El peor de los torneos Capablanca Cubanet

Vassily Ivanchuk, Gran Maestro ucraniano que participa en el Capablanca (PL)

LA HABANA, Cuba.- En los últimos tiempos han sido frecuentes las interferencias de los dirigentes del deporte cubano en los contratos que los atletas de la isla firman con clubes extranjeros. Incluso podríamos decir más: el oficialista Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) no acepta un contrato que no haya contado con su mediación. Si eso sucede, es muy probable que declaren que ese deportista “ha causado baja del deporte revolucionario”.

Semejante tutelaje por parte de las autoridades deportivas, que semeja la actuación de las agencias empleadoras estatales en el contexto de la inversión extranjera, ha llevado a algunos atletas a abandonar los equipos nacionales. El caso más reciente fue el del triplista Perro Pablo Pichardo, el que prefirió ir a competir con un club atlético portugués.

Ahora la situación ha trascendido en el ámbito ajedrecístico, nada más y nada menos que al momento de iniciarse una nueva edición del torneo internacional Capablanca in Memoriam, que cada año organiza la Federación Cubana del juego ciencia.

Los jerarcas del ajedrez cubano informaron que los tres mejores jugadores del país estarían ausentes de esa lid, y solo uno de ellos, Lázaro Bruzón, justificaba su no presencia debido a que le coincidía con otro torneo clasificatorio para la copa mundial de ese deporte.

Sin embargo, las ausencias de Leinier Domínguez  y Yunieski Quesada han despertado todo tipo de suspicacias. El primero solicitó una licencia para ausentarse del Torneo Capablanca y de cualquier evento en representación de Cuba por un tiempo indefinido. Quesada, por su parte, solicitó una “baja voluntaria”, y en consecuencia se estudia su separación definitiva del equipo nacional.

Fuentes cercanas a la Federación Cubana de Ajedrez, que por supuesto pidieron el anonimato, nos comentaron que tanto uno como el otro no están conformes con la actuación de los mandamases de la referida Federación, quienes en ocasiones les retienen parte del dinero que ellos ganan en eventos internacionales.

Al desinterés que causa la celebración de un torneo internacional sin la participación de nuestros mejores ajedrecistas se añade el hecho de que, por segundo año consecutivo, los organizadores decidieron llevar el Capablanca para Varadero, una zona turística exclusivista y de difícil acceso para el cubano de a pie. Al parecer, los jerarcas de la Federación Cubana de Ajedrez están más interesados en disfrutar de las bondades de la playa azul, que en propiciar la asistencia de los aficionados para presenciar las partidas.

Los aficionados que peinan canas añoran el ambiente ajedrecístico que se vivió en la isla en la década de los años 60, cuando a los primeros torneos Capablaca in Memoriam vino lo mejor de la élite mundial del juego ciencia, y cuando Cuba fue sede de la Olimpiada Mundial de Ajedrez en 1966. También extrañan las óptimas condiciones que se habilitaban en el Salón de Embajadores del hotel Habana Libre —en aquellos tiempos aún no había apartheid turístico—, con un local  reservado para tableros murales, donde el público podía seguir las partidas y analizarlas.

Es cierto que ahora Cuba cuenta con más jugadores con títulos internacionales, pero ello responde a la estrategia oficial de utilizar el deporte como estandarte de la supuesta superioridad del sistema político. Mas, en la base, el ajedrez también ha visto pasar sus mejores momentos.

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