Cuando Granma quiere decir la verdad Cubanet

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Ariel Terrero Escalante (d) en un evento oficial (Instituto de Periodismo José Martí)

LA HABANA, Cuba.- Las verdades del periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, no han sido muchas, pero de vez en cuando se le va la pluma. El 14 de febrero de 1991 declaró que “Cuba es un país agrícola subdesarrollado” y el 16 de febrero de 2006, en un reportaje sobre La Habana titulado “El viejo dilema de la basura”, expresó por primera vez que “la higiene comunal de la urbe cubana no goza de buena salud y aunque duela, es considerada por muchos de sus moradores como la ciudad más sucia del país”.

Ahora, al cabo de once años, tiempo que Raúl Castro lleva como jefe de Estado, para sorpresa de muchos, publicó una información el 29 de diciembre de 2017, donde el periodista Ariel Terrero Escalante, especializado en asuntos económicos, dice por lo claro que nuestro modelo económico de socialismo no funciona.

O sea, que no funciona porque “trabajadores por cuenta propia, incluidos los más afines a formas empresariales privadas, miran sus negocios con incertidumbre cada mañana por la ventana”.

El artículo de este periodista, nacido en 1962 y ganador de premios a nivel nacional, comienza preguntándose cuánto ha cambiado Cuba desde que emprendió el proceso de actualización del modelo económico y social, implantado por Raúl hace casi diez años. Él mismo se responde: “La respuesta puede ser tan difícil como las vallas por saltar aún en ese camino”.

El análisis económico de Ariel —perdón si me arriesgo a opinar, puesto que no soy especialista de nada y sí una periodista que observa a su alrededor todo lo que ocurre en Cuba y que para colmo, dice la verdad clara y sencilla—, es una bofetada al triunfalismo que se lee a diario en Granma, a cargo de sus periodistas oficialistas, dóciles y disciplinados, para no buscarse problemas con la dictadura castrista.

Pero todo parece indicar que Ariel Terrero está por encima de eso y expone sus criterios sin miedo alguno, sabe Dios por qué. Las nuevas reglas del juego que, por supuesto, han variado a consecuencia de la expansión alternativa de mercado y las opciones de autonomía, insisten en demostrar que en una dictadura de extrema izquierda-comunista, ante un asomo de libertad, el Estado corre gran riesgo porque la economía está muy lejos, casi imposibilitada de despegar.

Ni siquiera hace falta leer entre líneas al periodista. Más claro ni el agua: Pensar en un desarrollo en Cuba es un eufemismo, si analizamos el incremento del Producto Interno Bruto (PIB) bajo el castrismo. Es por eso que, según Ariel, “para entrar en las aguas profundas del desarrollo, hace falta sostener ese paso durante años en plural”.

Cuando se refiere al difícil dilema de suprimir una moneda —en Cuba existen dos para colmo de males—, aclara que tendría que ver no sólo con los precios y con el ingreso de las personas, sino además con la capacidad de compra del salario.

Para Terrero Escalona es lógico que la evolución de la economía sea un fracaso y lo corrobora cuando, como se sabe, “trabajadores de alta calificación emigran desde puestos empresariales hacia plazas menos exigentes pero mejor pagadas”.

¡Qué vergüenza para un jefe de estado que proclama que “aquí estamos y estaremos: libres, soberanos e independientes”! Quiere decir que valen más esas tres palabras que la prosperidad del pueblo, su calidad de vida, su futuro.

Por último, Ariel Terreno señala que el problema radica “en la cautela de los economistas más sesudos para expresar fórmulas o soluciones al problema y la falta de acuerdo entre ellos cuando se arriesgan a elucubrarlas”.

No, amigo, la culpa no es de los economistas, que como locos, no saben ya qué hacer. Lo mejor es que todos entiendan lo que Winston Churchill explicó en todos sus detalles: “El comunismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia, la prédica de la envidia y su distribución inherente es la distribución igualitaria de la miseria”.

Sólo entonces entraremos en las aguas profundas del desarrollo.