Persia corona a su último Sha

Javig Sha’, (larga vida a nuestro sha). Palacio de Golestán, Teherán. Reza Phalavi Sha de Persia, conmemorando el 2.500 aniversario del imperio persa se levanta del ‘Trono del pavo real’ de 27.000 piedras preciosas engarzadas en oro, se adelanta unos pasos y besa el Corán. Siguiendo el protocolo de las coronaciones de emperadores persas eleva la corona imperial, 3.380 piedras preciosas, la misma que lució su padre la coloca lentamente sobre su cabeza y empuña el precioso cetro en medio del clamor de sus súbditos e invitados extranjeros que enaltecidos le vitorean.

Acto seguido, Farah Diba, su tercera esposa se arrodilla ante él presta a convertirse en la primera mujer coronada como Emperatriz de Persia en los últimos dos mil quinientos años de la historia de Irán.

El pequeño Reza de seis años, príncipe heredero, futuro rey de Irán, en su asiento próximo al trono presencia expectante uno de los pasos de la solemne ceremonia que a buen seguro recordará de por vida. Su progenitor, el Sha de Persia, coloca en la cabeza de su madre la preciosa corona de casi dos kilos de peso montada en platino y cuajada de gemas, que los orfebres del país han elaborado primorosamente para la ocasión.

Finalizada la fastuosa ceremonia, el Sha, ‘rey de reyes y luz delos arios’ pronuncia un breve discurso: ‘Llevaré a mi pueblo al rango de nación avanzada entre todas las del mundo’.

Los emperadores abandonan el palacio poco después. La carroza imperial arrastrada por seis caballos blancos de Bulgaria es recibida por una multitud enfervorizada, más de mil millones precisa la prensa de la época, vitorea a los emperadores que desde sus cómodos asientos, saludan sonrientes. El principito simbolizando la perpetuidad de la dinastía ocupa la carroza siguiente.

En un alarde de generosidad haciendo gala de la magnanimidad de todo emperador que se precie decreta que las sentencias de 11.000 presos del país sean acortadas.

Habían pasado, veintiséis años, 1941 desde que decidió posponer la ceremonia porque según su criterio no había honor en ser rey de un país empobrecido.

UN EMPERADOR CONDENADO AL EXILIO

‘Jomeini abrió la puerta del infierno’, declaraba a una revista Farah Diba, tercera esposa de Mohamed Reza Phalevi, ex Sha de Persia, su compañera en su traumático exilio.

Han pasado 38 años de la revolución islámica en Irán que puso fin al reinado del último sha persa.

Todo empezó el 16 de enero de 1979.

Tras catorce meses en los que el caos, la violencia y las protestas reinan en las calles de Irán, el Sha decide abandonar su país. A bordo de un ‘Boeing 727’ pilotado por él mismo, se dirige a Asuán, Egipto, único país que se presta a cobijarle.

 ‘Me siento exhausto y necesito un descanso’ había comunicado en un escueto mensaje dirigido a la nación. Al tiempo, concedía un voto de confianza al gobierno de Shapur Baktiar afirmando que confiaba en que ‘corrigiera los errores del pasado y consolidara el futuro’. Insistía en que su salida no era definitiva, tan sólo unas vacaciones. Pero la verdad era bien distinta. Reza Phalevi padecía un severo cáncer linfático contra el que luchaba en secreto y que acabaría con su vida tan sólo un año después ya en El Cairo.

La dinastía instaurada por su padre, Reza Jan, Reza Pahlevi (1877-1944)  militar y antiguo ministro de guerra que en 1925 se había proclamado emperador cediendo el trono a su hijo, presionado por sus filiaciones nazis en 1941 había llegado a su fin, esta vez definitivamente.

 Las calles de Teherán se vieron inundadas por una oleada de júbilo. La alegría desbordada alcanzaba incluso a las mujeres, que, presas de un exaltado delirio, bailaban enloquecidas perdiendo incluso sus velos. Cientos de jóvenes recortaban con tijeras la efigie del Sha de los billetes de cien reales mientras los sacerdotes islámicos agradecían rezando en las mezquitas su marcha. Cientos de personas coreaban: ‘El Sha se ha ido fuera el Sha’.

La revolución desatada es furibundamente antimonárquica. Los ciudadanos buscan, con sus protestas, acabar con una monarquía prooccidental, megalómana y elitista.  Mientras, el ejército permanece impasible, en observación neutral y el primer ministro, Zahedi actúa en la oscuridad. En paralelo, el anciano teólogo y agitador Jomeini da los últimos toques a su proyecto de república islámica . La administración Carter, a la zaga desde 1978 tras su pretendido apoyo a Reza, le ha dado finalmente su beso de la muerte .

Pocas semanas después el ayatolá Jomeini aterriza en Teherán y su peculiar agradecimiento a Washington  consiste en que sus seguidores más fanáticos tomen al asalto la embajada estadounidense. El personal diplomático se convierte en rehén de los revolucionarios durante 444 . Es el inicio de la hasta hoy vigente guerra fría entre los dos países .

Un referéndum popular aprueba la República Islámica de Irán. Jomeini apuesta

por un papel activo de la religión en los asuntos políticos, cuya vía de expresión es el nacionalismo.

¿QUE FUE DE LA FAMILIA REAL?

El Sha se había casado en tres ocasiones: su primer matrimonio lo contrajo con Fawzia de Egipto, sobrina del rey Faruk (de ahí su exilio en Egipto). Con ella tuvo una hija, la princesa Shahnaz Pahlaví, nacida el 27 de octubre de 1940.

Tres años después  se casó con  Soraya,  ‘la princesa de los ojos tristes’ ,bellísima pero estéril, causa que provocó su divorcio siete años después. Finalmente se unió a la que sería su esposa hasta el fin de sus días en 1958, Farah Diba, la Grace Kelly de Oriente Medio a la que coronó emperatriz, Shahbanu, título creado específicamente para ella, en una fastuosa ceremonia . El matrimonio tuvo cuatro hijos.

Pero el triunfo de la Revolución y el forzado exilio acabó con la Familia Real Persa . Sus tres hijos pequeños, las princesas Farah Naz, de 17 años, Leyla de 8 y el príncipe Alí Reza, de 12 años, se refugiaron en Texas durante los primeros días y acompañaron a sus progenitores en su tortuoso peregrinaje hasta su destino final, Egipto, donde se instalaron algún tiempo. El trauma les marcaría para siempre. La primera en perder la vida por una dosis de barbitúricos fue la princesa Leyla, el 10 de junio del 2001, en un hotel de París. El suicidio de Ali Reza Pahlevi a los 44 años, menor de los hijos varones del matrimonio ocurrió el 4 enero del pasado 2011.

El lujo y los millones de dólares que poseían, presuntamente desviados de los recursos iraníes, no consiguieron ayudarles a superar su sentimiento de profundo desarraigo.

Los sueños de grandeza del presunto heredero de Ciro y Darío condenaron a sus descendientes a un trágico destino. La maldición de la dinastía Pahlevi se confirmaba.

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