“No hablamos de nosotros”

Buscaban un lugar lejano y solitario para rodar La luz entre los océanos. Un paisaje singular donde los sentimientos estuvieran tan desnudos y fueran tan vulnerables como la misma historia que iban a contar. Y tuvieron que ir lejos, al otro lado del mundo. A Nueva Zelanda. Buscaban una isla desierta y se toparon con un rincón pequeño y desolado, con un faro que dominaba el horizonte. Eso era. El lugar perfecto para rodar un melodrama sobre gente buena enfrentada al destino y las consecuencias de proteger un bebé hasta llamarlo su hijo, sin serlo.

Y entre puestas de sol y el continuo ulular del viento, Michael Fassbender y Alicia Vikander rodaron La luz entre los océanos, acompañados tan solo de un pequeño equipo a las órdenes de Derek Cienfrance, el director.

De eso hace poco más de dos años y desde entonces los dos intérpretes siguen juntos. Fassbender y Vikander acudieron al pasado festival de Venecia cogidos de la mano, donde presentaron juntos este drama tan atípico. Es “nuestra película” a pesar de que Fassbender, nos dice, lleva rodadas una decena en los últimos cinco años, las dos últimas, Macbeth y Assassin’s Creed. Vikander, por su parte, fue Oscar por La chica danesa, aunque sin duda se lo merecía por el seductor robot sin sentimientos que la actriz encarnó en Ex Machina.

¿Es dura la fama compartida?

“No, no; para nada”, dice Fassbender. “Quizá no podemos salir como antes, sin planes previos. Todo debe estar muy controlado. Debemos ser cuidadosos y evitar las multitudes (si no queremos acabar en el iPhone de media humanidad)”, bromea el actor. “Por lo demás, intentamos que la fama interfiera lo menos posible con nuestra vida. La regla es sencilla, hablar de nosotros lo menos posible”.

A lo que Alicia Vikander añade: “Es cierto: no hablamos de nosotros si podemos evitarlo. No queremos confundir trabajo con fama. La fama puede tener un lado incómodo. Pero te proporciona momentos maravillosos. Para mí la fama son momentos”. “Y una buena mesa en el restaurante”, bromea Fassbender de nuevo. El protagonista de Shame y de Doce años de esclavitud se ha erigido en el gracioso del dúo. Vikcander se mantiene seria.

La luz entre los océanos narra la historia de Tom (Fassbender), un veterano de la Primera Guerra Mundial, ahíto de sangre y matanzas. Un hombre psicológicamente herido: neurosis de guerra. A pesar de sus problemas, acaba enamorado perdidamente de Isabel (Vikander), con la que parte hacia esa isla desierta que será su hogar, ese rincón en medio de la nada donde Tom ejerce de farero. “Del personaje de Tom me sedujo su entereza, su sobriedad y esa forma de hablar en silencio que me recuerda a hombres de otra época”, dice Fassbender. “Es un héroe, en el verdadero sentido de la palabra, que se ha prometido a sí mismo no volver a causar ningún mal”. El personaje de Isabel es muy diferente: “Es una joven inocente y vivaz que descubre el amor poco a poco, sin caer a la primera en los brazos de Tom, obsesionada con la maternidad. Una mujer impulsiva”, dice Vikander.

La luz entre los océanos, basada
en una novela de M.L. Stedman (editada en España por Salamandra con el mismo título), habla de su destino compartido, cuando ese destino está marcado por dilemas morales. Habla de una pareja decidida a cumplir su sueño. “A los dos nos sedujo la historia porque trata de gente buena que toma malas decisiones”.

Estrellados, uno en brazos del otro

Cienfrance, director de dramas al límite, como Blue Valentine (2010), les pidió a sus protagonistas sólo una cosa: que lo sorprendieran. A cada momento. Durante el rodaje podían hacer lo que quisieran, equivocarse, dar la vuelta a los diálogos, estrellarse con cualquier escena. Pero que nunca dejaran de ir un poco más allá, lejos, lejos… Y a eso se dedicaron ambos intérpretes, a sorprenderse uno al otro. Incluso a sí mismos. Y de sorpresa en sorpresa, de reto en reto, acabaron estrellándose, sí, pero el uno en brazos del otro. “Rodar con Fassbender y Vikander ha sido un honor”, añade el director. Cada día era un espectáculo verlos. “Como vivir en medio de un desafío”. Fassbender es el peso pesado, sólido y roqueño. Vikander, ligera y móvil, ágil como un peso pluma. El combate, podemos decir, ha acabado en tablas.

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