'The Neon Demon': Blancanieves embalsamada

Sección Oficial

Nicolas Winding Refn firma la mejor película de una de las mejores Secciones Oficiales del Festival de Sitges en los últimos años.

Gerard Alonso i Cassadó

Elle Fanning en 'The Neon Demon'
Elle Fanning en ‘The Neon Demon’.

Qué: La joven Jesse (Elle Fanning) llega a Los Angeles con el sueño de convertirse en modelo profesional. Su inusual belleza le permite llegar muy alto en poco tiempo, pero el precio que deberá pagar por ello será elevado.

Quién: El danés Nicolas Winding Refn, autor de títulos como ‘Drive’ (2011) o ‘Sólo Dios perdona’ (2013), cuyo narcisista estilo alcanza su zenit en ‘The Neon Demon’, una obra que no sentó nada bien a la crítica en Cannes 2016.

Y qué tal: A Blancanieves la mataron no por ser la hija del rey ni por poseer una gran fortuna. La mató la bruja porque envidiaba su belleza, como si la muerte pudiese usurparla o apoderarse de ella. Inerte, como embalsamada, en una urna, su belleza le permitía resucitar cuando, en un acto necrófilo impropio de un relato infantil, el Príncipe le daba su primer beso de amor. “La belleza lo es todo”, afirma el diseñador de moda interpretado por Alessandro Nivelo en una de las escenas clave de ‘The Neon Demon’, la única en la que el pensamiento de la película se expresa con palabras. Porque en el último film de Nicolas Winding Refn ética y estética van de la mano, y el texto sobra frente a las imágenes. Imágenes carnívoras, centrípetas, que se regodean y se devoran las unas a las otras como esas modelos de pasarela obsesionadas por ser las más bellas del reino.

Narciso estaba encantado de conocerse. Miraba su reflejo en una fuente y se arrojaba a las aguas para abrazarse a sí mismo. En ‘The Neon Demon’ el mito resuena con fuerza, a veces de manera literal (la escena de la piscina), pero especialmente porque estamos ante una obra muy pagada de sí misma, arrogante, que se exhibe como un pavo real. Por eso tiene lógica que la película se ensimisme en su propia volatilidad, y no sepa ni cuándo acabar. Esos minutos de más que podríamos considerar que se alarga el film son fruto de su obsesión por mantenerse vivo, y bello, el mayor tiempo posible.

‘The Neon Demon’ se atragantó en Cannes, probablemente porque Nicolas Winding Refn ya no es el director que muchos vieron en ‘Drive’. El discurso crítico que nació con aquella película no podía augurar su radicalización hacia una imagen hiperestilizada en la que muchos ven vacío y mera cosmética. Por momentos sus imágenes se aproximan a la abstracción experimental para de repente regresar al relato. El director danés no parece dispuesto a abandonar ni la narración ni el género, pero lejos de protegerlos permite que las imágenes los devoren.

‘The Neon Demon’ es un relato carcomido, caprichoso, de impulsos primarios, capaz de introducir una pantera en una habitación de motel sólo por el simple placer de mostrar una pantera en una habitación de motel. Decía Godard que para hacer una película sólo se necesita una pistola y una chica. A ‘The Neon Demon’ le sobran las armas. Aturdido por la belleza casi sacralizada de Elle Fanning (y del resto de sus actrices), deja que avance entre luces de neón, flashes de cámara y planos imposibles hacia su trágico desenlace predestinado. Blancanieves debía morir. Narciso debía morir. Y ‘The Neon Demon’ debe morir porque la belleza lo es todo sí, pero además, duele.

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