La inconformista Kristen Stewart

Kristen Stewart fue una de las estrellas que visitaron la 70.ª edición del festival de Cannes, que finalizó el pasado domingo. La actriz lució el look inconformista que lleva desde hace dos meses pelo cortado al uno y rubio platino. Su vestido de Chanel, la firma de la que es imagen, era moderno a la vez que deportivo, inspirado en la antigua Grecia, y se había presentando en la pasarela sólo dos semanas antes. Era una falda tobillera con tirantes en gris metalizado y un top de color nude. Estaba en las antípodas de los atrevidos y espectaculares trajes que se habían visto en la alfombra roja, pero la crítica especializada lo señaló como uno de los mejores vestidos que han pasado por el festival.

La actriz californiana sorprendió el pasado 8 de marzo en el estreno en Los Ángeles de su último filme, Personal Shopper, con el pelo casi rapado y rubio platino. Es habitual estos cambios de look y más cuando en alguna ocasión ha manifestado su deseo de raparse el pelo y hacerse un tatuaje en el cuero cabelludo, pero en esta ocasión lo ha hecho por exigencias del guión, para Underwater, la película que está rodando actualmente.

Hace unos cinco años que Kristen Stewart se cortó su melena y ha ido cambiando de peinado, de estilo y de color. Si Sansón perdió su fuerza al cortarle el pelo, la actriz ha conseguido mantener intacta su elegancia, tal como ha quedado demostrado en Cannes. En el 2012, Stewart tenía 22 años y estaba en la cresta de la ola gracias al éxito de las cuatro películas de la serie Crepúsculo. Su rostro dulce, su mirada tímida y su larga melena enamoraban no sólo en la pantalla sino también en el mundo de la moda y la revista Detrás de ella se situó Emma Watson. Las dos actrices, curiosamente, se llevan sólo seis días de diferencia. La estadounidense nació el 9 de abril de 1990 y la británica el día 15.

Stewart tenía un estilo natural y a la vez juvenil. Siempre aparecía –y sigue apareciendo– con vestidos mini, y altísimos tacones que estilizaban aún más sus piernas. La melena normalmente suelta y ligeramente despeinada gracias al escalado de su corte, y a veces incluso con el efecto mojado, que dejaban al descubierto sus orejas siempre sin pendientes. Su personaje en Crepúsculo, la película que la lanzó a la fama, estaba algo torturado por haberse enamorado de un vampiro y algo de eso quiso trasladar a su rostro enmarcando sus ojos azules con lápiz negro y maquillando de oscuro sus ojeras.

Esa dureza en la mirada sería el primero de los continuos cambios de look que ha experimentado Kristen Stewart desde hace cinco años. Fue a finales del 2012 cuando acabó su relación con Robert Pattinson (su pareja en Cre-) a causa de su infidelidad de ella con Rupert Sanders, el director de Blancanieves y la leyenda del cazador. Kristen volaba sola y al tiempo que asumía otros riesgos como actriz empezaba su idilio con la moda, Louis Vuitton, Burberry… todas las firmas la querían en la primera fila de sus desfiles y Balenciaga la fichó primero como imagen y luego Chanel. Los cambios de pelo, cada vez más atrevidos, y los tintes más negro, más rojo o más rubio se iban alternando sin modificar su elegancia rompedora y moderna que paseaba en las alfombras rojas. En su vida privada, en cambio, las gafas de sol, las capuchas, los gorros y las sudaderas eran el uniforme con el que ocultarse de la atención mediática. Primero como ídolo juvenil y luego por sus amores femeninos, que ella no ha confirmado.

Pero esos continuos cambios de look no se deben a inseguridad, sino a hacer lo le apetece en cada momento, como el pasado febrero, que se enfrentó a Donald Trump. Cuando rompió con Pattinson, él escribió varios tuits como: “Robert, déjala. Ella te engañó y lo volverá hacer”. Kristen explicó que tal vez Trump lo hizo porque estaría enamorado de su novio y añadió: “Donald, si no te caía bien en el pasado, probablemente tampoco te caeré bien ahora porque además de ser la anfitriona de Saturday Night Live, soy tan gay, tío”.

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