Un príncipe sin identificar

Federico de Dinamarca, príncipe heredero y casado con la australiana Mary Donaldson, ha comprobado que sus credenciales no son suficientes para ser reconocido en Brisbane (Australia), donde los responsables de un bar de copas le negaron la entrada al local al no facilitar una documentación que acreditara su edad. La normativa local sobre bebidas alcohólicas exige, bajo penas de multa o clausura del local, que a partir de las 10 de la noche todos los bares escaneen el documento de identidad de sus clientes antes de dejarles entrar.

El príncipe, de 49 años, que se encuentra en la ciudad costera participando en unas regatas que tienen lugar en la isla de Hamilton, acudió el domingo por la noche al bar Jade Buddha de Brisbane. En la entrada, el portero le informó de que tanto él como sus acompañantes necesitaban mostrar la identificación necesaria para poder acceder, pero los escoltas que acompañaban al heredero se negaron a que se revisara su documentación y no facilitaron su identidad.

El heredero danés y su mujer, la australiana Mary Donaldson, se conocieron en el 2000 en un bar de Sydney

Federico de Dinamarca y sus acompañantes abandonaron el lugar, pero regresaron 15 minutos después tras consultar con las autoridades locales sobre el alcance de la normativa. Los escoltas del príncipe danés, acompañados por la policía local, se identificaron y convencieron al encargado del local de que, en este caso, quedaba eximido de la responsabilidad ya que ellos daban fe de la identidad del príncipe y de sus acompañantes y de que todos superaban la edad reglamentaria para entrar en un local donde se consumían bebidas alcohólicas.

El estado de Queensland tiene una legislación muy severa respecto al alcohol. En los bares que abren hasta después de la medianoche se exige un identificación oficial que puede ser el carnet de identidad, el permiso de conducir o el pasaporte para poder entrar. Tras el incidente con el príncipe Federico, el copropietario del Jade Buddha, Phil Hogan, aseguró que esas medidas son excesivas y más cuando se trata de un dignatario extranjero, que debería estar excluido de esta norma. “Es una ley estúpida. Siempre pensamos que es una pesadilla”, aseguró el propietario a un diario local que informó del incidente.

La historia acabó traspasando el ámbito nocturno y obligó a pro­nunciarse a la fiscal general de Queensland, Yvette D’Ath, quien intervino en el asunto para evitar que hubiera una protesta diplomática.

Federico de Dinamarca viaja casi todos los años a Australia, país de origen de su esposa, Mary Donaldson, una abogada nacida en la isla de Tasmania, a la que conoció en el 2000 durante la celebración de los Juegos Olímpicos de Sydney. Se da la circunstancia de que Federico conoció a Mary en un bar de copas ubicado en los antiguos tinglados del puerto de Sydney. En el local se encontraban tres solteros de oro: el entonces príncipe Felipe, su primo el príncipe Nicolás de Grecia y el primo de este, Federico de Dinamarca, acompañados de otros amigos que entablaron conversación con un grupo de chicas australianas entre las que se encontraba Mary Donaldson. El príncipe Federico de Dinamarca, que entonces tenía 32 años y arrastraba una intensa carrera sentimental poblada de modelos y cantantes, se quedó prendado de Mary. Cuatro años después se casaron, han tenido cuatro hijos y ella se ha convertido en celebridad dentro y fuera de Australia. Si el portero del local de Sydney hubiera sido tan exigente, quizá Federico y Mary nunca se habrían conocido.

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