Cuba y el caso Petrobrás: Dime con quién andas Cubanet

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Raúl Castro junto a Lula da Silva, durante una visita a Cuba de este último aún siendo presidente de Brasil (Getty)

MIAMI, Estados Unidos.- Mientras los medios nacionales de prensa defienden la arbitraria Asamblea Constituyente convocada por Maduro, se hacen eco de las acusaciones por corrupción al actual presidente brasileño Michel Temer y ofrecen manipuladas interpretaciones de la política de Donald Trump, no han hecho mención de la condena de nueve años y medio impuesta al expresidente de Brasil, Luiz Ignacio Lula da Silva, por su implicación en el caso Petrobras.

Tras el impeachment de Dilma Roussef, que el gobierno cubano tachó de “golpe de Estado”, se ha corrido un velo de silencio sobre los espinosos casos judiciales en que se hallan envueltos ambos representantes de la corrupta izquierda carioca. Sin embargo, a través de medios alternativos se ha conocido la noticia y más de uno la ha comentado, subrayando el hecho de que ese “amigo de Cuba” que fuera (¿es?) Lula da Silva, abusó de su cargo a cambio de un millón de dólares para remodelar su  departamento. Con eso basta, al parecer, para echar por la borda un proyecto falazmente declarado socialista.

Los cubanos, a pesar de estar absortos en su supervivencia, todavía pueden resolver una ecuación sencilla. El escándalo que acompañó la salida del poder de Cristina Fernández de Kirchner —cuya fortuna creció enormemente mientras duró su mandato—, el descalabro de los populistas brasileños y el rampante desprestigio de la revolución bolivariana, son indicadores de que la izquierda latinoamericana ha sido un fracaso total.

El experimento que es Cuba no puede extenderse del Bravo a la Patagonia solo porque así lo quiera Raúl Castro. En sociedades latinoamericanas donde ha existido siempre el pluripartidismo, la izquierda tuvo su oportunidad y la desperdició. El discurso oficial que se maneja desde la Isla culpa a la presión internacional y al aparato de inteligencia norteamericano. Si ello fuera cierto, no sería ninguna novedad para los cubanos que, durante más de cincuenta años, han escuchado que así actúan los Estados Unidos.

Sin embargo, es todo un descubrimiento saber que esos presidentes latinoamericanos, amigos de Cuba, roban más que los políticos de derecha, y andan metidos hasta el cuello en el narcotráfico. Es una novedad el que esos aliados no tengan un ápice de decencia, manipulen la constitución y actúen con hipocresía al vender la utopía del socialismo para agarrarse al poder y fundar una autocracia que les permita actuar con impunidad.

Los pueblos arrastrados a esa pesadilla han despertado para ponerle freno a un galimatías político que solo genera atraso y pobreza. No hay mejor ejemplo de ello que la propia Cuba, hoy menos admirada que nunca gracias a su implicación en las acciones represivas del gobierno de Nicolás Maduro contra los millones de venezolanos que se manifiestan en desacuerdo con su gestión presidencial.

Solo Cuba no despierta, a pocos meses de las elecciones generales que podrían representar un cambio sustancial y necesario. Si se considera el mero hecho de que presidentes como Lula, Maduro o Kirchner abusaron de sus privilegios a pesar de estar estrechamente vigilados por otros partidos, es inevitable preguntarse hasta qué punto habrá llegado la cúpula cubana que no conoce la resistencia, ni la presión de un segmento opositor.

Hoy la izquiera latinoamericana se desmorona. Aunque la prensa oficialista mantenga su protectorado mediático, se sabe que los “amigos, hermanos y aliados” son, en realidad, unos refinados delincuentes que han probado que el socialismo, en la práctica, no es honesto, ni igualitario, ni acorde con el progreso.