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De director de CUPET a viceministro: un ascenso exprés tras el incendio de Matanzas

LA HABANA, Cuba. – Finalmente, lo que todo el mundo sabía: no podrán identificar los cuerpos desaparecidos durante el incendio en Matanzas porque el fuego no dejó nada, apenas cerca de 800 fragmentos calcinados de lo que fue un grupo de jóvenes, algunos casi niños, enviados a la muerte.

Ha concluido el paripé de la búsqueda con otro retardado duelo nacional pero también con el ascenso exprés del director de Cuba Petróleo (CUPET) a viceministro de Energía y Minas, aun cuando ni siquiera se ha enfriado el escenario del más reciente siniestro y cuando seguimos sin saber a ciencia cierta lo que sucedió en el Hotel Saratoga, es decir, si la explosión fue por negligencia de Gaviota S.A., propietaria del edificio, o de la empresa encargada del abastecimiento de combustible que, asombrosamente, es la misma que ahora acaba de perder cuatro gigantescos tanques de almacenamiento en Matanzas, sin dudas por una gravísima falla en la seguridad de los depósitos.

No sé si me estaré volviendo demasiado suspicaz, después de conocer en tan corto tiempo de tan frecuentes muertes y destrucciones “repentinas” y “por accidente”, pero si con tantas cosas saliendo mal lo que llega para los responsables son premios y no castigos —o al menos una fuerte reprimenda—, entonces todo comienza a oler demasiado feo.

Si de la explosión del Hotel Saratoga al menos mostraron un video chapuceramente editado —por demás tomado desde la cámara de seguridad de una estación policial—, del rayo que impactó el tanque donde se inició el incendio en la Base de Supertanqueros de Matanzas no hemos visto ni el más mínimo destello, aun cuando no faltan las cámaras de vigilancia apuntando hacia esa zona del puerto, de altísimo interés económico. 

Es más, las explicaciones detalladas sobre por qué fue un rayo la causa del incendio y no “otra cosa”, nos han llegado no desde la prensa oficial sino por medio de publicaciones dispersas en redes sociales de personas que dicen ser “expertos” pero que en realidad no han visitado la zona del siniestro para corroborar sus apresuradas certezas.

Pero estos “expertos” que han salido de motu proprio a frenar los comentarios que apuntan a una evidente falla en la seguridad del lugar y hasta en el diseño de la instalación, no se han detenido a ofrecer una respuesta convincente sobre las evidentes diferencias que se aprecian, según la foto satelital de Google Maps anterior al incendio, entre la estructura del domo del tanque 52 y los demás siete tanques de esa misma batería. 

Es una diferencia tan evidente, tan rara en este asunto “raro”, que no me explico por qué los medios la han pasado por alto o se han conformado con la ausencia de una “respuesta oficial”. 

Aunque algún que otro comentario dejado por ahí por otros “expertos” no le dan importancia a tales detalles, en tanto sugieren ser las claraboyas o respiraderos típicos de estos grandes depósitos, la ausencia en los restantes no deja de llamar la atención, más cuando los medios de propaganda del régimen han preferido no esclarecer el asunto, ni siquiera para tacharlo de “sensacionalista” o de fake news, probablemente porque no es de su interés que las personas desvíen su atención hacia algo que podría terminar arrojando más dudas sobre lo “accidental” de lo ocurrido, incluidas las muertes de los chicos del Servicio Militar que jamás debieron estar ahí, en un incendio que los bomberos “expertos” no podían sofocar.

La mayoría de los muertos en el lugar son muchachos inexpertos, provenientes de unidades de bomberos distantes, no vinculadas a la Base de Supertanqueros, y que por supuesto ni siquiera estaban entrenados para ese tipo de incendios. Entonces, ¿por qué fueron esos chicos los enviados a la primera línea? ¿Por qué no los dejaron en la retaguardia, como grupo de apoyo que eran?  

No me queda otro remedio que pensar lo peor, lo más sórdido, sobre todo a la luz de esos rápidos llamamientos —lo mismo en publicaciones de OnCuba firmadas por “incondicionales” que en el Congreso, en Washington— de poner fin al embargo, debido a la “situación excepcional” que vivía el país por causa del incendio. Blanco por fuera y amarillo por dentro…

Pero lo único corroborado en todo este turbio asunto es que de las personas más cercanas al tanque 51 y 52 hoy quedan muy pocas sobrevivientes. Y sabremos con el tiempo cuántas de estas sobrevivirán al trauma vivido en el lugar. 

Esa pobre gente inocente que sí pudo ver con sus ojos lo que pasaba, así como dar testimonio posterior de la tozudez de una innecesaria “orden de combate”, fue convertida en 754 pequeños fragmentos no identificables.

Ha habido por estos días de “reveses convertidos en victorias” —de acuerdo con el triunfalismo del discurso oficialista— demasiados premios, medallas, auto-alabanzas aun cuando, en medio de tanto luto, apagones y hambre no hay nada que celebrar, a no ser que el incendio “casual” haya sido todo un “éxito” del cual aún no nos enteramos.

Porque habiendo comenzado por simple descuido o por abandono sistemático, porque el sistema de seguridad no aguantó un rayo, aun en una zona donde abundan las tormentas, tantas muertes y pérdidas económicas deben tener un responsable directo o “colateral” (que, asociada al castigo, es una de las palabras preferidas por el régimen cuando necesita deshacerse de algún funcionario honrado aunque molesto). 

Pero para sorpresa de todos, la persona que más pudiera decir sobre si hubo abandono o no de la seguridad, o si se informó a las autoridades del país en algún momento sobre la posibilidad del siniestro en Matanzas y en el Hotel Saratoga, ha sido convertido de director a viceministro; no importa si la empresa que ha dejado atrás es una verdadera bomba de tiempo. 

Una bomba no solo por los fuegos y muertes que hemos visto con horror en los últimos meses sino, además, por la altísima corrupción que, debido a la escasez, todos sabemos existe en el negocio de distribución y venta mayorista y minorista de los combustibles, un tema que atañe directamente a CUPET y que por tanto brinda muchísima tela por donde cortar y que, aunque parezca no guardar relación, pudiera arrojar luces sobre estas cosas “extrañas” que parecen suceder por “accidente”.  

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