Sabina, Prado y Leiva: la historia de tres tipos junto al mar que cincelaron el disco ‘Lo niego todo’

Rota (Cádiz). Una casa junto al mar. Tres tipos en camiseta y pantalón corto. Unos tequilas sobre la mesa. Sombreros, cigarros, folios, un cuaderno, una bici, un carajillo, olor a salitre. Joaquín Sabina y Benjamín Prado vuelven a juntarse como hicieron aquel invierno en Praga para componer Vinagre y rosas. El escenario ha cambiado y ha entrado en liza un tercer protagonista: Leiva, con su perenne sombrero y la guitarra en la mano para mejorar sus versos. Y para imponerse en los concursos de tortillas que organizaban en compañía de Luis García Montero y Almudena Grandes. Miguel Ríos y Ariel Rot se dejaban caer a ver cómo se las apañaban.Incluso la verdad, libro coescrito por los dos primeros (con fotos de Jimena Coronado y dibujos de Sabina), recoge la historia secreta de Lo niego todo, el último disco del jienense de la voz rota. El escritor Benjamín Prado nos ayuda a asomarnos a la espalda de estas 12 canciones.

Para situarnos, ¿cuándo y cómo conociste a Joaquín Sabina?

Hará como 37 años estaba en un bar bajo el viaducto de Madrid, el bar Rincón del Arte Nuevo en el que actuaban cantautores como Rafael Amor o Juan Antonio Muriel pero también humoristas como Faemino y Cansado. Un día apareció el tal Sabina y puse la oreja. “Esto mola”, pensé. Desde entonces. A Ángel González y a Rafael Alberti también los conocí en un bar. Las amistades bonitas empiezan en los bares.

Puede gustar más o menos esa voz rota pero nadie se escapa del encantdo de sus letras. Este libro sobre la cocina de las canciones de Sabina es el segundo que firmas. ¿Cuál es la mayor diferencia con Romper una canción?

Este lo hemos escrito entre los dos, esa es la primera, y tiene mucho mérito que Joaquín escriba en prosa, porque él todo lo resuelve con un soneto. Aquel libro fue un ensayo, un taller literario sobre cómo se escribe una canción, pero este es la historia de cada canción del disco Lo niego todo, que incluye también ilustraciones de su mujer, Jimena Coronado. La idea nace de que Joaquín cree que la gente tiene derecho a saber no sólo el qué sino el cómo de las cosas; cuando estábamos haciendo las letras del disco Vinagre y rosas decía que la gente tenía derecho a saber cómo peleábamos por cada adverbio. Este libro es la historia de unos tipos en chanclas, pantalones cortos y una actitud casi reggae.

“Un día como tantos en Rota mientras tomábamos un café y un tequila y soplaba el viento suave de la bahía, lleno de fuego y olor a mar…”. Contigo, Leiva y Sabina hasta hacer la lista de la compra suena a bohemia.

Un poquito sí. Hemos hecho algo parecido a lo que hicieron los Rolling para escribir Exile main street: no es escribir un disco juntos sino estar juntos. Vivir en una casa, vernos la cara desde que nos levantamos a desayunar hasta que nos retirábamos por la tarde. Esa convivencia ha sido muy bonita. Por ejemplo, Leiva sale de la cama con el sombrero puesto y la guitarra en la mano. Y siempre con alguna idea. Es un disco de comuna un poco hippy.

Joaquín podría vivir perfectamente de las rentas. Salir allí y cantar sus éxitos. Ver cómo se pelea por cada palabra, cada letra, la conciencia de que no puede darle a la gente un cromo que ya tiene, es emocionante”

Benjamín Prado

Escritor

Benjamín Prado, Joaquín Sabina y Leiva, autores de 'Lo niego todo'. Benjamín Prado, Joaquín Sabina y Leiva, autores de ‘Lo niego todo’. (Jimena Coronado)

Que tantas personas de tantos lugares distintos se identifiquen con una o con varias de vuestras letras, ¿no es una enorme responsabilidad?

Sí lo es. También una gran alegría, un subidón tremendo para un humilde poeta y novelista que entra en un palacio de deportes y ve a 20.000 personas coreando una letra. Pero como dicen, todo poder (y este es un pequeño poder) conlleva una responsabilidad. La lección que se aprende de Joaquín es la más bonita de todas: él podría vivir perfectamente de las rentas. Salir allí y cantar sus éxitos. En el Albert Hall de Londres pusieron la música instrumental de Y nos dieron las diez y cantaba el teatro entero: “Tío, si no tienes ni que salir”, le dije bromeando. Pues ver cómo se pelea por cada palabra, cada letra, la conciencia de que no puede darle a la gente un cromo que ya tiene, es emocionante y habla muy bien de lo que es un creador de verdad. Me recuerda a Rafael Alberti, con quien yo andaba siendo un crío de 18 años. Alberti, que era un mito, competía contigo por hacer un poema mejor. Era maravilloso.

