Rocío Oliva, la sufrida novia de Maradona

La semana pasada Diego
Armando
Maradona y su novia Rocío
Oliva visitaron Madrid para ver el partido de Champions League del equipo merengue contra el Nápoles. Celebraron San Valentín entre burbujas y champán en el hotel Eurostar Suites de Mirasierra, el mismo lugar donde también se hospedaba el equipo italiano. Pero lo que prometía ser una plácida y romántica velada se convirtió en escándalo. Minutos después de que Rocío publicara en su cuenta de Instagram instantáneas de ambos abrazándose y besándose, se convirtieron en noticia tras una llamada a la policía que puso a los efectivos del Summa en marcha por una presunta agresión del futbolista a su pareja.

Ambos presentaron declaración, pero ninguno denunció lo ocurrido. Maradona desmintió el altercado en su cuenta de Facebook: “No hay ninguna denuncia y nadie supo explicar el motivo de este show mediático. Estoy pasando por un gran momento, que la cuenten como quieran”.

Desde que Rocío empezó su relación con el Pelusa –con quien lleva ya cuatro años– la polémica ha estado siempre presente en su vida. En 2014 salió a la luz un vídeo en el que se veía a Maradona agredir a la joven. A veces la realidad supera la ficción: ese mismo año, por una discusión que tuvieron en Dubái, el exfutbolista echó de su casa a su pareja y la denunció por un presunto robo de joyas valoradas en casi medio millón de euros.

“Mi papá mi ángel, Luciano mi vida y River mi pasión”. Así se define a sí misma en su cuenta de Instagram. Su vida ha sido una auténtica odisea. A su padre, Juan José Oliva, le mataron por una deuda de 180 pesos argentinos (casi once euros) en una fiesta familiar; una imagen que nunca se le borrará de la memoria. Su hermano pequeño –Luciano, de 9 años– es su auténtica devoción. Tiene el fútbol como bandera, igual que su pareja; él es la gran leyenda del Boca Juniors, y ella una fanática de su eterno rival: River Plate. De hecho, Rocío es tan apasionada del equipo que lo lleva tatuado en la piel.

De melena larga y rubia, ojos marrones y voz dulce, Rocío Oliva nació en Buenos Aires el 14 de julio del 1990, seis días después que el astro del fútbol disputara la final del Mundial en Italia. Ahora tiene 26 años, casi treinta menos que el futbolista, que acaba de cumplir 56. Antes de irse a vivir con el Diez, vivía humildemente en Bella Vista, en el noroeste de Buenos Aires con su madre, su padrastro y su hermano.

A Rocío nunca le costó ponerse delante un libro, aunque siempre ha preferido leer una novela que hojear La crítica de la razón pura de Kant o estudiar historia. La preocupación de su madre siempre fue que estudiara y ella lo retribuyó con creces: se graduó como Visitadora Médica en la Universidad del Salvador con media de nueve, pero nunca ha ejercido como tal.

Desafiante, risueña y sensible. A su padre nunca le gustó que estuviera todo el día con un balón entre los pies. Ahora es futbolista de profesión y en el mismo River Plate empezó su andadura cuando apenas tenía 15 años. Es mediocampista, zurda y ha pasado por equipos como el Deportivo Alaya, el Platense o el Racing. Siempre ha llevado el número diez en su espalda, el mismo que lucía el ídolo del futbol argentino que hoy comparte su vida.

Saltó a la fama por su relación con el polémico Maradona que muy a menudo, como cuando desparramaba su magia en el campo, es noticia. Desde ese momento, el pasado más oscuro de Rocío salió a la luz. La joven es expareja de un barra brava (ultras) del River Plate, Cuca Girón, hoy preso por el homicidio de Gonzalo Acro, la primera víctima por encargo en el marco de la violencia que jaquea el fútbol local.

Enamorada hasta las cejas –asegura–, sigue remando en medio de la tormenta.

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