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Máximo Huerta: «Nunca se puede dejar de luchar. La libertad cuesta mucho conseguirla, pero se puede perder en un solo día»

Máximo Huerta comenzó su carrera como periodista, y aunque lo sigue siendo y disfruta como nadie de su trabajo, ha sabido diversificarse y triunfar también como escritor. Tenía un puesto fijo en ‘El Programa de Ana Rosa‘, pero lo dejó para marcharse a París a empezar una nueva vida y para escribir. Viendo el éxito obtenido con sus libros está claro que acertó con su decisión. El escritor ha publicado en mayo de 2020 ‘Con el amor bastaba’, libro de la editorial Planeta que tiene como protagonista a Elio Ícaro, un niño que es capaz de volar. La novela, que es un canto a la libertad y a la aceptación, fue la excusa para que Máxim Huerta concediera una entrevista a Bekia en la que hubo tiempo para hablar sobre ‘Con el amor bastaba’, sobre su carrera como periodista, escritor y también sobre su paso por el Ministerio de Cultura. Máximo Huerta no eludió ningún tema con generosidad y simpatía.

Bekia: ¿Cómo te llegó la inspiración para ‘Con el amor bastaba’?

Máximo Huerta: Nuestro paso por el mundo es limitado, y un escritor al final tiene que aprovechar todas sus experiencias. Empecé a escribirlo después de dimitir (como Ministro de Cultura), pero desde hace años deseaba escribir una historia sobre la libertad, sobre la reivindicación de uno mismo, sobre la capacidad de volar, porque es un sueño recurrente desde niños y me fui a La Provenza, me alquilé una casita y ahí empecé a escribir esta historia. La Provenza es un lugar que es el imperio de los sentidos, los aromas, los colores… y ahí es donde nace ‘Con el amor bastaba’.

B: Alguien hace algo extraordinario como le pasa a Elio Ícaro y la gente quizás le aplaude o le señala. ¿Es por miedo, ignorancia, envidia por todo lo anterior?

M.H: Uno nota que es diferente, como el protagonista, no por la particularidad que nos hace únicos, sino por la mirada de los demás. En este libro uno se pregunta cómo actuamos los demás frente a la diferencia, cómo actúa la familia de Elio o cómo actuamos todos. Por eso en esta novela reivindico el valor de la diferencia frente a lo que llaman normalidad. Todos somos especiales, todos somos únicos, todos somos raros, todos somos particulares, así lo dice el hermano de Elio también, y todos necesitamos amor. Esta es la reivindicación fundamental que se hace en esta historia, en una trama en la que hay personajes, instintos, deseo, represión, felicidad y también crítica social. Cómo somos y cómo nos enfrentamos al diferente.

B: «Intentaré ser normal», dice Elio Ícaro en ‘Con el amor bastaba’. Pero, ¿qué es ser normal?

M.H: No lo sé. Nadie es normal, pero todos intentamos pertenecer a la masa, desde niños. Intentamos pertenecer al grupo vistiéndonos con las mismas zapatillas, las mismas camisetas… Vamos creciendo y en la adolescencia también quieres pertenecer al grupo y que te gusten las mismas cosas que le gustan a tus amigos. Intentamos ser como los demás cuando lo maravilloso de la vida es ser único, ser particular y diferente. Todos somos raros. Hay que reivindicar la diferencia.

B: Da la sensación de que nos pasamos la vida queriendo destacar, y cuando podemos hacerlo, queremos ser normales. ¿Se valora realmente la diferencia?

M.H: No, la sociedad castiga mucho la diferencia. Castigamos el acento diferente, la forma de vestir diferente, la sexualidad diferente o los pensamientos diferentes cuando lo maravilloso de la vida es que seamos todos tan particulares y aprender de la diferencia. Eso es el mejor arcoíris, eso es la libertad, ser más transparentes… porque nosotros vamos a ser más felices siendo únicos y el mundo será mejor si valoramos la diferencia.

B: El libro es un canto a la búsqueda de la aceptación y la libertad. ¿Qué es más fácil de encontrar?

M.H: Creo que todo es un camino. La vida consiste en acostumbrarse a perder (familia, amigos, trabajos), es un acostumbrarse a perder y un camino en el que el secreto de ir hacia delante es empezar. No sé qué es más fácil conseguir, pero el secreto es empezar y seguir caminando.

B: El libro también habla de la culpa. ¿Te has sentido culpable injustamente alguna vez?

M.H: Nunca. Es un sentimiento religioso casi de confesión. ‘Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa’. Eso lo hace la mirada de los demás. Las cosas de las que me he sentido culpable son asuntos personales y de eso ya me confieso en la intimidad.

B: ¿Te ha costado aceptarte a ti mismo?

M.H: Cuesta mucho ser uno mismo. Cuesta mucho parecerte al que quieres ser, al que te gustaría ser. Cuesta mucho tiempo y mucho recorrido. Nos pasamos media vida intentando ser como otros y luego nos damos cuenta de que lo que tenemos que ser es como nosotros nos sentimos felices. En mi caso y en el de todo el mundo perdemos mucho tiempo con mochilas de prejuicios, con plomo en las piernas que nos impide volar y ser felices.

