la abuela… En cualquier caso, nada de eso impidió que Françoise recibiera a los 39 años el grueso de su herencia de manos de su madre, ni que su marido asumiera cargos de la máxima responsabilidad en el imperio L’Oréal.

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