Toni Comín: Un devoto de Mozart que gestiona la sanidad catalana

Cuando Toni Comín (Barcelona, 1971) renunció a una carrera como concertista de piano, hace tres décadas, no imaginaba que un día podría tocar el magnífico Steinway de gran cola del Palau de la Música. Pero este jueves fue ese día. “El más feliz de mi vida”, resumió el exdiputado socialista, hoy conseller de Salut de la Generalitat y persona de confianza del vicepresidente Oriol Junqueras.

Sentado ante el piano, en el escenario, interpretó un breve repertorio con piezas de Mozart –su compositor preferido–, Bach y Schuman y un par de canciones de Serrat y de su amigo Lluís Llach.

De tanto en tanto, entraba un grupo de las visitas guiadas que organiza el Palau, se sentaban, sacaban fotos y aplaudían. No había quien sacara de allí a Comín. “¡Las variaciones Goldberg y ya está, sólo el aria principal, prometido!”.

A diferencia de sus tres hermanos mayores, Antoni no tiró la toalla y completó sus estudios musicales

Que estudiara la carrera de piano fue uno de los empeños de su padre, el veterano del PSUC Alfons Comín, la figura que más le ha marcado. A diferencia de sus tres hermanos mayores, Antoni no tiró la toalla y completó sus estudios musicales, pero se sintió más atraído por la opción intelectual. Estudió Filosofía y Letras y Ciencias Políticas en la Universitat Autònoma de Barcelona e hizo un postgrado de Filosofía Política en la Universitat Pompeu Fabra, donde conoció a Eugenio Trías. En términos políticos estaban en las antípodas, pero establecieron un vínculo estrecho y Comín lo considera uno de sus grandes referentes. Otro es Pasqual Maragall. “Es el que me metió en el lío”, bromea.

Aunque ICV lo había rondado, fue el exalcalde de Barcelona quien le fichó en el 2003 para las listas del PSC al Parlament bajo el paraguas de Ciutadans pel Canvi y fue diputado del 2004 al 2010. Un año después Comín se afilió al PSC, pero en el 2014 rompió el carnet y terminó abrazando el independentismo y acercándose a Esquerra. Al frente del Departament de Salut, siendo el primer conseller del ramo que no tiene el título de Medicina, ha llevado a cabo iniciativas dirigidas a priorizar la gestión pública de los hospitales sobre la privada, lo que ha tensado las relaciones entre el PDECat y ERC y ha sido acogido con preocupación por algunos de los máximos responsables de la red sanitaria catalana. Después de haber abierto algunos frentes en el sector, al inicio de su mandato, ha reconducido en parte la situación.

Tocar en el Palau de la Música, un sueño hecho realidad para Comín

La cita con el conseller en el Palau de la Música supone ver cumplido un sueño que tenía desde niño, cuando asistía como estudiante de piano a los conciertos de Ibercamera, asomado a los palcos que hay justo encima del escenario. Este jueves, para dar fe de que era un gran día, le acompañaron su madre, sus hermanas y hasta su pareja, Sergi Corbera, que por lo general se mantiene en un segundo plano. Corbera, ingeniero geólogo, se quedó sin trabajo con la crisis y se fue a Londres a trabajar. Allí pudo estudiar Escenografía, que es lo que siempre había querido hacer y a lo que hoy se dedica. “Ha venido a verme el clan Comín, esta familia es así”, bromea el conseller, viéndoles aplaudir y sacarle fotos.

Con su pareja, adoptó en el 2012 a Laia, que en verano cumple cinco años. El conseller lamenta la imposible conciliación. “Cada día la llevo al colegio y si llego a tiempo por la noche le leo un cuento. Yo lo dejaría todo y estaría las 24 horas del día con ella”, asegura. La niña es consciente de tener dos padres, pero lo vive con normalidad. Si acaso, le encuentra ventajas, cuando ve alguna madre gruñona, se ríe Comín. “Un día empezó a inventarse madres: las abuelas, mi hermana Betona, mis primas mayores y nos dijo ‘tengo cinco madres’”, explica.

Terminados sus estudios universitarios, Comín trabajó brevemente en la Fundació La Caixa y dio clases de economía en bachillerato en la escuela Sagrat Cor, a cuatro pasos del Santa Anna, donde había estudiado. Luego entró de profesor ayudante en Esade, en el departamento de Ciencias Sociales en el que su padre había sido profesor, y en el que acabó consiguiendo una plaza fija, después de ser el mejor evaluado por sus alumnos del máster MBA. “Mi asignatura era de pensamiento crítico y yo era el ‘profe rojo’, teníamos grandes debates, pero valoraron mi trabajo”, recuerda. De creencia cristiana, escribió en la revista El Ciervo.

En su habitación de adolescente, tenía un póster del Che Guevara, una foto firmada del pianista italiano Maurizio Pollini y el prólogo sobre el principio que mueve la vida del Tratado de armonía de Schönberg, que se plastificó. Y un pequeño homenaje al rey Jaume I, del que era un gran fan de niño, cuando se apasionó por la historia de Catalunya: “En los ochenta estaban de moda aquellos adhesivos ‘I love NY’ y me hice uno, tipo pergamino, que ponía ‘I love Jaume I, I love el rei en Jaume, I love el Conqueridor’. Lo colgué en la pared y allí se quedó. Tenía un punto contracultural, pero era muy friki”, se ríe.

La dedicación política le llegó de forma casi irremediable. “He nacido en la política, sin hacer nada ya estaba ahí, pero nunca pensé dedicarme”, asegura. Su padre, un cristiano comunista que reconcilió ambas creencias, fue una figura clave en la lucha antifranquista y en la transición. Falleció en 1980 de una larga enfermedad, cuando acababa de ser elegido diputado por el PSUC en el primer Parlament de los años ochenta. “De niño yo desconocía la dimensión política de mi padre, pero mi casa era punto de encuentro de intelectuales y políticos”, recuerda Comín.

Loading...