Inicio Cuba Cuba: indicios de un plan gubernamental de exterminio masivo

Cuba: indicios de un plan gubernamental de exterminio masivo

LA HABANA, Cuba.- Durante seis décadas de dominio totalitario el gobierno castrista ha dado constantes muestras de odio y desprecio hacia el pueblo cubano. Ese odio se manifiesta de varias maneras, pero quizás la más dolorosa sean los sostenidos intentos de diezmar a la población.

Algunos de esos propósitos de exterminio masivo han sido más que evidentes, como los fusilamientos comenzados desde enero de 1959. Fusilamientos que primero fueron selectivos (contra antiguos miembros del ejército que en su mayoría no habían cometido crimen alguno) pero que pronto se volvieron masivos. Fidel Castro empleó el paredón del mismo modo en que fue empleada la guillotina durante la revolución francesa. Hizo fusilar incluso a partidarios de la revolución.

No obstante, los esfuerzos por exterminar a la población de la isla cárcel por lo general son más sutiles. Por ejemplo, hace al menos un par de lustros que a los ancianos con fractura de cadera ya no los operan de urgencia. En la actualidad se calcula que una de cada tres mujeres y uno de cada nueve hombres mayores de 80 años sufrirán una rotura de cadera en su vida. El consenso internacional es devolver la movilidad al paciente lo antes posible, pues la inmovilización prolongada puede agravar patologías previas u ocasionar complicaciones de origen infeccioso o respiratorio que en un individuo ya frágil pueden causar la muerte. En Cuba, en lugar de eso, los médicos dejan a los pacientes ingresados durante días o semanas –sin suministrarles antibióticos e incluso sin justificar las causas de la demora– hasta que estos mueren por las complicaciones mencionadas.

En Cuba las personas de la tercera edad somos particularmente vulnerables, pues existen otras tácticas que repercuten directa o indirectamente en la reducción de nuestra expectativa de vida. Por ejemplo, no están creados los mecanismos para proveer atención profesional eficaz y de calidad a personas que requieren cuidados especiales o internamiento temporal o permanente, como pacientes con Alzheimer y demencia senil, entre otros. Tampoco el Estado cubano se ocupa verdaderamente del bienestar general de los adultos mayores. Esto se hace evidente al comprobar las deplorables condiciones de los asilos y el abandono que sufren los ancianos que viven solos. A esto se le suma el cierre masivo de consultas especializadas con la justificación de la pandemia de COVID-19, muchas de ellas dedicadas a dolencias crónicas que desatendidas pueden llegar a ser mortales, como son las enfermedades circulatorias o renales.

Sin embargo, no somos los padres y abuelos el único blanco de la violencia silenciosa gubernamental. Una de las más recientes evidencias del desprecio que el régimen castrista siente por el pueblo es la manera en que han conducido el absurdo experimento para la creación de las vacunas cubanas. Para garantizar la participación masiva en el estudio clínico, el gobierno ha implementado una táctica macabra que consiste en la combinación a partes iguales de desinformación, propaganda y chantaje.

Por una parte, en los medios al servicio del régimen se refieren a las sustancias en prueba como “vacunas”, y a inyectar con ellas a las personas, “vacunación”. Las vagas alusiones iniciales a las etapas del ensayo clínico han quedado ya prácticamente en el olvido, a la vez que la manera oficial de referirse a la participación en el experimento lo hace parecer obligatorio. La coacción para sumar participantes se incrementa fuera de cámara: quienes no se dejen inyectar no reciben autorización para viajar entre provincias; quienes no dejen inyectar a sus hijos no podrán enviarlos a la escuela. El chantaje afecta incluso a la población penal, amenazada de no disfrutar de visitas ni pases.

En resumen, las maneras en que se manifiesta el desprecio gubernamental contra los cubanos son múltiples y variadas –desde el burocratismo hasta la represión, pasando por el chantaje político y el desabastecimiento–, pero quizás la más angustiosa sea el total desamparo en el ámbito de la salud. Las farmacias cubanas están vacías. Creyentes y ateos rezamos para no enfermarnos, porque todos sabemos que en tal caso nadie hará nada por nosotros. Ya ni siquiera se ingresa a las personas con COVID-19, sino que se les deja transitar la enfermedad como puedan, en sus casas.

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