Me encanta una frase que te dijo Alberti: “Hay que tomarse muy en serio la obra y muy en broma a uno mismo”, una receta genial para no endiosarse.

Podemos pensar que tenemos un don especial pero no que eso te convierta en mejor que otro. Hay que pensar también que uno depende del gusto ajeno; si tu obra no gusta… Lo que importa sobre una canción no es tanto lo que cuenta sobre quien la escribe sino sobre los que la oyen. Eso Joaquín y yo lo compartimos. Él siempre piensa en lo que quiere que le haga la canción a quien la cante, coree o dé palmas. Se parece mucho a Rafael Alberti.

¿Realmente seríais capaces de llegar a las manos por un quítame allá ese verso? En sentido figurado, entiéndeme.

La verdad es que sí, el pobre Leiva estaba anonadado de nuestra ferocidad. “¡Que me mires a la puta cara!” y el otro “¡Yo miro donde me sale de la p…!” (risas) y se oía la vocecilla de Leiva: “Chicos, ¿no podríamos llegar a un acuerdo?” y contestábamos qué acuerdo si estábamos a punto de darnos de hostias. Lo divertido es que tenemos siempre la seguridad de que seguiremos siendo amigos aunque queramos matarnos.

¡Que me mires a la puta cara!” y el otro “¡Yo miro donde me sale de la p…!” (risas) y se oía la vocecilla de Leiva: “Chicos, ¿no podríamos llegar a un acuerdo?”

Benjamín Prado

Escritor

Los tres amigos compusieron el disco durante un intenso verano frente al Atlántico. Los tres amigos compusieron el disco durante un intenso verano frente al Atlántico. (Jimena Coronado)

Escribisteis juntos Vinagre y rosas. La simbiosis o la química entre vosotros es altísima. ¿Tanta como para leer un poema antiguo y no poder distinguir quién de los dos lo escribió?

Sí porque esa discusión, muy parecida a la que uno tiene o debería tener consigo mismo, supone que es difícil que un poema no tenga una palabra de uno y otra de otro. De uno puede ser la idea base y otro añadir la rima certera. Es raro que exista uno sin la cuchara de los dos. Y de ahí la importancia de un tercer hombre que escriba lo que no habríamos podido escribir ninguno de los dos.

Os encerrasteis en un hotel de Praga para escribir el disco Vinagre y rosas. ¿Hasta qué punto es importante el entorno para un autor?

En este disco es esencial. Por eso son importantes las fotos de Jimena. Este disco lo han escrito estos tres tíos en pantalón corto, la cercanía con el océano, los días largos de verano… Sin eso no habría salido una canción tan profunda como Las noches de domingo acaban mal. Yo huelo el verano en este disco. Y Leiva tiene un mérito increíble, además de su talento como músico, todas las canciones son de tres o cuatro minutos. No importa si firma o no versos, importa que hemos estado juntos todo el rato y cuando Joaquín y yo escribíamos, él intervenía para decir: “Chicos, se me ha ocurrido que introducir una variación sería bonita” y la tocaba con la guitarra. Y eso mola mucho. Porque vuelves a reescribir. Fue decisivo.

Una frase atribuida a Picasso dice: “Si la inspiración existe, que me pille trabajando”. ¿La suscribes?

Claro, pero para mí trabajar es estar bajo un coche apretando el cárter o subido encima de un andamio poniendo ladrillos. Esto es conseguir que te paguen por algo que harías gratis de todas maneras.

¿Conoces a algún buen cantautor que sea de derechas?

Alguno habrá pero por otra parte, ¿sobre qué escribiría las canciones? España va bien sería el título del disco, me imagino (risas). Aunque tampoco sé muy bien a estas alturas qué es un cantautor. ¿Madonna sería cantautora, ya que escribe sus canciones o solo lo es quien toca con guitarra de palo? Si algo se aprende en el mundo de la música es que ojalá todo lo demás se le pareciera. Este mundo está hecho de mezcla, de impureza y colaboración, algo que falta en el resto de cosas y sería estupendo que se contagiara. Envidio que los músicos estén siempre dispuestos a echarse una mano, a tocar en un disco en conjunto y sin tentación de pureza, sin fanatismo por la coherencia. Las canciones que nos gustan son las que no se saben muy bien que son. Eso de los cantautores igual funcionaba muy bien en la época de Joan Baez y Bob Dylan pero ahora no sé muy bien lo que es y eso es fantástico.

Para mí trabajar es estar bajo un coche apretando el cárter o subido encima de un andamio poniendo ladrillos. Esto es conseguir que te paguen por algo que harías gratis de todas maneras”

Benjamín Prado

Escritor

Joaquín Sabina, en concierto en la plaza de toros de València Joaquín Sabina, en concierto en la plaza de toros de València (Santiago Gassó)
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