B: Buscamos una versión mejorada de nosotros mismos y no nos damos cuenta de que esa versión no existe

M.H: Eso es, esa versión no existe. Queremos ser como quieren los demás que seamos o nos mostramos como a los demás les gustaría vernos. No, hay que mostrarse tal y como uno es. Bueno, más allá de la educación y de otras virtudes, obviamente. En eso consiste el ser humano, en lo maravilloso que es que no haya nadie igual que tú.

B: ¿Cuál es tu personaje favorito de la novela y por qué?

M.H: El hermano de Elio. Yo no tengo hermanos, soy hijo único y como decía Ana María Matute ‘hay que inventar la vida porque la vida acaba siendo verdad’. Yo no he tenido hermanos, pero me los invento en las novelas. El personaje del hermano de Elio me parece muy especial. Siempre me he fijado en cómo son los que tienen hermanos y cómo pasan del odio al amor, cómo se ignoran, cómo se pelean, cómo se necesitan y cómo se apoyan de manera incondicional. Ese recorrido que se ve en la novela me parece muy especial en la historia. Desde el principio, cuando son más jovencitos hasta el final, cuando ya son mayores, la evolución de los hermanos me gusta mucho.

B: ¿Has tenido la sensación de que los demás viven cosas que tú nunca puedes vivir o experimentar como siente que le ocurre a Elio?

M.H: No lo sé, pero el ser humano es envidioso por naturaleza. Envidia el coche de los demás, la casa de los demás, el físico, la talla, el color de ojos… Somos envidiosos y eso no nos hace mejores. Creo que yo no he sentido eso.

B: Vicente, uno de los personajes más desagradables de la novela, le dice a Elio: ‘Eres un maricón. Me das asco». ¿Hasta cuándo va a tener que escucharse algo así?

M.H: Confío en que la vida vaya a mejor, pero hay que seguir peleando por las libertades conseguidas. Cuesta mucho conseguirlas, pero las perdemos en un solo día. Hay mucha homofobia, a la mínima, me da igual del partido o de la ideología que sea, un padre grita ‘maricón’ al árbitro desde las gradas en un partido de niños o adolescentes. La homofobia está tan pegada como el racismo o como el machismo. Hay que ir penándolo, dejando en evidencia a quien lo haga. Pero confío en el ser humano. Por eso esta novela habla de la diferencia y reivindica la diferencia, que seamos con el tiempo todos más tolerantes, pero no se puede nunca dejar de luchar porque la libertad cuesta mucho conseguirla, cuesta mucho conseguir derechos, pero se pueden perder en un solo día.

B: ¿Has conocido y sufrido a algún Vicente a lo largo de tu vida?

M.H: Claro, desgraciadamente es habitual. Uno escribe para llenar vacíos, para tomarse desquites contra la realidad y las circunstancias. Me encanta haber creado este personaje para que quede en la novela como una evidencia de lo que no debe ser un ser humano.

B: ¿Cómo ha cambiado tu vida desde que comenzó el confinamiento? ¿A qué has dedicado la mayor parte de tu tiempo? Me imagino que bastante a escribir

M.H: Escribir, sí. Te lo iba a decir al final, pero ya que has empezado por eso. Me propuse levantarme a la misma hora todos los días, a las 08:00 horas. Desayunaba dos veces, creo que por aburrimiento, y después me quedaba escribiendo porque tenía una novela que triunfó mucho y en la que disfruté mucho y como me conozco los lugares de la novela, la geografía y ese espacio mental estoy construyendo la segunda parte de una de mis novelas más famosas. He escrito mucho, pero sobre todo he pintado acuarelas, he leído mucho, he visto mucho cine y he hecho mucha llamada. Creo que lo que más he hecho es hablar a pesar de vivir en soledad. Pintar, leer y hablar.

B: ¿Te esperabas la cancelación de ‘A partir de hoy’? ¿Te lo esperabas? ¿Cómo recibiste la noticia?

M.H: No me lo esperaba. Recibí la noticia por teléfono, videollamada y me lo dijeron. ‘¿Hablamos dentro de media hora por videollamada?’ Dije que sí y ya me dijeron que cancelaban el programa, que no iba a seguir y fue una sorpresa triste. El disgusto ha pasado, obviamente ya no tengo ningún disgusto porque para avanzar hay que olvidar, pero me duele mucho por mis compañeros, que han estado dos meses en un ERTE esperando volver. Un ERTE significa que tú vas a volver y han acabado en el paro. No es muy elegante cerrar un programa en una pandemia y en un estado de alarma. Hay momentos más óptimos para cambiar el programa que en medio de una pandemia, pero bueno, ‘donde hay patrón no manda marinero’. Me duele muchísimo porque era un gran programa, pero me duele muchísimo por mis compañeros. Yo ahora estoy con el libro, estoy escribiendo y es mi vida, mi plan A, mi plan principal, pero me duele porque era un gran programa y yo creo que se lo pierde Televisión Española. Es un programa que empezó en un 5 por ciento (de cuota de pantalla) porque la franja es terrible y hay mucha competencia muy buena y nos fuimos en un 7,5 con grandes invitados como Hugo Silva, Inma Cuesta, Raphael, Concha Velasco o José Sacristán. Han pasado jóvenes, adultos, estrellas, escritoras como Almudena Grandes o María Dueñas. Es un programa muy especial que era un oxígeno dentro de la televisión. Era contemporáneo y creo que aportaba muchísimo, pero ya está. Página pasada, capítulo cerrado y a por otro libro.

