Mako, la princesa que renuncia a sus derechos por amor

Cuando la princesa Mako, la nieta mayor del emperador japonés Akihito, anunció a principios de mes su compromiso con un compañero de la universidad, hizo algo más que un simple anuncio de boda. Dio a conocer su voluntad de renunciar a su condición de miembro oficial de la Casa Imperial por amor, pero también reavivó el debate político y social acerca del papel secundario de la mujer en la monarquía japonesa.

Con su decisión de casarse con Kei Komuro, de 25 años y que trabaja de asistente en un bufete de abogados de Tokio, la hija mayor del príncipe Akishino y la princesa Kiko, también de 25 años de edad, seguirá los pasos de su tía Sayako. La menor de los tres hijos del emperador, que en el 2005 se casó con un urbanista del ayuntamiento de Tokio, se convirtió en plebeya y pasó a vivir como una japonesa más en un piso de una habitación en el barrio de Shibuya, antes de mudarse a un dúplex.

A partir de ahora, a esta joven princesa, licenciada en Arte y Patrimonio Cultural por la Universidad Cristiana Internacional de Tokio, se le abre un universo nuevo. Para familiarizarse con su futura vida la agencia de la Casa Imperial le impartirá unos cursos básicos de como administrar una casa, al igual que hicieron con ­Sayako; es decir, cómo cocinar, limpiar o comprar en un supermercado. Tareas que ahora no perturban su jornada como investigadora en un museo de la capital nipona.

La iniciativa de esta Kate Middleton japonesa –como la bautizó la prensa británica cuando se enteró que cursaba un máster sobre arte y museos en la universidad británica de Leicester en el 2015– de renunciar a sus derechos como miembro de la familia imperial por amor ha reabierto por otra parte el debate sobre el futuro de la dinastía japonesa. Un dilema que no es otro que el papel de la mujer en la línea sucesoria al trono del Crisantemo.

La prensa británica la bautizó como la Kate Middleton japonesa tras cursar un máster en Leicester

Y es que la monarquía más antigua del planeta vive tiempos difíciles. Actualmente está compuesta por 19 miembros pero, además del emperador Akihito, de 83 años, sólo hay tres varones que puedan acceder al trono: el príncipe heredero Naruhito (57 años), el príncipe Akishino (51) y el príncipe Hisahito (10 años). Una situación provocada por la ley que rige la casa imperial, vigente desde 1947 y que otorga un papel secundario a la mujer.

Esta normativa no sólo impide a las princesas convertirse en emperatrices, sino que excluye asimismo a sus hijos varones de la línea dinástica. Unos principios que son contestados por la mayoría de japoneses. Según una encuesta reciente, el 86% de la población está a favor de que las mujeres puedan reinar y un 75% que sus descendientes puedan acceder también al trono.

Ante esta disposición las princesas sólo tienen dos alternativas. Una es formar una familia, renunciar a pertenecer a la familia imperial y convertirse en una mujer japonesa de su tiempo. La otra es permanecer en palacio, soltera, ejerciendo tareas oficiales de representación y desarrollando la profesión para la que se han preparado. Un camino que había empezado a desarrollar Mako en el 2011, cuando trabajó de incógnito como voluntaria en áreas afectadas por el tsunami que castigó la región de Fukushima en el 2011. Prosiguió en el 2015, cuando hizo su primer viaje oficial a El Salvador y Honduras. Una misión que repitió en 2016 en Paraguay y este año en Bhután.

Esta vida de princesa se le terminará en la segunda mitad del 2018, cuando se prevé que tenga lugar la boda con su prometido, al que conoció en el 2012. A partir de ese momento se convertirá en Mako Komuro y ganará sus derechos ciudadanos, como votar. Y pagar impuestos.

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