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Cuba: el fracaso de la agroindustria azucarera visto desde el central Guiteras (II)

LA HABANA, Cuba. — Concerniente a que, según directivos de la agroindustria, “el primer problema” en la producción azucarera en la recién finalizada zafra fue la falta “de disciplina” en la cosecha, decíamos en el artículo anterior que, en contraposición con el corte, alza y tiro (transporte) mecanizados de hoy, antes de desarrollarse la cosechadora, hombres dotados con mochas y machetes cortaban la caña temprano en la mañana y con bueyes, tractores, carretas y camiones la llevaban a los transbordadores (grúas-básculas) haciéndola llegar fresca al central por vía del ferrocarril, “disciplinadamente”.

Incluso, sin camiones ni tractores, recién concluida la Guerra de Independencia —que destruyó la industria azucarer—, de forma manual, con machetes y mochas y con carretas tiradas por varias yuntas de bueyes, en el año 1900 en Cuba se produjeron 309 195 toneladas de azúcar, una cifra similar a la de la zafra que acaba de concluir (unas 482 830 toneladas).

Aunque ahora no es posible exportar azúcar y para los cubanos está estrictamente racionada, en 1900 fueron exportadas 291 460 toneladas, algo así como 6 840 galones de mieles.

Y, con esa misma técnica de corte y alza manual de la caña, aunque para su transportación hasta el transbordador del ferrocarril emplearon además de carretas tiradas por bueyes  camiones y tractores tirando de cinco o seis carretas, en 1952 los azucareros cubanos produjeron, sin mucho ruido, 7 298 023 toneladas métricas de azúcar, moliendo sólo 59 537 933 toneladas de caña. La otra cara de la moneda es la llamada Zafra de los diez millones, en la que se produjeron 8,5 millones de toneladas de azúcar, 1 201 977 toneladas más que en 1952, debiendo cortar 79,6 millones de toneladas de caña, y utilizando, además del corte manual, corte y alza mecanizada.

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Central Delicias, actual Central Guiteras, en 1950 (Foto: Cortesía del autor)

Pero en la Zafra de los diez millones, que comenzó a prepararse desde el segundo lustro de la década del 60, todavía Cuba poseía líneas principales de ferrocarriles, enlazadas con ramales dotados de transbordadores en prácticamente todas las colonias que, luego de expropiadas, fueron agrupadas en las llamadas “granjas del pueblo”, “cooperativas cañeras”, “granjas administrativas”, y más tardes, “distritos cañeros”, eufemismos todos empleados para enmascarar la liquidación de la propiedad privada de la agroindustria azucarera, que pasó a manos del Estado.

Batey es voz indígena usada para designar el espacio que ocupan los centrales azucareros y sus poblados. Y si para nuestros aborígenes el batey fue el centro de la vida espiritual y cultural de la aldea, donde se divertían con el areito y esa suerte de voleibol que conocemos como juego de batos, para nuestros campesinos, hasta mediados de los años setenta del pasado siglo, el batey no fue menos.

El batey fue mucho más que lo mostrado por la televisión estatal en el programa Palmas y Cañas. Pese a la explotación innegable, prohibida constitucionalmente, como el pago con vales, que sufrieron nuestros hombres de campo por la avaricia de una parte importante del empresariado, el batey significó progreso. Estaban en el batey el pozo o el aljibe con agua potable, la tienda mixta con víveres, ropa, calzado, herramientas, ferretería y aunque no en todos, la escuela primaria pública, el barracón para los trabajadores temporales o los inmigrantes antillanos, el garaje para los tractores, el transbordador y la báscula romana para pesar los bultos de cañas.

Pero el ramal de ferrocarril que llegaba hasta los transbordadores (grúas se les llamaba), y eran núcleo de un batey, no sólo servían para hacer azúcar, sino también para ir a la ciudad en los primitivos, pero puntuales transportes ferroviarios de la época, haciendo que el hombre de campo y su familia, mancomunadamente con personas no precisamente rurales, hicieran producir la tierra.

Aunque habitantes del campo, no pueden considerarse a todos los residentes que tuvo el batey población intrínsecamente rural, valga decir campesina, porque establecidos en esos asentamientos con el único propósito de ganar dinero produciendo caña para fabricar azúcar, mayoritariamente, los pobladores del batey fueron gente de ciudad, mejor o peor situados, o inmigrantes, europeos, norteamericanos y caribeños. Ellos fueron obreros agrícolas, operadores de grúas, pesadores, tractoristas, camioneros, carreteros, tenderos, cocineros, mecánicos, administradores, capataces, contables, colonos, etc.

Pero la mayoría de las comunidades rurales nacidas con la grúa cañera y el ramal de ferrocarril que les dio vida, uniéndolas con el central azucarero y proporcionándole la materia prima fresca, cosechada en el día, desaparecieron con el batey y con él una civilización que ha hecho desaparecer la agroindustria azucarera en Cuba.

Antes colonias cañeras, luego distritos y ahora Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), que fueran grandes suministradores de caña del otrora central Delicias, luego llamado Guiteras, Guabineyón, Santa Isabel, Ortiz y tantos otros, fueron ramales de ferrocarril y asentamientos de población rural, pero hoy son sitios abandonados, despoblados, a donde deben transportarse obreros cada mañana para cultivar los cañaverales, pero que ya, a las tres de la tarde, van en camino de sus casas con no pocas vicisitudes.

Al pasar por esos poblados muertos, uno intenta rememorar las madrugadas en ellos, pero, por mucho que uno lo intenta, no lo consigue. Y es que no se escucha el canto de los gallos ni se percibe el aroma del café carretero ni el olor de la caña recién cortada. Y no es que falte “disciplina” en la cosecha, lo que falta es vida en los campos de caña y en las personas que los cultivan. Así no se produce azúcar. En el próximo artículo exploraremos por qué.

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