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Con censura y asesinatos de reputación: Arranca el Festival de Cine de La Habana

LA HABANA, Cuba. – A inicios de este mes, el Observatorio de Derechos Culturales (ODC) publicó un análisis a partir de las “evidencias de nuevos ejercicios de censura” contra obras que participarían en el 44º Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, el cual comienza este viernes y se extiende hasta el próximo 17.

En el texto, publicado en la revista de arte y literatura Hypermedia Magazine, el Observatorio denunció también el “asesinato de reputación de numerosos creadores audiovisuales cubanos llevado a cabo por las autoridades culturales del país”.

Llamadas desde Moscú, de Luis Alejandro Yero, y La Habana de Fito, de Juan Pin Vilar, fueron apartadas del concurso y de otras secciones sin mediar explicación a sus realizadores. Este modus operandi es conocido. Existe un fuerte escrutinio de las obras en el Comité de Selección del Festival de Cine de La Habana, que mutila su curaduría. De esta manera, algunos cineastas son notificados de su exclusión en el último momento y sin mayores aclaraciones”, denunció el ODC, que reconoció que ambas producciones presentan una narrativa incómoda para el poder político cubano, lo cual justificaría su exclusión de las salas de cine de La Habana. 

En días pasados, el propio viceministro de cultura Fernando Rojas en su perfil de la red social X describió la película de Yero como “un daño a la Revolución” y aseguró que un “ataque de este tipo” no llegaría a las pantallas.

Mientras tanto, el ODC recordó que esta no es la primera vez que el Festival de Cine de La Habana determina a última hora y unilateralmente la eliminación de candidatos, sino que es un sostenido ejercicio de violencia institucional, al tiempo que mencionó otros casos de censura, como los ocurridos contra Fausto Canel, Miguel Coyula y Carlos Lechuga. De este último fue retirada del Festival su cinta Vicenta B., la cual contaba incluso con el apoyo del Fondo de Fomento del Cine Cubano del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).

Asimismo, el Observatorio condenó que el Ministerio de Cultura, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y el ICAIC descalificaran al IV Festival de Cine INSTAR y lo que consideró como un “asesinato de reputación” de creadores cubanos en pugna con el régimen de La Habana.

El viceministro Rojas arremetió de manera irrespetuosa contra miembros de la Asamblea de Cineastas Cubanos (ACC) en sucesivas respuestas dadas en su perfil de X al ser cuestionada la exclusión de estas obras. El ODC recordó en su análisis que “justamente la censura motivó a la creación de dicha Asamblea para reclamar garantías, derechos y autonomía para el gremio” y que la propia ACC “ha declarado que el ICAIC es ‘una plataforma usada para cercenar, silenciar, amedrentar y excluir’”.

El sitio oficialista La Jiribilla publicó el 29 de noviembre un texto difamatorio contra el Instituto Internacional de Artivismo “Hannah Arendt” (INSTAR), dirigido por la reconocida artista Tania Bruguera, y contra el cineasta Eliecer Jiménez Almeida.

Por su parte, Lis Cuesta, la esposa de Miguel Díaz-Canel, en su red social X calificó de “infelices” y “poco creativos” a cineastas y activistas cubanos, a propósito del Festival de Cine INSTAR, organizado de forma independiente y en paralelo al de La Habana.

“La Patria es la Cultura de su Pueblo, entonces, es muy predecible que los enemigos la ataquen”, dijo en referencia a un pronunciamiento de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), que también arremetió contra la iniciativa independiente.

Para la Asociación Hermanos Saíz (AHS), organización oficialista que reúne a jóvenes escritores, investigadores y artistas, los cuestionamientos a la censura son un intento o estrategia para socavar el Festival Internacional de Cine de La Habana.

“El Festival de Cine de La Habana es también un símbolo que merece todo el respeto y el apoyo de quienes en verdad valoramos su significado para la sociedad latinoamericana y global”, publicó la AHS en su portal oficial.

La organización aseguró que cerca de 2.000 obras se inscribieron esta vez para el certamen, de las cuales solo 199 entraron en competencia, por lo que fue “una selección difícil atendiendo a cuestiones estéticas, la cantidad de días del evento y el número de salas de exhibición”. Además, expresó que “autores de más de 1.600 obras se quedaron fuera para el concurso, pero eso nunca debiera ser motivo para shows en redes digitales ni en otros espacios con el afán de empañar el certamen”.

“Nuestro compromiso es total con el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano y con quienes en verdad queremos lo mejor para la cultura cubana; con los realizadores jóvenes, con quienes privilegiamos la ética desde la cultura y el amor verdadero a Cuba, sin importar en qué país vivamos”, añadió la AHS, que pidió respeto para “el arte cubano, nuestro pueblo y nuestros símbolos”.

Según el ODC, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano “constituye, desde su fundación, un nodo para irradiar influencia, establecer colaboraciones y absorber finanzas desde La Habana”.

“Si el cine es una herramienta de cambio social, el régimen cubano opera a destiempo clausurando sus voces plurales”, aseguró el ODC. 

“Tanto la coacción y la censura como la narrativa de trinchera y revictimización, violentan y asesinan la reputación de numerosos creadores audiovisuales cubanos, formados, premiados y con carrera probada en la Isla. El Observatorio alerta sobre la censura sostenida, incrementada y amplificada en momentos de crisis institucional, así como la toma de decisiones veladas y violatorias de los derechos culturales, de información, reunión, creación y exhibición de los realizadores cubanos”, amplió.

En ese sentido, también alertó “sobre las violaciones de derechos culturales que impactan contra los creadores, los receptores culturales, y el devenir mismo de la cultura nacional. La producción, conservación y evocación de la memoria colectiva le compete a cada ciudadano”.

Finalmente, abogó por “alejar la creación cinematográfica de militancias disfuncionales ante una audiencia que merece conocer nuevos lenguajes, lecturas y perspectivas” y “sugirió a instituciones socias del festival distanciarse de la administración autoritaria de la Isla”.

“La larga data de cultura moralizante promovida por Cuba en la región exporta sesgos que perpetúan el apartheid político, el culto a la personalidad, la movilización de masas bajo presupuestos totalizantes y, en suma, la violación de derechos humanos”, sentenció.

El ODC se define como una organización sin fines de lucro destinada a monitorear, historiar, analizar y denunciar casos de censura contra artistas e intelectuales cubanos, tanto dentro como fuera de Cuba.

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