Perales: Ojalá se apure el diálogo entre los catalanes y el resto del país

Perales es de todos. Hubo un tiempo en que estaba de moda decir que era cursi o que se repetía. Gaviotas, barcos, el mar, la lluvia. Letras y melodías clavadas en la memoria de varias generaciones. Ha escrito 500 canciones, de las que 200 eran para otros. Y qué otros: Lola Flores, Julio Iglesias, Rocío Jurado, Raphael, Isabel Pantoja, Miguel Bosé. Perales es todos ellos y él. El gran Perales.

Si tuviera que definirle con una palabra sería prolífico. Y de lo poco que le faltaba era un Goya. Le acaban de nominar. ¿A quién se lo dedicará si gana?

No creo que me lo den. Pero si me lo dan ya lo tengo pensado pero no lo diré. No voy a la gala a cantar sino a la expectativa. El premio ya fue oír a la platea del Festival de San Sebastián aplaudir la canción que suena tras los títulos de crédito iniciales. La ventaja es que mi canción suena antes de que nadie hable en la película.

La canción habla de un autor ante la hoja en blanco que “le pone alas a lo que la noche le ha dejado”. ¿Usted escribe sobre lo que sabe o sobre lo que sueña?

Escribo sobre lo que conozco. Soy un contador de historias y cada uno tiene la suya. Me desnudo mucho en mis canciones. Se me conoce por lo que canto. Y aún tengo ansiedad antes de empezar a componer, pienso que no me va a salir nada más después de tantos años escribiendo. Salen cosas chistosas, pero la mayoría de veces, tristes.

Tiene dos hijos, dos libros y 500 canciones. ¿Cómo lleva lo de plantar un árbol?

He plantado más de mil, algunos los he arrancado porque mi tierra es muy árida. Y espero escribir más libros. Las canciones se me quedaban cortas, la historia quedaba demasiado apretada en tres minutos. El problema es que si una canción duraba más las radios no te la ponían. Fue Paloma Gómez Borrero quien leyó mi primer libro, La melodía del tiempo, y lo mandó a una editorial que me dijo que era “notable”. Me pareció un regalazo que no merecía.

Al cabo de dos años publica esta hija del alfarero, Francisca, que huye del pueblo. ¿Francisca es Perales?

Esa mujer podría ser la mujer, la madre o la hermana de Perales. Es la mujer del olvido, de la tierra marginal de este país en la posguerra. A ella se le ocurre marcharse del pueblo con toda esa soledad. El padre le dice: “Vete y no vuelvas más, esta ya no es tu casa”. Las cosas entonces eran así. En mi caso fueron mis padres los que nos mandaron a mí y a mis tres hermanas a estudiar a Sevilla.

Quien debió de empujarle a escribir sería Gabriel García Márquez. Le conoció en casa del Nobel en México. ¿Cómo fue ese café entre Perales y Gabo?

Él había dicho en una entrevista que envidiaba mi forma de explicar una historia en tres minutos cuando a él le costaba un libro. Yo estaba en México y le llamé para darle las gracias con miedo, pero me invitó a su casa. Allí tenía un disco mío y me advirtió que no lo puso ahí por mi visita sino porque se lo ponía a menudo. Me regaló un ejemplar firmado de El coronel no tiene quien le escriba deduciendo que sería mi libro favorito de García Márquez. Y acertó.

A él le gustaría saber que son colegas novelistas. ¿Es una inmodestia considerarse usted escritor?

Había una librera de Sevilla que se negaba a vender mi primera novela. No la tenía. Con muy mal genio decía: “Ni tenemos a Perales ni lo tendremos”. Yo no entraba en la crema de escritores de su librería. Ahora venden allí mi segunda novela y la que no está es la señora.

Moldea usted éxitos mundiales de la música y piezas de alfarería. ¿Qué le sale más fácil?

Para mí es más difícil hacer un botijo que componer ¿Por qué te vas? que aun siendo uno de mis mayores éxitos la compuse en dos horas. Manejar el barro, el contacto con la arcilla, es muy difícil.

Ahora que se produce sus discos ya no se venden tantos. ¿Dónde está el negocio?

