La renuncia por amor de la princesa Mako de Japón

La nieta mayor del Emperador Akihito dejará la Familia Real para casarse con un plebeyo

Por amor. Esa es la poderosa razón que llevará a la princesa Mako de Japón a renunciar a sus privilegios reales para casarse con un plebeyo. A sus 25 años, la nieta mayor del Emperador Akihito se ha comprometido con Kei Komuro, quien tiene su misma edad y fue su compañero en la Universidad Cristiana de Tokio, según anunció el martes la televisión pública NHK.

Hija del príncipe Akishino, segundo vástago del Emperador y hermano del Príncipe Heredero Naruhito, Mako perderá su estatus real al contraer matrimonio. Tal y como establece la Ley de la Casa Imperial, tendrá que abandonar la Familia Real, reduciendo aún más sus ya escasos miembros.

La dinastía monárquica nipona, que lleva a gala ser la más antigua del mundo, está formada en la actualidad por 19 miembros, de los que solo cuatro son varones: el Emperador Akihito, de 83 años; el Príncipe Heredero Naruhito, de 57; su hermano el príncipe Akishino, de 51; y el príncipe Hisahito, de 10, hijo de este último y hermano de la princesa Mako. Debido a la ley sálica que rige en Japón, solo los hombres pueden ocupar el Trono del Crisantemo, lo que ha desplazado a las mujeres de la Familia Real y reduce las posibilidades para la sucesión.

Como ejemplo sintomático de la menguante y avejentada sociedad nipona, su Familia Imperial sigue perdiendo miembros mientras el actual soberano, Akihito, prepara su abdicación por motivos de salud. Anunciada el pasado verano, su renuncia será la primera en dos siglos en el imperio del Sol Naciente y empezará a tramitarse tras ser aprobada ayer por el Gobierno.

Ley sálica

Al debate social abierto por su abdicación se suma ahora la marcha de la princesa Mako, que vuelve a poner de manifiesto el tradicionalismo de la monarquía nipona por impedir que las mujeres accedan al trono. A pesar de las voces que exigen su modernización y la abolición de la ley sálica, el secretario jefe del Gabinete, Yoshihide Suga, aseguró esta semana que «no hay ningún cambio en nuestra visión para considerar nuevos pasos que aseguren una estable sucesión imperial», informa la agencia Reuters. Pero otros expertos citados por los medios japoneses, como Hidehiko Kasahara, profesor de la Universidad de Keio, temen que «bajo el actual sistema, se corre el riesgo de que Hisahito (nieto menor del Emperador) sea el único que quede en la Familia Imperial».

Mientras tanto, su hermana mayor, Mako, se dispone a empezar a una nueva vida con su particular y muy plebeyo «príncipe azul», el abogado Kei Komuro. Compensando en parte la pérdida de su estatus real, Mako podrá al menos conformarse sabiendo que su prometido es el «Príncipe del Mar». Así lo apodaron en el pasado los medios cuando promocionó el turismo en las playas de Shonan, en la prefectura de Kanagawa. Empleado en un bufete de Tokio, a cuyas puertas es asaltado estos días por los periodistas, Komuro prefiere no hacer ninguna declaración hasta «el momento oportuno», se excusa entre reverencias. Gran aficionado al mar, el esquí, el violín y la cocina, el joven conoció a la princesa Mako hace cinco años. Una vez presentado a sus padres, en los próximos meses se anunciará oficialmente el compromiso y el enlace podría celebrarse el año que viene.

Licenciada por la Universidad Internacional Cristiana, la joven princesa tiene un Máster en Arte por la Universidad de Leicester y trabaja en un museo de Tokio algunos días, cuando se lo permiten sus obligaciones reales. Representando a la Familia Imperial, Mako ha viajado durante los últimos meses a Latinoamérica para participar en actos protocolarios.

Pero esa vida se acabará cuando se case con Kei Komuro. Igual que le ocurrió a su tía Sayako, hija de los emperadores, tras contraer matrimonio con el plebeyo Yoshiki Kuroda, funcionario del Departamento de Urbanismo en Tokio. Incluso en un país tan formalista como Japón, el corazón siempre supera a la razón.

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