Los políticos también lloran

Después de casi dos años de haber sido diagnosticado de un cáncer terminal en el cerebro, el líder de la banda de rock The Tragically Hip, Gordon Downie, moría el pasado martes a los 53 años. La noticia no solo conmocionó al mundo de la música, sino que también tocó la fibra sensible del primer ministro canadiense Justin Trudeau, gran amigo del vocalista, que se despidió de él con un emotivo discurso.

Trudeau lamentó su pérdida ante las cámaras y confesó que sacó “fuerza e inspiración del mejor compositor de la nación” para poder sobrellevar con optimismo su cargo. Mientras pronunciaba sus palabras de despedida, no pudo evitar que se la cayera alguna que otra lágrima. Esto sorprendió a la mayoría de los telespectadores que le estaban escuchando en directo, no se sabe muy bien por qué, pues nadie debería olvidar que, aunque a veces puedan entrar dudas, los políticos también son seres humanos.

A Justin Trudeau se le escaparon las lágrimas hablando de su fallecido amigo Gordon Downie, líder de la banda de rock ‘The Tragically Hip’

Pero el canadiense no ha sido el único que alguna vez se ha roto ante las cámaras. Otro caso, en su día muy mediatizado, fue cuando Barack Obama se emocionó al recordar a menores muertos en tiroteos durante un acto en la Casa Blanca, en el que le acompañaron familiares de algunas de las víctimas. Era una de las primeras veces que le veíamos abrirse de este modo ante el público, pero no la única, pues también rompió a llorar cuando dejó por primera vez a su hija Malia en la universidad, algo que comparó con “una cirugía a corazón abierto”.

La cercanía que Obama siempre ha mostrado con sus seguidores ha marcado un antes y un después en el ámbito político. Conocedor del lenguaje corporal como pocos, el expresidente estadounidense nunca ha sido partícipe de esconder sus sentimientos y ha apostado por mostrarse transparente de todas las formas posibles, también con sus lágrimas.

Berlusconi también se secó las lágrimas durante una visita al Parlamento de Israel, cuando Benjamin Netanyahu recordó cómo la madre del italiano ayudó a una niña judía durante la Segunda Guerra Mundial, algo que conmocionó al entonces primer ministro de Italia.

Pero, por increíble que parezca, pues siempre se ha esforzado en mostrar su faceta más chulesca e irónica, ‘il cavalieri’ se ha emocionado públicamente en muchas más ocasiones. Lo hizo durante la muerte del Pontífice Juan Pablo II y también durante el funeral en 2009 de varios soldados italianos muertos en Afganistán.

Imagen de archivo de Berlusconi llorando durante un funeral de Estado
Imagen de archivo de Berlusconi llorando durante un funeral de Estado (Reuters)

Las mujeres tampoco se escapan en este peculiar ranking, empezando por Esperanza Aguirre. A diferencia de los anteriores mencionados, las lágrimas de la exportavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid vinieron acompañadas de polémica, pues lamentó la detención del que era su sucesor, Ignacio González, por supuesta corrupción en el Canal de Isabel II. Expertos en comunicación no verbal analizaron la situación en su día y llegaron a la conclusión de que Aguirré “explotó” y lloró “por pura tensión”.

Tras el encarcelamiento de su número dos, Aguirre aseguró sentirse “acorralada”, pues todos los focos se centraron en ella, a quien también aprovecharon para acusar de corrupción. En su defensa, añadió que “jamás nadie puede acusarme de haber hecho alguna cuestión incorrecta”.

Pero no ha sido la única política española que ha estallado. Prueba de ello fue Alfredo Pérez Rubalcaba y Patxi López durante un acto de partido en el que se recordó el comunicado de ETA del “fin del terrorismo”. El candidato socialista compareció en Ferraz con voz temblorosa y ojos vidriosos, quedándose al borde del llanto. Eso le valió la ovación de todo su equipo, que aplaudió el gesto de emoción.

Tras el encarcelamiento de Ignacio González, Esperanza Aguirre aseguró sentirse “acorralada”, pues todos los focos se centraron en ella, y rompió a llorar

En Argentina, Cristina Fernández de Kichner también mostró sus sentimientos al hablar de su difunto esposo, Néstor Kirchner: “Qué corazón que tenía, tan grande que no le entró en el cuerpo. Tan grande que le estalló de tanto pelear por mi, de tanto defenderme, de tanto quererme”. Acto seguido enmudeció, pues creyó haber perdido el control de sus sentimientos. Lejos de ello, se disculpó por hacer “una sesión de terapia pública”, algo que, aseguró, “necesitaba profundamente”.

Siguiendo con las acusaciones de corrupción se encuentra el expresidente de Brasil Lula Da Silva que, a lágrima viva, aseguró que si la Justicia de su país probaba un acto de corrupción de su autoría, iría “caminando a la cárcel”. El juez Sérgio Moro condenó a nueve años y seis meses de cárcel a Lula por corrupción y blanqueo de dinero por el caso del apartamento de lujo de Guarujá, un inmueble que según los investigadores el líder del Partido de los Trabajadores (PT) recibió como forma de propina de manos de la constructora OAS, una de las implicadas en el escándalo de corrupción de Petrobras.

El pasado mes de septiembre, Da Silva acudió por segunda vez al banquillo, esta vez algo más sereno. El ex mandatario negó nuevamente todas las acusaciones y lamentó estar siendo “víctima de una cacería”. “Soy perseguido por las cosas buenas que he hecho”, lamentó.

Lula Da Silva rompe a llorar tras ser acusado de corrupción
Lula Da Silva rompe a llorar tras ser acusado de corrupción (AP)

Y, como ellos, un sinfín de políticos más, pues esto no deja de ser una pequeña lista de los lloros más “mediatizados”. Su posición les obliga a mostrarse al mundo como personas fuertes y líderes a los que nada ni nadie puede tumbar, pero es importante recordar que todos ellos, sin excepción, son de carne y hueso.

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