Tres periodistas que llevan 20 años jugando a La Contra

Hace veinte años, tres periodistas de La Vanguardia se asomaron por primera vez a la contraportada del diario con unas gafas oscuras y un bebé en brazos. Era el 13 de enero de 1998 y La Contra arrancaba con una entrevista al entonces secretario general de Convergència, Pere Esteve –ya fallecido–, que llevaba en brazos al primer bebé nacido ese año. “Dele un consejo a Mario…”, le pidió en la primera pregunta Víctor Amela, que firmó aquella conversación. Las dos siguientes fueron de Ima Sanchís y Lluís Amiguet y desde entonces el lector ha tenido una entrevista diaria todo el año, sin paréntesis de vacaciones ni en verano, ni en Semana Santa, ni en Navidad.

Llevan 7.000 entrevistas publicadas, con sus preguntas a menudo poco convencionales, hechas desde la curiosidad de quien pretende no saber demasiado. Y aseguran que no dejan de sorprenderse y de aprender. Esta semana se citaron para grabar un breve vídeo para la web y recordaron anécdotas. Ya no se ven a diario para acordar cada detalle como al principio, cuando les daban las tantas en la redacción discutiendo listas de personajes y corrigiendo entrevistas a seis manos. Ahora cooperan, pero compiten. Aseguran que no saben qué entrevista va a publicar el otro. Y la complicidad y el buen rollo entre ellos funciona. “A mí Carla Bruni me pidió el e-mail el otro día”, bromeaba Amiguet, hablando los tres de la buena sintonía que en muchos casos consiguen con los entrevistados. “Se lo pide a todos…”, le advirtió Amela.

A un Nobel de Física le preguntamos por su trabajo; también si se arrepiente de algo”

Víctor Amela

“La Contra me ha transformado –sostiene Sanchís, ya en serio–. Ha sido una universidad de la vida. Y creo que parte del éxito también es eso, la curiosidad que tenemos como periodistas de saber en qué consiste vivir, cómo se lo montan los demás, como superan las cosas más simples, qué esperanzas hay de todas esas cosas que nos angustian”. Amela apunta: “A un Nobel de Física le preguntamos por lo que ha investigado, pero también cómo llega a ser quien es, qué sueños tiene, o si se arrepiente de algo”. “Y si cree en Dios –añade Sanchís–. Preguntamos sin miedo al ridículo, a que piensen que nos vamos por las ramas”. “A veces somos tan genuinos que parece que no tengamos ni idea del personaje”, asegura Amiguet.

En dos décadas han entrevistado a personas de todo tipo, desde sabios eminentes hasta la niña Arati, una vendedora callejera de postales en Benarés (India) que le contó a Ima Sanchís que quería ser doctora. “Y al publicarse la entrevista, un estudiante de Medicina de Lleida organizó un proyecto para traerla a ella y otras niñas”, cuenta. Amiguet pudo hablar con José Joaquín Martínez en el corredor de la muerte, en la prisión de Tampa, aprovechando que había ido a Miami a hacerle una entrevista a Ken Follett, que publicaba un libro sobre la NASA. “Llamé a la cárcel, pedí la entrevista y me la dieron. Fue curioso porque hablé en inglés y dije que era de Barcelona y el sergeant Molina me con­testó en castellano: ‘Dime chacho’”, recuerda. Amiguet publicó la entrevista, con la foto que él mismo le hizo. “Martínez quedó en libertad después de conseguir dinero para un buen abogado y buena parte del dinero recogido en España fue en Barcelona”, subraya. Amela recuerda que su entrevista a Jaume Sanllorente también tuvo continuidad ya que sirvió para dar un impulso económico determinante a su oenegé Sonrisas de Bombay.

Hemos sacado temas antes que nadie, con controversia, pero al final teníamos razón”

Ima Sanchís

Una de las claves de las entrevistas de La Contra es que son de lectura rápida, con preguntas y respuestas cortas. “Se lee tan fácil que mucha gente piensa que las hacemos en un momento, pero qué va, detrás hay mucho trabajo”, señala Lluís Amiguet. “Creo que el secreto de una buena entrevista es ser generoso –añade Ima Sanchís–, con el entrevistado, al que hay que dejar hablar, sin prisas, pero también con el lector, al que tenemos que ofrecer una entrevista con ritmo, con preguntas y respuestas ajustadas”. “Es un trabajo de artistas –sostiene Víctor Amela–. Puedes escuchar lo que dice en un cuarto de hora pero debes dejarlo en una frase, nuestro trabajo es sintetizar, no somos taquígrafos que transcriben”.

Cada uno tiene su estilo, que a menudo se nota en la propia entrevista y en el personaje elegido. “Reconozco que a veces pienso que ‘estoy haciendo un Ima’, una señora profunda, y si es un tío raro pienso ‘este le hubiera gustado a Víctor’”, apunta Amiguet. “Es cierto, me gustan los raros, en cambio los muy aposentados son para Amiguet”, replica Amela, riendo. “Muchas veces hemos dicho que no a una entrevista porque no nos parecía interesante el personaje, fuera quien fuera y no hemos sufrido presiones para hacerlo y eso es un privilegio”, subraya Sanchís.

Se lee tan fácil que muchos piensan que lo hacemos como si nada, pero qué va”

Lluís Amiguet

Después de veinte años aseguran que no quieren hacer otra cosa. “Hemos sido pioneros en sacar muchos temas que a lo mejor han sido polémicos y nos han dado algún disgusto, pero el tiempo nos ha dado la razón en muchos casos”, apunta Sanchís. “En estos años también hemos aprovechado las propias circunstancias para preguntar por temas que nos interesaban personalmente, pero que al lector también y siempre pidiendo que nos los explicaran como si fuéramos un niño”, apunta Amela. Lluís Amiguet cierra la conversación desvelando uno de sus recursos. “¿Sabéis que a Woody Allen le he preguntado: ‘Voy a casarme, ¿qué consejo me da?’. Se lo he preguntado seis veces. La última me dijo: ‘Creo que es muy feliz con su vida de soltero’”. Y entonces arrancan a hablar del movimiento #MeToo y sus monstruos.

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