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27N: Algunas fechas son impares

LA HABANA, Cuba. – Hay fechas que no hacen par, fechas que son incomparables, que resultan únicas dentro de la historiografía de un país, de un pueblo, de un individuo. ¿Quién no guarda en su memoria algún día de algún mes y de un año cualquiera? Y es que hay fechas que se hacen acompañar de muchas trascendencias, y hasta de fe. Hay fechas que tienen tanta notoriedad que se hacen únicas, que se tornan incomparables. Hay fechas grandes, ideales, y todos tenemos alguna de esas.

Una fecha grande puede ser el nacimiento propio o el de la madre y el padre, el de los abuelos o los hijos. Una fecha grande puede estar relacionada con el más grande amor y el primer encuentro, incluso con la separación y la muerte. Hay fechas que tienen celebraciones en casi todo el mundo, como el nacimiento de Jesús, incluso cuando existen quienes especulan sobre la fecha que fijara hace milenios la cristiandad; pero sus fieles se juntan en La Misa del Gallo cada 24 de diciembre para celebrar el nacimiento de Jesús, para esperarlo en comunión. 

Para mí también hay fechas memorables: el nacimiento de mis abuelos paternos, el nacimiento de mis padres, y hasta el mío, el que muchas veces quisiera que no llegara, sobre todo desde que la vida cubana espanta cualquier celebración que no tenga concordancias con sucesos de la era “posrevolucionaria”. En Cuba se celebra el ataque a un cuartel aunque haya dejado muchos muertos, y se alaba una batalla en Girón, y el triunfo de algo a lo que, empecinadamente, siguen llamando “Revolución”. 

En Cuba se dejaron de celebrar las Navidades, y se tornaron peligrosas las celebraciones que fueran más allá del “calendario comunista”. En Cuba se lisonjea a Camilo y al Che Guevara, a Vilma Espín y sobre todo a Fidel Castro, quien al parecer hizo cosas “trascendentes” en los 365 días del año. Y en Cuba la mayoría vivimos de espaldas al almanaque, y cada día es igual de triste que su antecesor.

Yo ni recuerdo ya la fecha exacta del nacimiento de mis hijos, que son mis libros y mi perro, así que ni eso puedo celebrar en el país de las tantas “celebraciones” rimbombantes, todas falsas. Y tanta falsedad pone en alerta mis sentidos, como ahora mismo. Resulta que ya se anuncia la celebración de las asambleas para nominar a esos candidatos a delegados a las asambleas municipales del “poder popular”, que ya sabemos que son farsas, que están preparadas, y en las que el Partido recomienda a sus fieles, con voz muy queda, quienes deberán ser sus candidatos a delegados a las asambleas municipales.

Lo que me resulta más curioso esta vez, es que esas asambleas se celebrarán el 27 de noviembre, y recordemos entonces aquel 27N en las afueras del Ministerio de Cultura. Recordemos que ese día un montón de artistas y escritores se reunieron frente a esa casa que antes de ser Ministerio fue la residencia de Julio Lobo, y que la Revolución se la robó para poner allí, un tiempo después, el “Ministerio de Cultura” que “dirige” un “ministro” que responde al nombre de Alpidio Alonso.

Todos sabemos lo que sucedió ese día, y también durante el siguiente, y en los subsiguientes. Recordemos el manotazo de Alpidio, recordemos el arrebato de un celular y el golpe que impidió la resistencia al robo del celular. Recordemos las reacciones en toda Cuba y en el mundo exterior, recordemos… ¿Y querrán los mandamases que recordemos? ¿Permitirán los mandamases que ese día quede signado por las tropelías del poder? No, no, y no…

El poder quiere borrar ese suceso animoso y ya fijado, sin dudas, en la historia cubana. El poder quiere suplantar sus significados y significantes. Si la comunidad de artistas y escritores fue a dialogar y recibió represalias, entonces intentarán borrar esos hechos para siempre. Habrá que suplantar el uno con el otro, y creo que por eso escogieron el próximo 27 de noviembre para que comenzaran las asambleas de nominación de candidatos a delegados a las “Asambleas Municipales del Poder Popular”; dos sucesos diametralmente opuestos entre las historias de un mismo día.

Lo mejor para ellos es buscar, intentar un suceso suplente lo más alejado posible del anterior y a la opinión de los que “somos más”, de los que “somos muchos”. El 27N dejó huellas que podrían ser revisitadas, retomadas; pero ellos pretenden salirles al paso, contrarrestar lo que podría venir. Cualquier evocación pública sería entonces un atentado contra las elecciones, y daría un tinte de legitimidad a la represión. “Di P…, antes que te lo digan a ti”, así decimos los cubanos.

Es un despropósito que supongan que lo pueden conseguir, es una masturbación mental o, como diría un amigo, una “brain masturbation”. Si ellos creen realmente que lo conseguirán es porque están bien turbados. Ellos, como la fe, asumen todos los riesgos; pero a diferencia de la fe, resultan desatinados. El 27N, a no dudarlo, sobrevivirá en la historia cubana, mientras que esas “asambleas” quedarán en el olvido porque algunas fechas son singulares y otras no; porque algunas fechas son impares, desiguales, y otras tienen predicamentos que resultan irrevocables.

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