B: ¿Te has llegado a arrepentir de haber dejado Informativos Telecinco y después ‘El Programa de AR’?

M.H: No. A mí me gusta ir creciendo. Soy muy inquieto. Yo trabajaba en prensa local, luego en la Televisión Autonómica Valenciana (Canal Nou), que lo dejé para irme a Informativos Telecinco. Dejé Informativos Telecinco porque me gustó la oferta de Ana Rosa (Quintana), luego dejé Ana Rosa porque me apetecía vivir en París y me fui a vivir a París. Luego volví de París porque me fui a hacer ‘Destinos de Película’ en La 1. Me ofrecieron 10 programas, los hice, los grabé. Continué escribiendo, luego acepté la oferta y pasé por el Ministerio de Cultura, después he seguido escribiendo. Volví con ‘A partir de hoy’, que era un programa para dos meses. De hecho se llamaba ‘Días de verano’, como la canción de Amaral, que me encantaba, y dije ‘Pues dos meses de tele me parece bonito’. Luego le cambiaron el nombre y la sorpresa fue que me dijeron que continuaba y fue bonito mientras duró. Creo que la vida no es tan larga y hay que aprovechar todas las oportunidades que vengan y probarse a uno mismo.

B: ¿Fuiste a París a escribir?

M.H: Sí, y a vivir, y a enamorarme y a pasear y a emborracharme, hay que emborracharse de vida. Creo que deberíamos estar todos los días borrachos de vida y disfrutarla. Me fui porque me apetecía. Creía que ya 11 años con Ana Rosa como que ya eran muchos y creo que a muchos les habría encantado continuar y de hecho ahí están, pero yo creo que necesitaba sentirme nuevo y me fui sin pena. Nunca me voy con pena de los sitios porque me voy satisfecho del trabajo.

B: Dejar algo seguro es una decisión valiente

M.H: Fue mucho más valiente cuando dejé Canal Nou que era fijo y me fui a Informativos Telecinco para un verano también. Dejar Informativos Telecinco cuando ya era fijo de plantilla e irme a un programa que era contra María Teresa Campos, que no sabíamos cómo iba a ser, fue otro riesgo. En la vida hay que asumir riesgos.

B: Hablando de valentía y como me has sacado tú el tema… ¿Si hubieras sido Ministro de Cultura durante más tiempo, qué te hubiera gustado llevar a cabo? ¿Qué plan tenías?

M.H: Los planes se quedan para mí en mi mochila de recuerdos. Consumo cultura, voy al teatro, voy a La Zarzuela, voy al cine, compro mucho libro y amo toda la cultura porque es lo que nos representa como país. Creo que habría sido un ministro muy al estilo de Carmen Alborch, disfrutón del Ministerio. Habría llevado por bandera la Marca España: nuestros actores, nuestros guionistas, la gente que hace videojuegos, gastronomía, moda, escritores, ferias, ilustradores, cantantes… La cultura es algo de lo que deberíamos sentirnos muy orgullosos. Es lo que da la imagen de nuestro país, cómo somos, no solamente las empresas, como Zara. Cuando acepté la oferta lo hice con mucha ilusión y mucha responsabilidad y creo que habría ido muy bien y lo habría disfrutado mucho.

B: ¿Te molesta que se te siga preguntando por tu paso por el Ministerio de Cultura?

M.H: No, nada, en absoluto. Estoy muy orgulloso de haber sido nombrado Ministro de Cultura y Deporte. Forma parte de mi curriculum y uno no puede resetearse, no soy un robot, ni un ordenador, no puedo borrar y volver a empezar. Al contrario, creo que es muy importante asumir todas las cosas que vas aprendiendo, ganando y perdiendo en la vida.

B: ¿Has seguido teniendo contacto con Pedro Sánchez o con alguna con la que coincidiste en el Gobierno?

M.H: Sigo hablando con mi jefe de gabinete, con Daniel Espín. Sigo mensajeándome con varias personas del equipo del Ministerio porque fue muy intenso. Fue un momento muy bonito, lleno de ilusiones y de proyectos que se quedan para mí. Hice buenas amistades y sé, lo sé porque me lo han dicho, que queda muy buen recuerdo de la llegada, porque lo dicen hasta los funcionarios que hay en el Ministerio, y que lo digan ellos me parece un regalazo.

B: Para terminar. ¿Tienes algún proyecto más?

M.H: Ahora soy como los taxis, estoy verde, llevo la luz verde encendida. Estoy libre en cuestión televisiva. En cuestión literaria estoy preparando la que sería mi novena novela. Pero mi corazón ahora está puesto en ‘Con el amor bastaba’.