Los secretos más oscuros de Trump, al descubierto

Las imprentas están al rojo vivo desde que hace una semana salió a la venta Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca de Trump , el libro que el magnate nunca quiso que viera la luz. El éxito del manuscrito es tal que encabeza las ventas de libros de Amazon, el puesto más codiciado del mundo editorial. Encantadas con el tirón, las librerías piden más reposiciones, pues quieren responder a las largas colas que se forman en sus puertas, algo que hace tiempo no sucede.

El libro destripa lo que sucede en la vida del multimillonario, un hombre que no quería ser presidente, solo ganar popularidad para abrir su propio canal de televisión. Únicamente su mujer creyó que alcanzaría el éxito aunque, cuando lo hizo, se puso a llorar toda la noche porque no quería trasladarse a Washington y tener que convivir con él. Estaba harta de ser una ‘esposa-trofeo’, y es que el presidente de EE.UU. presume de ella en público y habla de su físico, pero no la quiere. O al menos eso asegura Michael Wolff, el autor del libro. Supuestamente, Melania aceptó casarse porque “a los 27 años su carrera estaba acabada debido a su inexpresividad como modelo”, explica.

Melania y Trump son el segundo matrimonio presidencial, después de los Kennedy, que duerme en camas separadas

La boda fue una última salida para conseguir un alto nivel de vida y, de hecho, la actual primera dama hubiera sobrellevado las manías de Trump si éste no se hubiera cargado la relación con sus “múltiples” infidelidades. Durante los primeros años, y “a modo de agradecimiento”, Melania era sumisa, pero, finalmente, cansada de tantos desaires, también acabó teniendo relaciones extramatrimoniales. Pero no es exclusivamente eso lo que realmente avergüenza a la exmodelo, sino las frases sexistas de su marido, como el día que dijo que “si eres famoso puedes hacer lo que quieras, incluso cogerlas del coño” o su teoría de “cuantos más años de diferencia haya en el matrimonio, mejor aceptará que le seas infiel”. Unas palabras con las que Melania se sintió profundamente humillada. No obstante, desde mucho antes no compartían cama, siendo así el segundo matrimonio presidencial, después de los Kennedy, que duerme en camas separadas.

El periodista de 64 años llegó a esta y otras controvertidas informaciones halagando a la Casa Blanca y a su administración, ganando acceso y aceptando todo tipo de cenas, tal y como ha reconocido su entorno en más de una ocasión. Pero no son solo los secretos de alcoba los que destapa el libro, sino que también refleja algunas peculiaridades familiares, como la gran meta de Ivanka: llegar a ser algún día la primera presidenta de EE.UU, en vez de Hillary. Al parecer, su marido, Jared Kushner, tiene las mismas aspiraciones, pero la pareja ha llegado a un acuerdo de que ella será la primera en optar a la presidencia.

Imagen de archivo de Donald Trump junto a su familia durante un meeting
Imagen de archivo de Donald Trump junto a su familia durante un meeting (Dennis Van Tine / GTRES)

Las ambiciones de la hija de Trump no sorprenden, pues en más de una ocasión ha acompañado a su padre y desempeñado las funciones de primera dama. Un protagonismo del que no gozan sus dos hijos varones adultos, Donald Jr. y Eric, que aseguran sentirse discriminados por su padre, que además los trata en público como a tontos. Algunos colaboradores de Trump incluso llaman ‘Fredo’ a Donald Jr., como el hermano tonto de los Corleone en El Padrino.

Además del entorno, el libro también focaliza en la propia figura del presidente y le describe como “una persona nada preparada para gobernar y muy inestable emocionalmente”. El autor asegura que incluso algunos de sus colaboradores dudan de su salud mental. Y es que, entre otros motivos, el presidente de EE.UU. colecciona una serie de peculiares manías, como no dejar que absolutamente nadie toque sus sábanas, ni siquiera para sustituirlas. También quiso poner un candado en su puerta, pero el Servicio Secreto se lo impidió “por seguridad”. Pero su inestabilidad no acaba aquí, pues parece ser que el magnate sufre importantes problemas de concentración, consecuencia probablemente de pasarse entre 6 y 8 horas diarias mirando la televisión. En las reuniones siempre tiene una pantalla sin sonido de fondo en el que lee los subtítulos mientras se supone que está escuchando. Por si fuera poco, se niega a leer informes escritos y exige que se los cuenten.

En cuanto a lo que su dieta respecta, Trump bebe 12 bebidas de cola al día y solo toma comida del McDonalds, que compran para él de forma anónima por el “gran miedo” que tiene a ser envenenado. Su mala alimentación le ha llevado a ser el presidente más obeso de la historia de su país, con 120 kilos, algo que disimula con trajes a medida y grandes hombreras que ocultan su tripa.

El autor, así como algunos colaboradores de Trump, califican al magnate de una persona con “notable inestabilidad mental”

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