Woody Allen se toma un descanso tras actuar en Cap Roig

Woody Allen se siente en Barcelona como en casa. Tras su concierto con la New Orleans Jazz en Cap Roig, el hipocondriaco más internacional del planeta se aloja en la ciudad (marchó de Girona de madrugada para instalar su cuartel general en una habitación de hotel que en su día ocupó otro internacional global, ni más ni menos que Dalí) y desde ahí se dedica a visitar a sus amigos y satisfacer sus antojos gastronómicos.

Acompañado de la siempre seria Soon-Yi, 35 años menor que él y a la que conoció cuando era la hija adoptiva de su ex, Mia Farrow, ayer inició con una visita a Isidre Gironés, el dueño de Ca l’Isidre, sus minivacaciones en la ciudad que le inspiró Vicky, Cristina, Barcelona.

Acompañado de la siempre seria Soon-Yi, el hipocondriaco más internacional almorzó ayer en Ca l’Isidre

El cineasta y Gironés son amigos desde hace tiempo y cada vez que el afamado director, guionista, actor, músico, dramaturgo, humorista y escritor estadounidense de 81 años pasa por Barcelona se deja agasajar por la cuidada cocina catalana (desde las gambas rojas de Palamós, a la butifarra negra con garbanzos o un par de huevos fritos con chanquete) de este clásico de Ciutat Vella decorado con obras originales de Picasso y Miró.

Y tarde o temprano rinde también visita a Via Veneto, el templo de la gastronomía afrancesada dirigido por los Monje del otro extremo de la ciudad, en la calle Ganduxer. También de ese restaurante, por el que han pasado desde Richard Nixon a Christopher Lee y Dalí, Woody Allen es un fijo. Y como Dalí, también él ocupa siempre la misma mesa. Cuando quiera y con quien quiera.

Ya son muchos años y muchas vivencias en Barcelona. Aquí produjo la primera película dedicada a una ciudad europea porque es precisamente donde tiene a sus hombres de confianza. Son Tito Ramoneda, su representante en España, y Jaume Roures, cuya productora Mediapro presentó hace dos años el proyecto para transformar la antigua Escuela de Artes y Oficios de Barcelona en el primer museo del mundo dedicado al cineasta. La idea buscaba llenar los 2.000 metros cuadrados distribuidos en tres plantas de la Llotja con una exposición de la su filmografía.

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