Tina Turner, la fiera del rock and roll

La melena de león electrizada y las piernas musculadas bajo la minifalda convirtieron a esta bestia escénica en una voz rotunda del soul y el rock and roll. Tina Turner es un terremoto cuyo epicentro se encuentra en un pasado repleto de sufrimientos y contrariedades. La energía artística resultó inevitable, tal como el reposo del que ahora disfruta en Suiza a sus 77 años, tras una aguerrida carrera artística. Incluso adoptó la nacionalidad del país de los lagos renunciando a la de su Estados Unidos natal.

Anna Mae Bullock, su nombre real, nació en noviembre de 1939 en Nutbush (Tennessee). Tiene antepasados de África y Europa. Su infancia fue difícil. Sus padres eran aparceros en una granja. Ella y su hermana mayor, Ruby Aillene, pronto fueron separadas porque los progenitores fueron desplazados a Knoxville para efectuar trabajos de defensa durante la Segunda Guerra Mundial. Con once años la pequeña fue abandonada por su madre, que se fue sin avisar, tras separarse de su marido por malos tratos. Poco después también le abandonó el padre porque se casó con otra mujer.

Los abuelos paternos la criaron en un ambiente de estricta religiosidad. Ambos eran diáconos de la iglesia baptista de la comunidad. Claro que esta circunstancia le abrió el mundo de la canción: así fue cómo empezó en el coro parroquial. Trabajó en tareas domésticas en casa de una familia blanca. La escuela donde estudió de pequeña hoy es un museo dedicado a su trayectoria artística. A tan sólo 50 quilómetros de Memphis, forma parte de una ruta de turismo cultural y musical.

Una imagen de la artista tomada en 2015 Una imagen de la artista tomada en 2015 (Venturelli / Getty)

Ella quería ser enfermera. Incluso trabajó un tiempo como tal. Una noche, no obstante, salió de marcha con su hermana a un club musical. La actuación de Kings of Rhythm le entusiasmó. Tenía apenas 18 años y por azar, durante el intermedio, subió al escenario para cantar de memoria los éxitos del grupo.

Ya se movía con desfachatez y soltaba su voz desde las entrañas. Así conoció a Ike Turner, líder de la banda, que se conviritió en su pareja después, aunque ella se relacionó primero con el saxofonista, con quien tuvo a su primer hijo, Raymond Craig en 1958.

Anne Mae pasó a ser Tina Turner y formó con Ike el dúo Ike & Tina. Tuvo con él a su segundo hijo, Ronald, en 1960. Los años sesenta y setenta fueron explosivos para la pareja musical. El álbum Proud Mary marca un hito en su carrera. Los conciertos y giras abarcaron Europa, Japón y África. En muchas ocasiones actuaron de teloneros de The Rolling Stones. Pero del mismo modo que tocaron el cielo, las relaciones entre ellos se convirtieron en un infierno. Adicciones, intentos de suicidio y agresiones condujeron a un doloroso desenlace. Entonces ella retomó un camino en solitario, prácticamente desde cero. Siguió actuando y grabando discos. Destacan sus duetos y colaboraciones con Phil Co­llins, Paul McCartney, Eric Clapton, Eros Ramazzotti, David Bowie y Beyoncé.

La industria del cine le dedicó una película biográfica en 1993, What’s love got to do with it, basada en sus memorias de 1986. Tina Turner, además, ha probado fortuna en la gran pantalla con la intervención en varias películas. El público también recuerda su voz en el tema Goldeneye, compuesto por Bono para la película homónima de James Bond. A pesar de los reiterados anuncios de retirada, la cantante siguió más o menos en activo hasta el 2009. Desde 1994 reside en Suiza, donde hace cuatro años contrajo matrimonio con el agente discográfico Erwin Bach, a quien conoció en 1986. Para la ceremonia abrió su mansión de más de cinco mil metros cuadrados a los invitados, que vestían de blanco por una tradición budista, doctrina a la que la novia se siente adscrita desde 1970.

Turner, apartada de los focos en el momento adecuado, continúa siendo una mujer atractiva. Los doscientos millones de discos vendidos y las ganancias de las giras, como el récord de llenar el estadio de Maracaná en Brasil con 180.000 espectadores, le permiten el sosiego junto al lago Kusnacht en Zurich, donde ha aprendido a hablar en alemán. Temperamento y pasión definen a esta artista que expele las canciones dando patadas al suelo como una inconformista. Si fuera flamenca todos hablaríamos de duende.

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