‘A este paso, nos convertiremos en un pueblo de cadáveres’ Cubanet

LA HABANA, Cuba.- El deterioro ambiental en Cuba tiene carta de ciudadanía y pedigrí. Las calles y edificaciones exhiben un rostro marcado por la perturbación ideológica y el desastre económico que empobrece, acelerada y tenazmente, la vida física y espiritual del país.

Vecinos de Calzada de Vento, entre Acosta y 4ta., conviven con un salidero de aguas negras que, según comenta Rogelio Díaz, un vendedor ambulante que opera por la zona, “es como un volcán”.

“A veces se calma el salidero, pero cuando menos te lo piensas hace erupción y comienza a salir la mierda y otros residuos albañales. Y eso puede durar semanas o meses”, describe.

Para Rogelio, así como para otros vecinos que prefieren no identificarse, “la suerte es que la fosa está ubicada en una zanja de un metro y medio de profundidad y las viviendas más cercanas se encuentran en la acera de enfrente, a unos 10 o 12 metros de distancia. Aunque, claro, eso no significa que el peligro bacteriológico sea menor”.

Otro foco potencial de contaminación ambiental lo constituye el río  Santa Amalia, ubicado en el reparto del mismo nombre, en el municipio habanero de Arroyo Naranjo.

Amelia Diéguez Arencibia, una anciana de 78 años vecina de la zona, asegura que “cuando más limpio se ve el río es cuando ocurre alguna inundación provocada por el exceso de lluvia; pero entonces toda la porquería va a parar a la calle y al interior de algunas viviendas cercanas”.

La podredumbre alcanza, prácticamente, a todos los municipios de la capital que además se ven peligrosamente afectados por la contaminación del agua potable a consecuencia del deterioro de la red hidráulica, las que se encuentran demasiado cercanas a tuberías de desagüe albañal en igual estado de deterioro.

Por otra parte, los medicamentos preventivos que pueden aumentar y fortalecer la respuesta del organismo ante algunas enfermedades virales sufren un déficit prolongado en las farmacias.

“El Polivit (multivitaminas), por ejemplo, ha desaparecido de las farmacias”, dice Ramiro Cejas Bartolomé, de 64 años. “No es que sea una poción mágica, pero ayuda mucho a compensar la mala calidad de nuestra alimentación deficitaria”.

“No sólo estamos expuestos constantemente a enfermedades infecto-contagiosas, “continúa Cejas Bartolomé: “Es que, además, cada día tenemos menos recursos farmacéuticos para combatirlas. Todo el interés del Gobierno está centrado en un turismo que en nada nos beneficia y en asegurar la perpetuidad de su permanencia en el poder. A este paso, nos convertiremos en un pueblo de cadáveres”.

Conversamos con trabajadores que laboran en Comunales, Áreas Verdes, Aguas Habana y otras instituciones asociadas a la reparación de calles, con el propósito de obtener información sobre los posibles planes del Gobierno para enfrentar y solucionar la insalubridad y el exceso de basura y escombros en las calles.

Basural en la intersección de General Lee y Vía Blanca, municipio Diez de Octubre (Foto: Ernesto Aquino)

En la totalidad de los casos, este reportero no consiguió que uno solo de los entrevistados aceptara comprometer su nombre, por el histórico temor a ser expulsados de sus trabajos.

“Nosotros somos soldados laborales”, expresó un plomero de 61 años, y continuó: “No tomamos decisiones ni podemos hacer propuestas. Somos víctimas, como el resto de los ciudadanos. Seres humanos que tenemos que enfrentar todos los días la amenaza de muerte que se cierne sobre nosotros por la falta de higiene ambiental”.

Un especialista en epidemiología, que protegió su identidad, pronosticó que “un día no habrá suficientes brazos para recoger los muertos en las calles. Los muertos por enfermedades infecciosas, agravadas por la contaminación medioambiental, desaparecen de las estadísticas, como desaparece la esperanza y el sueño de los cubanos diluidos en la desesperación de una vida sin futuro”.

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