Antes vendía 300.000 discos y ahora un gran éxito es vender 30.000. En internet hay que acumular muchísimas descargas para que puedas vivir de eso. Vivo de los derechos de autor de mis canciones y de los conciertos. En Catalunya siempre que voy se agotan las entradas. Mis inicios están en Catalunya. Canté en la playa de Roda de Berà mi primer disco y fue un desastre. Nunca había cantado en un escenario, Luis del Olmo me entregó un premio, la gente fue muy respetuosa y aplaudió pero yo salí llorando. Al salir me contrató el dueño de Don Chufo y actué sin repertorio ni músicos en esa sala mítica de Barcelona. Me aplaudieron tanto que aun me dura el agradecimiento a Catalunya.

Me lo pone en bandeja, sobre el proceso…

José Luis Perales es uno de los nominados a los premios Goya en la categoría de mejor canción por su trabajo para la película El autor, de Manuel Martín Cuenca
José Luis Perales es uno de los nominados a los premios Goya en la categoría de mejor canción por su trabajo para la película El autor, de Manuel Martín Cuenca (Emilia Gutiérrez)

Es la pregunta obligada. Me gustaría que los catalanes y el resto del país fuéramos la misma cosa, unidos por la cultura con cada particularidad. Siento tristeza por esa separación que se está produciendo. Ojalá exista el diálogo. Hasta apurarlo. Y creo que aún no se ha apurado.

Su empatía es providencial. Ha escrito para los mejores cantantes españoles. Ha sido la Pantoja, la Jurado, Raphael, Julio Iglesias, Bosé, Lola Flores…

No es fácil ser ellos, tenía que conocerlos, al menos superficialmente. Hay que componer sobre los temas que les gustan y para su personalidad. Rocío Jurado me dijo “¿Cómo un tío de Cuenca puede saber que yo con doce años me escapaba a un tablao de Chipiona a bailar sevillanas?”. Eso cuenta la canción Qué no daría yoque le compuse. Estudié en Sevilla siete años y deduje que ella tenía que ser así.

Su canción fetiche Y cómo es él la escribió para otro. Era para Julio Iglesias.

La compañía exigió que la cantara yo porque vieron que era un gran tema. Aún me preguntan si ese “él” es el novio de mi hija, pero no. Es el otro, aquel con quien se va la mujer dejando al hombre despechado. Es una infidelidad de ella con otro hombre y el que canta tiene una curiosidad malsana por conocer cómo es el otro. Puro masoquismo. Y encima le da el paraguas por si llueve.

Y le dice: “Abrígate y coge el vestido gris”. Maravillosa. Se la sabe todo el mundo.

Mi mujer me discutió que fuera para mí. No me veía en ese papel, no me veía cediendo la mujer a otro. Lo cierto es que cuando la canto parece que otro la haya escrito para mí. No es una canción que yo sienta como mía.

De los intérpretes para los que ha escrito, ¿cuál le ha interpretado a usted mejor?

Raphael. Están hechas a su medida. Pero me encantó escribir para Mocedades. Cuando escuché Le llamaban loca pensé que era mil veces más bonita que como yo la había pensado.

¿Dónde escucha más sus canciones, en discos de otros o ­suyos?

Siempre de los demás, míos jamás. Me tengo muy oído. Me critico los primeros días después de publicarlo. Le saco tantos defectos que lo dejo. Pongo mi vida en él cuando canto.

En su última canción, la nominada al Goya Algunas veces, se le nota la voz más grave, menos estrecha que antes.

Pues sí, me ha madurado la voz, las cuerdas vocales son más gordas, el tono es más grave y mi voz tiene más tesitura al cantar. Me dicen que estoy en mi mejor momento de voz. Oyéndome de joven me da vergüenza lo timidito que cantaba. Como cantante me gusto más que antes. Yo quería ser como Aznavour. Transmite una barbaridad con 90 años. Se lo confesé hace poco y me dijo: “Debería cantar usted en francés”.

Al ver a su público emocionarse, ¿le puede la vanidad?

Todos somos vanidosos, lo que no soy es tonto. No he cultivado fans adolescentes, pero si vienen a verme porque sus padres les ponían mi música sí, me pone vanidoso.

Señor Perales, ¿y cómo es él?

¿Yo? Para bien o para mal tengo muy pocas dobleces. Se me conoce por esta entrevista o por una canción mía.

Diga una.

Amada mía

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