Trudeau y Macron, duelo de sex symbols en el G7

Era uno de los encuentros más esperados de la política internacional. Las redes sociales llevaban semanas palpitando por una futura reunión entre dos de los líderes más atractivos y carismáticos del momento. Justin Trudeau, a quien por su imagen se compara con el príncipe Eric de La Sirenita, y Emmanuel Macron, el joven galán francés, se encontraron por fin en la reunión del G7 y elevaron la temperatura ambiente.

Porque el caso de estos líderes mundiales va más allá de las decisiones de Estado. Ellos destacan también en el mundo de la sofisticación, del glamour y manejan sin problemas su imagen pública. Paseando por Taormina (Italia), ambos rivalizaron, sin buscarlo, por captar la atención de los focos. Com si de dos estrellas del rock se tratara, Trudeau y Macron han generado intensos debates entre sus fans.

Las redes comparan a Justin Trudeau con el príncipe Eric de la Sirenita Las redes comparan a Justin Trudeau con el príncipe Eric de la Sirenita (LVD)

¿Quién es más guapo?¿Quién viste mejor?¿Quién tiene más estilo?¿A cuál elegirías para una noche romántica? Y, como es evidente, es casi imposible ponerse de acuerdo. Los Macroners celebran sus ojos azules, su juventud y su afinidad por el piano y las artes. De Trudeau se destaca su habilidad para romper los límites de la corrección política, como demuestra el gran tatuaje que luce en el brazo izquierdo y que representa un planeta tierra dentro de un cuervo Haida. El diseño apareció a la vista pública cuando Trudeau peleó en un encuentro de boxeo de caridad contra su rival político, Patrick Brazeau, y sorprendió a muchos al ganar.

Jóvenes, carismáticos y con seguidores más allá de su programa político

Ambos comparten también una vida sentimental estable, aunque la historia amorosa de Macron se haya hecho más mediática. Y es que el nuevo mandatario francés está casado desde 2007 con su antigua profesora de francés Brigitte Trogneux, 24 años mayor que él. Una suculenta historia que no pasó desapercibida por los medios de comunicación. Los tres hijos de Trogneux de su relación anterior ayudaron activamente al político durante los actos de su campaña electoral. Se comenta en su entorno que, a pesar de su edad, ya es abuelo por los siete nietos por parte se su mujer. A Macron le gusta especialmente el fútbol, pero también el kickboxing.

Justin Trudeau fue a estudiar a la Universidad de Columbia Británica, pero también tuvo que lidiar con una historia dramática porque su hermano menor, Michel, murió en una avalancha en la provincia en 1998. El mandatario canadiense tiene 45 años, seis más que su homólogo francés, al que le saca 13 centímetros de altura. Sus 1,88 metros superan los 1,75 de Macron. De profesión profesor, se casó con la periodista Sophie Grégoire, con la que tiene tres hijos. Además del boxeo, al canadiense le gusta practicar yoga y es un apasionado de los animales (una fotografía suya abrazando un oso panda se hizo viral).

Las sonrisas de ambas mandatarios y su elegante estilo acumulan suspiros más allá de la política, en una opinión pública que les considera dos de los políticos más glamurosos del momento. A Trudeau también le han jugado a su favor sus discursos en apoyo al feminismo y la homosexualidad, además de haber demostrado ser una persona cercana con algunas minorías en su día a día.

Emmanuel Macron apenas lleva unos días en el cargo pero su estilo dista mucho del de su antecesor, François Hollande, y fuera de la política muchos destacan su papel de “excelente padrastro” y su sensibilidad por las artes, la filosofía y el piano. Un toque intelectual que ayuda a reforzar una imagen de seductor muy parecida a la de su compatriota canadiense que, eso sí, no solucionará algunos de los problemas más exigentes de ambas naciones.

En las redes su encuentro ha sido apoteósico, dónde no ha pasado por alto la buena planta de ambos y la predilección de las cámaras por la fotogénica pareja de líderes. Algunos incluso han querido ir más lejos y han bautizado la relación de Macron y Trudeau como ‘Bromance’ (que viene de la unión de términos brother y romance), para referirse al duelo entre estos atractivos dirigentes, más allá de la política, para averiguar por fin quién es el sex symbol de la política moderna.

Se llevan seis años de diferencia pero tienen algunos puntos en común

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